El perito de la defensa de Grueso pone de relieve errores contables y de auditoría «incomprensibles» en el Niemeyer

El perito de la defensa de Grueso pone de relieve errores contables y de auditoría «incomprensibles» en el Niemeyer

La comparecencia de Enrique Rúa ha sido la única de la sesión celebrada hoy. Su declaración continuará mañana

CRISTINA DEL RÍO

Enrique Rúa Alonso de Corrales, profesor de Contabilidad en la Universidad San Pablo CEU de Madrid y máster en auditoría, ha afirmado hoy que la Fundación Centro Niemeyer adoleció de una «estructura administrativa» que habría evitado unos errores contables y de auditoría «incomprensibles» pero que, en su opinión como perito, no responden a un intento de falsear las cuentas porque todas las facturas que obran en su poder «son reales y los gastos se produjeron».

El experto propuesto por la defensa del acusado Natalio Grueso en el juicio que se sigue en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial ha sido el único en declarar hoy en la vista oral, después de que durante una hora respondiera a las cuestiones planteadas por el letrado que lo propuso, Fernando Burgos, y durante a otra hora al Ministerio Fiscal. De hecho, mañana continuará el interrogatorio puesto que algunas partes no han tenido tiempo.

Sus más de tres horas y medias de declaración han remarcado que la contabilidad se hizo mal y las auditorías tampoco lo detectaron, sin embargo no ha entrado a analizar la «adecuación de los gastos», por ejemplo si determinados viajes eran necesarios para el fin.

Sí ha explicado que una fundación es un entidad no lucrativa que no tiene que tener beneficios porque su objetivo es un fin social. En este sentido, sí ha considerado que el Protectorado debe «velar por estas entidades que no tienen dueño» después de haber dibujado un panorama de absoluto descontrol y falta de profesionalidad en la elaboración de la contabilidad.

Ha corregido, además términos poco adecuados que el perito judicial utilizó en su informe como 'deslizamientos de gastos'. En su opinión, esa práctica de «diferir el pago» no pretende «deslizar gastos o tratar de ocultar» sino retrasar unos abonos por las tensiones de tesorería que acaban ocurriendo prácticamente siempre en una fundación, tal como se ha desprendido de su declaración, dado que dependen de ayudas públicas que no siempre llegan a tiempo.