«Ahora se pensará más lo de coger el coche después de haber bebido»

Vicente Magro Servet./MARIETA
Vicente Magro Servet. / MARIETA

Defiende en Avilés la recién aprobada reforma del Código Penal que endurece las penas por imprudencias al volante Vicente Magro Servet. Magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo

C. DEL RÍO

Vicente Magro Servet, magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, explicó ayer en Avilés la novedades que incorporará el Código Penal para castigar las imprudencias al volante. Fue la ponencia estrella de la jornada sobre Derecho Penal, organizada por el Colegio de Abogados de Oviedo, en el Centro de Servicios Universitarios.

-¿Por qué se reformó el Código Penal en 2015 y por qué se ha vuelto a cambiar ahora?

-La reforma de 2015 no ha tenido el resultado esperado. Fue un error. Se despenalizaron el 80% de los accidentes de tráfico y se derivaron a la vía civil. Las víctimas se han quedado sin el informe de un médico forense del juzgado de instrucción, que era gratuito, y los perjudicados ahora tienen que irse a un abogado y luego contratar a un médico especialista en daño corporal, que les cobra un informe. Por lo tanto, a las víctimas de tráfico les está costando dinero y no tienen la rapidez que comportaba que un juez de instrucción citara a un médico forense y tramitara sus diligencias.

-¿Sale barato cometer una imprudencia al volante?

-No es que salga barato. El problema es que se ralentizaba mucho en el tiempo la forma de saber el alcance lesional y al perjudicado le costaba dinero probar su lesión real. Además, cuando las compañías de seguro contaban con un informe objetivo de un médico forense podían hacer automática una oferta de dinero ajustada a la realidad del accidente sufrido. Al desaparecer el forense, las compañías no sabían a ciencia cierta cuál era la lesión. Eso ha retrasado mucho las indemnizaciones y provocado que muchos perjudicados no estuvieran cobrando sus indemnizaciones, por tanto yo creo que es una reforma muy adecuada.

-Aparte, las penas son más duras.

-Sí, esa es la otra parte de la reforma: un incremento del nivel de pena en el caso de los atropellos a ciclistas y a peatones. Pueden llegar hasta los nueve años de prisión.

-¿Había clamor social?

-Claro. La muerte por accidente de tráfico es lo peor que le puede ocurrir a una familia. Están premuriendo hijos a padres. Es algo antinatura y con un reproche penal bajo, con una pena de uno a cuatro años. Ahora se ha ajustado más a un daño que es muy grande porque alguien coge un coche bajo los efectos del alcohol y de las drogas y mata a una o varias personas.

-Aún se escucha eso de que 'le puede pasar a cualquiera'. ¿Todavía hay una tolerancia social?

-No, no, eso no es cierto. Yo, por ejemplo, no bebo. Pero si bebiera, lo tengo fácil porque no conduciría. Ese es el problema, que hay una gran parte de la sociedad que no comprende el mensaje.

-¿Se busca, a veces, en los tribunales una revancha más que un resarcimiento?

-No, porque nunca se va a recuperar a esa persona. Sí es cierto que la respuesta penal tiene que ser proporcional a la gravedad del hecho causado. Pasaba mucho, por ejemplo, con los crímenes de género. Pues esto es lo mismo: la penalidad era baja. La respuesta penal es ahora de cuatro a nueve años de prisión. Espero que la gente se conciencie de una vez de que eso le puede pasar a un hijo suyo. Tendría que haber una mayor percepción social y mayor solidaridad con la ciudadanía y no tanto por la pena que se ponga.

-¿Ayudará a mejorar las cifras de siniestralidad en la carretera?

-Eso esperamos todos. Es un reproche penal muy alto. Hay que tener en cuenta que el homicidio doloso está penado con diez años y este homicidio imprudente puede llegar a los nueve de prisión. Puede ser que cuando se vean las primeras condenas, la gente se lo piense más a la hora de coger el coche. Por eso es importante no solo aprobar esta reforma, sino publicitarla. Porque si queremos que haya un efecto de prevención importante, se tienen que explicar los efectos de esta reforma y eso es obligación de todos.