«El potencial arqueológico de la costa es inmenso», dice Nicolás Alonso

Nicolás Alonso, durante su ponencia. / OMAR ANTUÑA
Nicolás Alonso, durante su ponencia. / OMAR ANTUÑA

El codirector del Espacio Cultural Portus reflexiona sobre el desarrollo de la arqueología de costa en el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS

FERNANDO DEL BUSTOAVILÉS.

El Aula de Cultura de LA VOZ de AVILÉS, coordinada por Mercedes de Soignie, permitió ayer descubrir a sus asistentes el gran potencial de la arqueología de costa gracias a la intervención del historiador Nicolás de Alonso, codirector junto con Cristina Heredia del espacio cultural Portus, de la Autoridad Portuaria de Avilés.

Su intervención se centró en la presentación de la arqueología de costa. Es el estudio de la franja intermareal, la definida por la pleamar y la baja mar, y su área de influencia. «En Asturias estamos en una fase inicial, pero en otras partes de Europa se encuentran más avanzadas, especialmente en todo el Arco Atlántico», aseguró.

Los análisis de los arqueólogos beben de tres grandes fuentes: los restos arquitectónicos, tanto portuarios como de otro tipo de construcciones vinculadas a la mar; el patrimonio inmaterial también denominado paisaje del mar, (toponimia, tradiciones, música) y los archivos que permiten documentar.

Esta rama de conocimiento tiene un gran potencial en Asturias, ya que es la «segunda región no insular de España con más kilómetros de costa». «Desde la ría del Eo a Tina Mayor existe una gran trinchera arqueológica para investigar» explicó.

Los primeros pasos ya se dan con intervenciones como el Inventario de Artillería Histórica de Costa o las propias investigaciones que Alonso realiza sobre Bañugues. Su localidad de origen fue el punto ejemplificado para demostrar el potencial de la arqueología de costa.

Alonso aludió a las investigaciones pioneras de Manuel Mallo, en 1962) y las campañas de Juana Bellón (1977) para explicar los trabajos previos, si bien su metodología era diferente a la actual.

En el caso de Bañugues, sus primeras campañas comenzaron en 2006 en Tras la Iglesia, para continuar tres años después con estudios con georradar con la colaboración de la Universidad de Frankfurt y, en 2014 realizar la primera campaña arqueológica que provocó, al año siguiente, la construcción de una escollera para proteger los restos encontrados.

Todo este trabajo permitió confirmar la existencia de un asentamiento romano, gracias a un muro del siglo I-II datado con Carbono-14 y, confirmando, de esta manera, la presencia de un asentamiento humano de manera ininterrumpida. «Bañugues es el gran laboratorio arqueológico, con población desde la prehistoria a la actualidad», afirmó, subrayando la necesidad de preservar «la riqueza de todos los yacimientos existentes en la costa».

«Perdemos terraza natural»

Pero las diferentes etapas también permite comprobar otra información. «En los últimos veinticinco años se han perdido entre dos tres metros de la terraza natural por el avance del mar», apuntó. La comparación de las fotografías aéreas realizadas por los ejércitos del Aire de Estados Unidos (USAF) y el Reino Unido (RAF) en 1946 con las fotografías de satélite de Google Earth también reflejan el avance de la erosión.

El ejemplo práctico facilitó que los asistentes preguntansen a Nicolás de Alonso. Así, recordó la riqueza arqueológica de Molín del Puerto, «pendiente por trabajar», y y también aclaró las dudas sobre la ubicación del castillo de San Juan de Nieva o de Avilés. «Se encontraba en los terrenos que actualmente ocupa el faro de Avilés. Se derribó a mediados del siglo XIX, cuando ya llevaba mucho tiempo en mal estado, abandonado y era necesario una señalización de la entrada», aseguró.

Su alusión a la gran cantidad de pecios en las inmediaciones del Cabo Peñas («un gran cementerio marino») provocó una pregunta sobre su uso como fosa común durante la Guerra Civil.

«Sí, también fue una fosa común; en la costa tenemos localizadas varias, desde Verdicio a Bañugues», apuntó sobre un tema siempre doloroso y que, por su complejidad, soslayó. Y no faltó una reflexión sobre los vertidos de Ensidesa en Cabo Negro. «Alteraron la costa, pero también son parte del patrimonio. No existe patrimonio de primera y de segunda categoría», concluyó.