La Semana Santa arranca a lo grande

La Borriquilla llega a la calle de La Ferrería, en el final de la procesión. / OMAR ANTUÑA
La Borriquilla llega a la calle de La Ferrería, en el final de la procesión. / OMAR ANTUÑA

El buen tiempo favoreció la participación popular en un Domingo de Ramos que llenó de fieles todas las parroquias de la ciudad | Miles de personas arropan a La Borriquilla en la primera de las procesiones penitenciales

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

Miles de personas arroparon ayer a La Borriquilla, el primer recorrido que abre las procesiones de Semana Santa en Avilés recordando la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén que se celebra el Domingo de Ramos.

Los fieles avilesinos disfrutaron ayer de una mañana idónea para una celebración de este tipo, ya que el calor matinal favoreció la asistencia a las diferentes bendiciones parroquiales. La basílica de San Antonio Padua celebró la suya a partir de las 11.45, con una plaza de Carlos Lobo rebosante de fieles que se extendían a lo largo de la calle de La Ferrería y por San Bernardo.

Varios de los balcones de las viviendas se encontraban engalanados con emblemas de la Orden Franciscana Seglar. La tercera orden de la familia franciscana cada vez juega mayor protagonismo en la procesión de La Borriquilla. Y es que, año tras año, aporta más fieles. En esta edición setenta seglares salieron junto con los Cofrades de Jesús de la Esperanza. El rector de San Antonio de Padua, la antigua iglesia de los Franciscanos, Ángel Fernández Llano, bendijo las palmas y ramos de los cientos de fieles asistentes, recordándoles que su presencia aseguraba la bendición. «No es necesario que se moje el ramo», comentó antes de la primera de las homilías de la Semana Santa de 2019.

Fernández Llano invitó a los presentes a leer el último mensaje del papá Francisco a la Juventud («se está preparando su edición, pero ya lo pueden consultar a través de internet»), donde se incide en la dimensión humanista del cristianismo y el encuentro con el otro que implica, la hermandad entre las personas que conlleva. El sacerdote citó al beato Charles Focauld para insistir en la necesidad de tener un «corazón grande, donde tengan cabida todos los hombres».

En la recta final de su breve homilía, Fernández Llano no olvidó el sentido trascendental de estos días, invitando a los fieles a reflexionar durante la Semana Santa buscando un encuentro personal con Jesús.

Habían pasado poco más de diez minutos, cuando el sacerdote finalizaba su intervención y la Banda de Música de Avilés interpretaba el Himno Nacional en medio de la indiferencia general. Solo unas pocas personas, entre ellos agentes de la Policía Local y los integrantes de la Guardia Civil que custodiaban La Borriquilla se cuadraban respetuosamente. El resto iba a su aire, la mayor parte intentando salir de Carlos Lobo antes de que La Borriquilla comenzase su marcha.

De esta manera, poco después de las 11.55 horas sonaban los primeros redobles de la Semana Santa tocados por los cofrades de Jesús de la Esperanza. Tres franciscanos seglares abrían la marcha portando la cruz procesional los cirios. Tras ellos, el grupo de tambores de la Cofradía de Jesús de la Esperanza y su capirote de raso verde.

Después de ellos, aparecían los integrantes de la Orden Franciscana Seglar, vinculados históricamente al inicio de las celebraciones penitenciales en la ciudad. El primer grupo estaba formado, sobre todo, por niños vestidos como legionarios romanos, hebreos y apóstoles, lo que aportaba un aire especial, incluso rozando lo festivo a la celebración.

Después de ellos, aparecían los franciscanos seglares con el hábito de la tercera orden. En total, la familia franciscana movilizaba a setenta personas, entre ellas algunas inmigrantes lo que evidencia el carácter integrador de la Semana Santa y las cofradías para las personas que se asientan en Avilés desde otros lugares.

Jesús de la Esperanza es de las cofradías que arrastran el paso, no lo llevan al alza. Por eso, uno de los puntos más complicados de su recorrido es el inicio, cuando deben bajar por la calle de La Ferrería desde Carlos Lobo hasta La Muralla. Son unos pocos metros, pero suficientemente pronunciados y con los penitentes aún «fríos», sin haber iniciado el recorrido.

De ahí que se dejase avanzar unos metros al resto de la procesión antes de iniciar el recorrido del pasado, restaurado hace unos años y que muestra la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén a lomos de un burro, tal como relatan los Evangelios y que da el nombre a la procesión.

Este año, cuatro agentes de la Guardia Civil hacían los honores al paso vestidos con el traje de presentación de la benemérita.

Tras el paso se situaban, como es habitual, el sacerdote Ángel Fernández Llano y los hermanos mayores de las diferentes hermandades de Avilés. Es un gesto que siempre se tiene con la Cofradía de Jesús de la Esperanza, puesto que es la primera procesión de la Semana Santa avilesina. De esta manera, las cofradías penitenciales muestran ante los avilesinos la hermandad existente entre ellos, que no impide que cada una de ellas goce de un carisma propio y autonomía.

Tras ellos, se reservaba la fila a las autoridades, ocupada por dos concejalas del Partido Popular (Ana Bretón y Reyes Hurlé) y los no adscritos (Alfonso Araujo y Francisco José Zarracina).

La banda de Música de Avilés cerraba el recorrido. Ojo al detalle. Sus integrantes lucían corbata de color verde, el mismo de la Cofradía de Jesús de la Esperanza. Y, cerrando la marcha, numerosos fieles que acompañaron el recorrido que por la calle de La Muralla, Pedro Menéndez y la Cámara siguió hasta la Ferrería para regresar a Carlos Lobo.

Versalles sin procesión

Por otra parte, el hermano mayor de la Hermandad del Cristo de la Verdad y la Vida, José Villoldo, cumplió su advertencia y por la tarde suspendió la procesión en Versalles tras el desencuentro con el párroco. Sin embargo, anuló la protesta que tenía prevista ante las peticiones de algunos fieles. Villoldo asegura sentir lo sucedido «porque la gente de Versalles había acogido con mucho cariño al Cristo» e insiste que éste solo saldrá de la iglesia si el Arzobispado lo ordena por escrito.