Una queja a la semana durante cinco meses para hacerse una prueba en el HUCA

Santiago Fidalgo y su esposa, ayer en su domicilio. / MARIETA
Santiago Fidalgo y su esposa, ayer en su domicilio. / MARIETA

Un vecino de Avilés con cáncer de próstata ha esperado meses por una prueba en el HUCA por la falta de reservas de un compuesto necesario

ALEJANDRO L. JAMBRINA AVILÉS.

Santiago Fidalgo tiene 63 años y fue operado de un cáncer de próstata en diciembre del año pasado. Se lo había detectado su médica de cabecera seis meses antes en el centro de salud de Sabugo. Desde entonces, este vecino de Avilés ha estado en una lista de espera interminable para hacerse una prueba que determine si es necesario iniciar un tratamiento de radioterapia o se debe optar por otra opción más efectiva. Este proceso lo está coordinando una oncóloga del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), el único centro asturiano que hace este tipo de pruebas.

La prueba en sí se denomina PET-Colina y consiste en la aplicación de un contraste que se adhiere a las membranas de las células cancerígenas y permite detectar una posible metástasis en estadios tempranos, sobre todo en casos de próstata como este. Al parecer, se suelen dar tres citas a la semana para realizar el procedimiento, pero según el propio paciente el problema es que el hospital no tienen reservas suficientes de este compuesto, por lo que ha ido retrasando las citas programadas constantemente, engordando la lista de espera. Hasta ahora.

Desde la Consejería de Sanidad confirmaron que existe un problema de suministro de este compuesto, que no hay más pacientes afectados y que Fidalgo, por fin, podrá hacerse su prueba el próximo jueves. Ahora bien, el camino no ha sido fácil. La mujer del afectado ha jugado la única carta que tenía: la presión. «He llamado al departamento de Medicina Nuclear cada lunes desde que operaron a mi marido y hasta ahora no había tenido ninguna respuesta clara», asegura.

El paciente llegó a plantearse pagar por la prueba 12.000 euros en una clínica privada

Lo que hacían era darle largas e incluso le confirmaron que había unas doce personas delante de su marido, «o incluso más, pero me dijeron que mejor dejaban de contar», lamenta. La semana pasada dieron un nuevo paso en esta lucha y enviaron un escrito de queja formal al Sespa, con la esperanza de obtener una respuesta más rápida. Y por fin lo han logrado.

«Es una pena que un paciente tenga que ser tan pesado e insistente para conseguir algo en un sistema de sanidad público. Lo que debería haber sido una prueba rápida de trámite que le permitiese a los médicos empezar a tratarme, se ha ido alargando y ha sido un calvario para mi familia y para mí mismo», aseguró a este periódico el paciente afectado.

Ahora, esta familia empieza a ver la luz y tiene algo de esperanza, pero Fidalgo llegó a plantearse la opción de realizar la prueba en una clínica privada, agilizando el proceso y saltándose los cauces comunes de la Seguridad Social. «El problema era que es un procedimiento muy especializado y ninguna clínica asturiana me lo podía hacer, tendría que haberme ido fuera de la provincia y pagar una gran cantidad de dinero», señaló. La prueba PET-Colina cuesta entre seis mil y doce mil euros, dependiendo de la clínica en la que se lleve a cabo. «Menos mal que ya no hace falta pagar, ahora a luchar».