«Con el puerto no se juega», advierte la alcaldesa sobre la reunión con el ministerio

«Con el puerto no se juega», advierte la alcaldesa sobre la reunión con el ministerio
Imagen de archivo de trabajos de dragado en la ría de Avilés. / MARIETA

Monteserín recalca que la obligación de aportar arena a Salinas en cada dragado «pondría en peligro su viabilidad»

J. F. GALÁN AVILÉS.

«Lo que le piden al puerto es imposible. Pone en peligro su viabilidad, y con el puerto no se juega. Es una pieza clave en la economía local». La alcaldesa, Mariví Monteserín, expresaba así su rechazo a la decisión del gobierno de Pedro Sánchez que obliga a la Autoridad Portuaria a verter a la playa de Salinas tanta arena como extraiga de los dragados que de forma periódica realiza en el canal de acceso a la ría. La responsabilidad de regenerarla, añadió, «corresponde a Costas», organismo integrado en el Ministerio para la Transición Ecológica, el antiguo Ministerio de Medio Ambiente. «Es competencia suya, y por tanto es quien ha de ejercerla. No puede pretender trasladársela al puerto. Sería desproporcionado y lesivo para su competitividad», recalcó.

Las declaraciones de la alcaldesa se producen un día después de que el presidente de la Autoridad Portuaria, Santiago Rodríguez Vega, anunciase que tiene previsto reunirse el próximo miércoles con el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, para abordar el asunto. Sus alegaciones se fundamentarán en la «falta de proporcionalidad» entre el impacto que generan los dragados y las medidas impuestas en la Declaración de Impacto Ambiental que los regula y fundamentalmente en su «inviabilidad técnica y económica».

El coste de cada uno de los aportes se estima en 2,9 millones de euros, cifra que se aproxima a los beneficios con los que el puerto cerró el pasado ejercicio, 3,5 millones. El problema es que no se trataría de un desembolso puntual. Los dragados en el canal de entrada se llevan a cabo poco menos que de forma anual con el fin de mantener el actual calado, doce metros y medio. No han de confundirse con los que se han llevado a cabo en aguas interiores, de mucha mayor envergadura.

El gasto sería por tanto un fijo en los presupuestos de todos los ejercicios, con la consiguiente merma de las partidas destinadas a las inversiones necesarias para mantener la operatividad portuaria y adaptarse a las exigencias que se dibujan en el horizonte para mantener los actuales tráficos y si es posible aumentarlos. Entre ellas destaca la ampliación del muelle de Raíces, uno de las proyectos más esperados por los operadores. Consiste en alinear los 823 metros de cantil del muelle viejo con los 410 de la ampliación, conseguir su calado, doce metros, cuatro más de los que ofrece actualmente, y ampliar la superficie de la explanada de servicio. El primer paso ya se ha dado, adjudicar la redacción del proyecto, para lo que se ha destinado una partida de 46.000 euros. Según las previsiones, en 2019 se completaría la tramitación administrativa con 139.000 euros y las obras en sí se llevarían a cabo en 2020 y 2021, con una consignación presupuestaria de 9,4 millones de euros.

El plan de inversiones también reserva importantes partidas para los otros dos grandes proyectos actualmente en marcha el 'smartport' o puerto inteligente, y la conexión ferroviaria de la margen derecha, así como a otras actuaciones, entre ellas reducir el impacto ambiental que genera su actividad, en este caso a razón de unos 800.000 euros anuales.

Con todo, el problema que se plantearía al puerto si no hay macha atrás va mucho más allá de paralizar las inversiones. «Ni siquiera podríamos hacer frente a los pagos ordinarios. El puerto sería sencillamente inviable, iríamos al cierre», resume Rodríguez Vega.

Otra de las razones de peso que expondrá en su reunión con el secretario de Estado de Medio Ambiente es que la obligación de reponer arena afecta única y exclusivamente al puerto de Avilés. Además, «desde el punto de vista medio ambiental la actuación sería complemente inútil», añadió el presidente del puerto.

Con esta decisión, el Ministerio pretende compensar la pérdida que, como otras muchas playas del Cantábrico y de otras muchas partes de Europa y del resto del mundo, padece la de Salinas desde hace décadas. En este caso concreto los factores son múltiples, y tan solo un 14% de la pérdida sería atribuible a los dragados que se llevan a cabo en el canal de entrada a la ría, tal y como concluye un informe redactado en su día por el entonces Ministerio de Medio Ambiente.

Ampliación del espigón

El mismo informe aconseja duplicar la longitud actual espigón de San Juan. Construido en 2002, después de la demolición del anterior, el proyecto inicial le confiere una longitud de 653 metros de los que únicamente se han construido 380, con una cota de siete sobre el cero del puerto.

Conformado por bloques de hormigón de 14, 40 y 60 toneladas y reforzado lateralmente con piedra de gran volumen, su fin es proteger la entrada del puerto -está diseñado para resistir olas de hasta 7,49 metros, altura que se superó en los temporales de 2014 y en 2015 causando graves daño cuya reparación exigió una inversión de 1.355.000 euros- y también para frenar la arena que arrastrada por las corrientes predominantes se trasvasan de la playa al canal de acceso al puerto, obligando así a realizar los dragados de mantenimiento.

Dos años después de la construcción del nuevo espigón se llevó a cabo el único aporte de arena que ha recibido hasta la fecha la playa de Salinas, alrededor de medio millón de metros cúbicos. La actuación corrió a cargo del Ministerio de Medio Ambiente con resultados efímeros. Apenas unos meses después el nivel de arena era similar al que había antes de realizar el aporte.

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