La difusión de fotos íntimas de menores, un problema en aumento

La Comisaría de la Policía Nacional, en la calle Río San Martín, donde se han recibido e investigado las denuncias. / MARIETA
La Comisaría de la Policía Nacional, en la calle Río San Martín, donde se han recibido e investigado las denuncias. / MARIETA

La Policía mantiene abierta la investigación por la distribución de fotos de menores desnudas en Avilés

RUTH ARIAS / CRISTINA DEL RÍO AVILÉS.

La Policía Nacional ultima la investigación de la distribución de las fotos íntimas de 55 adolescentes avilesinas (hay también alguna de otros puntos de Asturias) que esta semana ha sacudido la comunidad escolar. Con las declaraciones prácticamente cerradas y los jóvenes responsables del almacenamiento y distribución de los 'pack' (así se denomina entre la juventud este tipo de material) identificados, el informe está en la recta final de cara a ser enviado a la Fiscalía de Menores, que será el órgano que decidirá si existe o no delito y tratará de llegar a un acuerdo entre las partes. Al menos, es su forma de actuar en este tipo de casos. No se espera tampoco ninguna denuncia más, toda vez que este caso ha tenido el mayor de los ecos posibles. A falta de confirmación oficial, se habrían formalizado alrededor de la decena.

En un principio, la policía centró su investigación en dos jóvenes que habrían sido los 'ideólogos' de recopilar las fotografías íntimas enviadas por las propias adolescentes en un sistema de clasificación por carpetas que una vez enviado 'voló' entre los móviles de jóvenes y adolescentes avilesinos. La primera denuncia se presentó el viernes de la pasada semana y desde entonces se fueron sucediendo a lo largo de toda esta semana.

El asunto ha estado en boca de todo el mundo no solo por la falta de concienciación sobre el alcance que puede tener algo que se comparte en una red social o una aplicación, sino también por el tema que subyace y es saber qué lleva a adolescentes de entre trece y diecisiete años a enviar sus fotos ligeras de ropa o con poses eróticas a terceros.

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El Código Penal español ha tenido que irse reformando progresivamente a medida que van apareciendo nuevos tipos de delitos, muchos de ellos relacionados con las nuevas tecnologías. En este sentido, la Fiscalía del Principado considera «positiva» la agravación de la pena en los casos en los que la intimidad de las personas es violada por el uso no autorizado de sus datos e información personal. En 2015 se tipificó por primera vez «la conducta del que, sin autorización de la persona afectada, difunda, revele o ceda a terceros imágenes o grabaciones audiovisuales de aquélla que hubiera obtenido con su anuencia en un domicilio o en cualquier otro lugar fuera del alcance de la mirada de terceros, cuando su divulgación menoscabe gravemente la intimidad personal de la misma», con agravantes si quien difunde ese contenido es la pareja o expareja, la víctima es menor o hay una finalidad lucrativa.

Desde entonces, los fiscales asturianos ya han tenido que vérselas varias veces con este tipo de delitos. En la última memoria del organismo constan un total de dieciocho casos de revelación de secretos íntimos, una cifra idéntica a la del año anterior. Se refieren, además, tres denuncias por 'sextorsión', es decir, chantaje en el que se amenaza con distribuir contenido comprometido.

El envío de imágenes de contenido erótico a través del móvil es cada vez más frecuente, incluso entre los adolescentes, de ahí que en caso que ha salido a la luz estos días en Avilés el número de menores afectadas sea tan elevado y alcance las 55. Las jóvenes envían las imágenes a sus parejas, ligues o amigos, pero pierden pronto el control de las mismas y las fotos acabaron organizadas en carpetas y distribuidas de forma masiva a través de un enlace. El caso es de gran dimensión, pero un solo envío ya hubiera podido ser considerado delito.

Muchos casos, no es este, no se denuncian, pero lo cierto es que cada vez es más frecuente ver este tipo de delitos en los juzgados. En la memoria de la Fiscalía se recogen algunos de los casos más sonados relacionados con el acoso y la obtención de imágenes íntimas a través de redes sociales y aplicaciones móviles. Chantajes, extorsiones, engaños... todo ello cada vez más a la orden del día, porque el sexo aparece ya íntimamente ligado al teléfono móvil.

El año pasado, sin ir más lejos, un entrenador de fútbol avilesino fue condenado a una multa por un delito de provocación sexual después de que reconociese haber enviado por WhatsApp un vídeo pornográfico a uno de sus pupilos, de catorce años de edad. Mientras tanto, en Langreo se condenó a un acusado de un delito de corrupción de menores, por hacerse pasar por una chica de 17 años en una red social y contactar con un adolescente, del que consiguió que le enviase fotografías y vídeos de contenido sexual.

En este mismo concejo se registró otro caso de un hombre, titular de tres perfiles de una red social desde los que había colgado siete archivos con fotografías de menores de edad desnudas, con poses sexuales explícitas, que fueron remitidos a otro usuario mexicano de la misma red. El juzgado autorizó la entrada y registro en el domicilio del investigado en intervino su teléfono móvil, donde se hallaron, entre otras, fotografías de menores de edad desnudas. Uno de estos archivos fue compartido por el investigado con al menos otro usuario a través de una aplicación de mensajería.

El envío de fotografías se ha convertido ya en un elemento más del juego erótico, ignorándose los riesgos que esto supone y desoyendo los consejos de organismos que van desde la Policía Nacional al Instituto Asturiano de la Mujer, que recomiendan, entre otras cosas, que no se muestre el rostro ni tatuajes u otras características físicas que permitan la identificación de la persona, ni tampoco mobiliario u objetos personales, además de denunciar cuando se tiene conciencia de que la imagen ha salido del ámbito personal dentro del que fue enviada.