María Álvarez repasa en el Aula de Cultura el papel de la mujer en el Medievo

La profesora de Historia María Álvarez Fernández. / LVA
La profesora de Historia María Álvarez Fernández. / LVA

La conferencia comenzará a las siete y media de la tarde de hoy jueves en el Centro de Servicios Universitarios, con acceso libre

J. F. G. AVILÉS.

Profesora de Historia Medieval en la Universidad de Oviedo y directora de Extensión Universitaria, María Álvarez Fernández disertará esta tarde en el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS sobre el papel que desempeñaba la mujer en la Asturias de la Alta Edad Media. Bajo el título 'Vivir en la ciudad medieval: retratos de mujer', el acto comenzará a las siete y media de la tarde en el Centro de Servicios Universitarios, con acceso libre y presentado por Mercedes de Soignie, responsable del Aula de Cultura.

La ponente centrará su intervención en el periodo comprendido entre los siglos XII y XV. En aquellos tiempos «la mujer no accedía a la jerarquía eclesiástica ni a cargos administrativos, y tenía oficios específicos». Entre ellos destaca «la elaboración del pan en todas sus fases, excepto aquellas que se consideraban peligrosas, como hornear; y todo lo que tiene que ver con el textil. También había trabajos que el hombre y la mujer podían desarrollar juntos, pero solo se le retribuía a él. Además el fraude siempre se le vinculaba a ella para subrayar ese perfil de malvada. En el ámbito social la desigualad era evidente. La violencia doméstica estaba permitida».

Pocas fueron las mujeres que escaparon de ese rol. Una de ellas fue Velasquita Giráldez, «una burguesa muy adinerada, posiblemente de origen franco. Amasó una fortuna considerable y en 1232 la donó a la fundación de la cofradía de los sastres. Por eso la Balesquida tiene unas tijeras en una de sus ventanas», explica María Álvarez.

Otras de las mujeres que rompieron los moldes de la época fueron Doña Loba y María González. La primera «quedó viuda, y al parecer su marido había adquirido importantes deudas con el concejo de Oviedo que ella no reconocía. Consiguió llegar a la justicia regia, a la corte, algo extraordinario para un mujer, y el proceso judicial quedó en tablas. Solo tuvo que pagar lo que hoy llamaríamos las costas».

María González era «una mercader de aceite conocida como La Pimienta que amasó un gran patrimonio inmobiliario, cosa que tampoco era nada habitual. Tenía casas en las calles más ricas de Oviedo. Son tres casos absolutamente excepcionales», concluye María Álvarez.