Nueve meses de cárcel por pegar al perro de su vecino en Avilés

El vecino condenado./M.A.
El vecino condenado. / M.A.

V. F. G., al que las cámaras de vigilancia grabaron azotando su bastón, tampoco podrá tener relación profesional o de otro tipo con animales durante un año y medio

C. R. AVILÉS.

El vecino de Valliniello acusado de maltrato animal por pegar a un perro atado a una higuera en Valliniello el 3 de septiembre de 2017 ha sido condenado a nueve meses de cárcel y se le ha prohibido mantener cualquier relación, profesional o no, con animales durante año y medio. Además, tendrá que pagar las costas e indemnizar al dueño del perro con los setenta euros de la consulta veterinaria, los 18,56 que costó la extracción de imágenes de la cámara de vigilancia y 150 euros por daño moral, además de las costas. Contra la sentencia cabe recurso.

El fallo dictado por el Juzgado de lo Penal Número 1 confirma así la acusación tanto de la Fiscalía como del dueño del perro, que puso el caso en manos de la abogada Lía Lemos Manso. Lo sucedido no parece haber revestido ninguna duda para la magistrada, habida cuenta del soporte documental del caso. Aparte de la grabación de la cámara, se contaba con una serie de imágenes que pusieron de manifiesto la contradicción entre la declaración de V. F. G. y lo ocurrido. Este afirmó que transitaba por un camino público cuando el perro, atado a un árbol con una correa extensible, se le acercó ladrando y él, asustado, levantó los brazos, en uno de los cuales llevaba un bastón. Aseguró varias veces que fue el único gesto realizado. Es más, a pregunta expresa del fiscal, negó haberse acercado al árbol y haber agitado su bastón una y otra vez en gesto descendente y ascendente contra este o contra el aire.

Sus palabras quedaron desmentidas con la grabación de las cámaras de la finca. En las mismas no se veía al perro, pero sí al acusado acercarse al árbol y levantar y dejar caer su bastón una y otra vez . Concretamente, durante cinco minutos.

En el juicio celebrado la semana pasada, el denunciante explicó que su perro parecía tenerle «manía» al vecino sentado en el banquillo de los acusados, el único al que, al parecer, ladraba. Esta actitud del animal y las veces que este vecino en cuestión abría la portilla de su finca, con el peligro de que el perro pudiera escaparse y provocar algún peligro, le llevó a instalar las cámaras y a atar al perro con una correa larga para que tuviera libertad de movimientos. Mantenerlo atado lo obligaba, además, a acudir diariamente a la finca para soltarlo y permitirle un poco de esparcimiento.

El dueño del perro aseguró que apreció cierta cojera del animal al día siguiente, pero que no fue hasta cinco días después cuando llamaron a su veterinario de confianza. Estos cinco días sirvieron a la defensa del acusado para poner en duda que el perro hubiera estado tan enfermo, incluso que hubiera sido golpeado. «No vemos la agresión al perro en los términos que se indican», dijo el abogado de la defensa. También trató de sembrar incertidumbre sobre la fecha en la que se habían tomado las fotografías aportadas a la causa.

Muy al contrario, el fiscal aseveró que «lo que está a la vista no necesita explicación (...). No solo le arrea, sino que se ensaña reiteradamente».