El perdón del Martes Santo

La procesión sube por la calle de LA fruta hacia la plaza de España. / FOTOS: MARIETA
La procesión sube por la calle de LA fruta hacia la plaza de España. / FOTOS: MARIETA

No hubo lágrimas ni gotas y la procesión que representa las tres negaciones de San Pedro recorrió el centro de Avilés

J. F. GALÁN AVILÉS.

Cuenta la tradición que si el Martes Santo llueve no serán gotas de agua lo que cae del cielo, sino las lágrimas de San Pedro. Ayer no cayeron ni unas ni otras, y al contrario que la víspera, cuando el tiempo obligó a suspender la procesión. Ayer pudo salir y completar el recorrido. Era la de San Pedro, la representación de un conocido episodio bíblico, el de las tres negaciones.

Ataviados con túnica blanca, capuchón de raso rojo y cíngulo de esparto, los cofrades de la Cofradía del Santísimo Cristo de Rivero portaban los Pasos de San Pedro y Jesús Atado a la Columna y Azotado. La procesión, un centenar de cofrades con predominio de mujeres y niños y banda de tambores y timbales, partió a las ocho y media de la tarde desde la capilla del Santísimo Cristo de Rivero. Público mucho, especialmente a su paso por la plaza de España. Había curiosos y fieles, como una mujer que, con un cirio en la mano, acude cada año. «Hice una ofrenda, y mi hija ha superado el cáncer».

Al frente marchaba una cruz guía que refleja las imágenes del Azotado y de San Pedro, pintada a mano por Samuel Armas y coronada por un inri de plata, seguida por el denominado paso infantil. Llevado por niños, representa la columna del tormento y las dos llaves del santo, la de los cielos y la de la tierra.

A continuación, sobre tronos engalanados con flores rojas y blancas y faldones de terciopelo nuevos, marchaban los pasos de San Pedro y el Cristo Atado a la Columna. Ambos estrenaban potencia (corona). El santo aparece en actitud suplicante, de perdón y arrepentimiento, con las llaves, su símbolo, pendiendo de su cintura y junto a un gallo. Es una alegoría del conocido episodio bíblico en el que Jesús, tras la Última Cena, le dijo a San Pedro: «En verdad te digo que esta misma noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces», como así fue. La segunda imagen, la de Cristo Atado a la Columna mientras es azotado por un sayón mientras otro le prende con una cuerda, escenifica el episodio del segundo misterio doloroso, la Flagelación.

Tras abandonar la capilla de Rivero y cruzar la plaza de España la procesión continuó por la Ferrería, San Bernardo, La Fruta, de nuevo plaza de España, San Francisco y Álvarez Acebal. Una vez allí Constantino Bada, párroco de Trasona, leyó el sermón.

Licenciado en Filología francesa e inglesa, biblista, experto en Tierra Santa y en Arqueología Bíblica, centró su discurso en San Pedro. «Fue un traidor, como Judas, con la diferencia de que se arrepintió. Quería llegar a la Resurrección sin pasar por la Cruz, pero cuando cantó el gallo lloró al Señor y fue valiente al recibir el perdón», dijo durante su intervención. No faltó referencia al incendio de Notre Dame, «símbolo de la Fe y de la cultura europea. Esta gran desgracia va a hacer que los europeos nos unamos en un sentimiento común».

De regreso hacia la capilla de Rivero el orden se invirtió. El paso de San Pedro marchaba detrás del de Jesús, simbolizando así que, tras negar en tres ocasiones, por miedo, que le conocía, San Pedro llora tras él. Recibió el perdón tras la Resurrección, cuando Cristo se manifestó ante sus discípulos a orillas del lago Tiberiades. «¿Pedro me amas?, ¿Pedro me amas?, ¿Pedro me quieres?», rememoró Bada. «Pedro entendió. Moriría crucificado boca abajo, y fue enterrado en la colina vaticana, sobre la que se construyó la Iglesia». Fue el primer Papa.

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