Retos sobre asfalto a golpe de zapatilla

Mati Martínez Álvarez, con el trofeo de La Africana./Omar Antuña
Mati Martínez Álvarez, con el trofeo de La Africana. / Omar Antuña

Corredora popular, a sus 46 años acaba de ser la segunda mujer en la general de La Africana, la carrera organizada por la Legión en Melilla

Cristina Del Río
CRISTINA DEL RÍOAvilés

Lleva la mitad de su vida corriendo y lo único que lamenta es no haber descubierto antes la sensación de fortaleza y el placer que se siente al calzarse unas zapatillas de deporte y salir a quemar asfalto. La suya no es una historia de superación, pero sí la de una mujer constante y, en cierto modo, pionera que con su determinación e ilusión supera retos que no están al alcance de cualquier deportista popular. Matilde Martínez Álvarez (Avilés, 1972) tardó veintitrés años en encontrar su sitio, pero una vez identificado, ya nadie la ha movido de él. Su vida gira en torno al deporte y es incapaz de imaginarse en ningún otro contexto.

Coordinadora de una gran superficie comercial de material deportivo, Mati no practicó ningún deporte más allá de las clases de educación física obligatorias en el colegio hasta los veintitrés años. Su hijo entonces tenía tres años y ella tenía ganas de ponerse en forma, así que ni corta ni perezosa dejaba al chaval en el colegio Enrique Alonso y se iba al Parque de Ferrera a correr. Hoy puede parecer sencillo porque el 'running' se ha popularizado, pero en aquella época solo los atletas 'de verdad', generalmente federados, corrían por una pista hoy mucho más transitada. Mati no había corrido nunca, pero eso no la echó para atrás. ¡Algún día había que empezar! A su favor jugaban su estatura, su peso y también, por qué no, un carácter afable que si bien no es imprescindible para correr sí ayuda a integrarse en el mundillo. Así fue que enseguida trabó amistad con aquel grupo de corredores que le doblaba la edad y que no solo la aconsejó sino que la integró como uno más. Con ellos se fue al Avilés Atletismo.

Siempre ha concebido correr como un hobby y una liberación. Esa necesaria válvula de escape para liberar tensiones y generar endorfinas. A Mati, además, que es competitiva, marcarse retos la he hecho crecer. Por eso se siente tan satisfecha como orgullosa de sus tres principales hitos como corredora popular. El primero fue en 2004, en la maratón de Vitoria, organizada por Martín Fiz, que ella completó en tres horas y un minuto, a 4.15 el minuto. La segunda fue el Ironman de Niza (Francia), en 2011, que a los 38 años la convirtió en la primera asturiana en finalizar con éxito una prueba de estas características: 3.800 metros de natación en mar abierto, 180 kilómetros sobre bicicleta y 42,195 kilómetros de carrera. Ahí es nada. Su última gesta tuvo lugar la semana pasada en Melilla, en la carrera La Africana, una de las cuatro carreras organizadas por la Legión. 50 kilómetros combinando asfalto y trail que la auparon a la segunda posición de la general femenina y a la 61 de la mixta, por delante de otros 1.294 participantes. Las pulseras con la bandera de España que luce en la muñeca le recuerdan las buenas sensaciones de una prueba que la animan a seguir poniéndose metas.

De momento, no tiene nada en mente a pesar de lo importantes que son los objetivos para seguir avanzando. Es pronto aún para dejar de saborear las sensaciones de una carrera muy 'correndera' que no la defraudó porque cuando elige una competición se deja aconsejar por las impresiones de otros atletas. Le gusta que estén bien organizadas y, a ser posible, que le permitan conocer sitios nuevos. En su retina se mantienen paisajes como el monte Saint-Malo (Francia) a golpe de zapatilla o cualquier otro de esos parajes que descubre a la carrera tras bajarse de su caravana. Turismo y deportes son, para ella, la mejor combinación.

En las filas del Castrillón Triatlón desde que hace algunos años le dio por esta especialidad, ha competido también con el club Academia Civil de Gijón. Si tiene que alternar la carrera con algún otro deporte ese es, sin duda, el ciclismo. En su balanza siempre tiene preferencia cualquier actividad practicada al aire libre, tal vez por eso solo estuvo algunos años como monitora de aeróbic. Fue al poco tiempo de empezar a correr y en coincidencia con el 'boom' de esta práctica, incluida desde entonces y durante muchos años en las carteleras de gimnasios y también de asociaciones de vecinos. Le gustaba mucho dar clases, pero no vio claro que pudiera vivir de aquel trabajo. Acabó dejándolo y tras ser camarera, reponedora en un hipermercado y trabajadora en un invernadero, se asentó en una tienda de deportes. Ahora es ella la que puede aconsejar, como en su momento hicieron con ella, aunque desde otro lugar y otra perspectiva, pero siempre con el aval que da la experiencia.

Trabajo y entrenamientos

Su rutina diaria no es muy diferente a la de cualquier otra persona. Generalmente, trabaja por las tardes y, con su hijo ya independizado, tiene las mañanas para correr. Quizás es costumbre, pero es cuando más le gusta hacerlo. Con preferencia por la ría y por el pantano de la Granda. Sola, a su aire y sin teléfono móvil. No existía cuando empezó a correr y no entiende por qué tendría que llevarlo ahora. Segura de su agilidad y habilidad, solo tuvo problemas cuando incorporó la natación en sus entrenamientos durante su época de triatleta. Entonces sí que supo lo que era pasarlo mal. Más de una vez la tuvieron que sacar del agua.

Quizás sus padres se estén enterando ahora porque ellos no entienden muy bien esta 'locura' por el deporte. Pero ahí seguirá Mati para hacérselo comprender.

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