Prohíben el uso de un piso a su dueña porque en él se ejercía la prostitución

Edificio en el que se denunció una actividad de prostitución. /  P. B.
Edificio en el que se denunció una actividad de prostitución. / P. B.

Tanto la propietaria como la inquilina deberán indemnizar con 18.000 euros a la comunidad denunciante por las molestias causadas

C. R. AVILÉS.

El Juzgado de Primera Instancia Número 2 de Avilés ha condenado a la propietaria y a la inquilina de un piso en la calle de La Cámara en el que se ejercía la prostitución a indemnizar con 18.000 euros a la comunidad de propietarios que durante más de dos años ha sufrido las consecuencias de una actividad «molesta» e incompatible con la Ley de Propiedad Horizontal. Además, se ordena el cese inmediato de la misma y se priva del derecho de uso de la vivienda durante dos años a la propietaria.

El juez estima así la demanda de los vecinos del número 56 de la calle de La Cámara, que el pasado mes de enero llevaron el caso a la justicia tras numerosos incidentes con los ocupantes y visitantes de uno de los pisos del inmueble. Aseguraban que «personas extrañas a la comunidad (varias mujeres y un hombre) disponen de llaves del portal y entran y salen a cualquier hora del día y de la noche», provocando un «trasiego constante». Los vecinos recibían llamadas desde el telefonillo del portal «a cualquier hora del día o de la noche, incluso entre las dos y las cinco de la madrugada» para que se les facilite el acceso o preguntando «dónde es que pueden pasar un rato con chicas».

En una ocasión, uno de esos extraños llegó a entrar en la vivienda de un vecino por equivocación y, en otra, uno de los ocupantes del piso en el que se ejercía la prostitución se enfrentó con uno de los propietarios del inmueble. A varios vecinos les preguntaron, además, dónde se vendía droga y era habitual escuchar peleas en el interior del piso, caídas de objetos, discusiones, gritos o «encontrarse en los rellanos o en el portal con personas inquietantes por su estado ebrio o aspecto físico».

Para el juez no solo los testimonios de los vecinos durante el juicio resultaron absolutamente creíbles, sino que encontró apoyo en el informe pericial. En el mismo, la policía reprodujo una conversación con una mujer que había en la casa que reconoció abiertamente que ejercía la prostitución a cambio de pagar una pequeña cantidad a la arrendataria. Los agentes observaron objetos como toallitas higiénicas húmedas y restos de envases de preservativos en la papelera de la habitación. En las otras dos con las que cuenta el domicilio no se observaron pertenencias personales y sí «juegos de toallas plegadas sobre las camas».