Los sindicatos reclaman al Ministerio de Trabajo el mantenimiento de su sede comarcal

Iñaki Malda muestra los sótanos de la Sindical, donde la humedad representa un grave peligro a los contadores. / MARIETA
Iñaki Malda muestra los sótanos de la Sindical, donde la humedad representa un grave peligro a los contadores. / MARIETA

Con el salón de actos clausurado por ruina, la humedad de las terrazas y las ventanas son sus principales problemas

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

Las uniones comarcales de Comisiones Obreras, Unión General de Trabajadores y la Unión Sindical Obrera han solicitado al Ministerio de Trabajo el arreglo urgente de la Casa Sindical de la plaza de El Vaticano, un inmueble que sufre los rigores del paso del tiempo y que, desde 2008, no ha recibido ninguna inversión importante de mantenimiento.

El edificio es propiedad del Ministerio de Trabajo y, después de las primeras elecciones democráticas, fue cedido a los nuevos sindicatos dentro del proceso de devolución del patrimonio sindical incautado tras la Guerra Civil.

Fade
Tiene adjudicada la primera planta, pero nunca la ha ocupado.
Unión Sindical Obrera
Se encuentra en la segunda plata. Fue el último sindicato en instalarse.
UGT
Su actividad se concentra en la segunda y tercera planta. Comparte el uso de la planta baja con CC OO.
CC OO
Se encuentran en la quinta y sexta planta. También tienen actividad en la planta baja.

Actualmente, cuenta con cuatro inquilinos, que han formado una comunidad de usuarios para afrontar los gastos de mantenimiento. Además de los tres sindicatos citados, la Federación Asturiana de Empresarios (Fade) tiene derecho a ocupar la primera planta. Aunque ha colocado un cartel y ha habido varios intentos, no ha dado el paso. De hecho, hace ocho años un grupo de sindicalistas de CSI ocuparon esas oficinas de manera temporal. Ello no impide que Fade se encuentre en la comunidad de usuarios y responda a sus compromisos. Sin embargo, estos son derivados de la actividad en el edificio, no del mantenimiento que corresponde al propietario. «Es igual que si fuese una vivienda de alquiler, el propietario tiene que hacer las obras», comenta Israel Castro, secretario general de la Unión Comarcal de USO.

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Uno de los problemas importantes se encuentra en las ventanas. «Son perfiles de hierro, en todas las plantas hay ventanas que se abren con viento fuerte, muchas de ellas están oxidadas y no se pueden cerrar bien», asegura Iñaki Malda, secretario general de la Unión Comarcal de UGT.

El problema no se encuentra sólo en la estructura de las ventanas. Los cristales de la mayor parte se encuentran rotos o agrietados. Es fácil ver por los despachos tiras de cinta aislante que tapan grietas para evitar filtraciones. No importa la planta que se visite, en todas se encuentran desperfectos en las ventanas.

El tejado es otra de las grandes preocupaciones. El diseño del inmueble apostó por terrazas planas. El tiempo y la ausencia de mantenimiento ha terminado por deteriorar la capa asfáltica, de manera que las humedades se han generalizado. Y ya se sabe que el agua es uno de los grandes problemas de cualquier edificio.

«Nosotros apenas podemos usar la sexta planta», explica José Manuel Baltar, secretario general de la Unión Comarcal de Comisiones Obreras. De hecho, recuerda como algunas inundaciones llegaron a afectar a las dependencias de UGT. «En la quinta planta hemos tenido que poner un doble techo durante la reforma que hizo en la época de Pacios para mejorar la instalación», comenta Baltar.

De manera paralela a la humedad, aparece con frecuencia vegetación en el tejado. «Hemos llegado a quitar plumeros de la pampa», añade el secretario comarcal.

La preocupación por la humedad no es gratuita. Malda muestra parte de los sótanos. «Podría ser el escenario para una película de 'Saw'» comenta mientras baja por una escalera que, de suyo, da para una escena de miedo. El dirigente sindical no exagera con su referencia cinematográfica. Las características insalubres del espacio son lo de menos, el mayor temor es cómo puede afectar a los registros eléctricos que allí se encuentran.

Justo encima del cuarto de los contadores está el salón de actos. Actualmente se encuentra clausurado y con perspectivas de seguir en esa situación. La doble puerta que le daba acceso se tapió en 2008 y hay que fijarse en la pared para distinguir su perfil. Después de unos desprendimientos del techo en 2008, esa parte del edificio se declaró en ruina por su peligro. Antes, ya presentaba un importante deterioro, incluso era imposible sentarse en muchas de sus butacas.

«Para los sindicatos es un lastre no poder contar con este espacio», explica José Manuel Baltar, «era un salón de actos grande y nos facilitaba la celebración de asambleas y congresos. Ahora mismo, en Avilés no tenemos tanta facilidad para disponer de espacios similares».

Otra de las carencias son los ascensores. De los dos elevadores del inmueble, sólo uno se encuentra operativo después de que la Consejería de Industria decidiese clausurar el segundo de ellos. Se lleva tanto tiempo con esta situación y existen otras prioridades que se asume como un mal menor, al igual que los tendidos eléctricos expuestos al aire o las losetas del exterior que se han ido cayendo.

«Ya hemos hecho varios requerimientos a Patrimonio para que se arreglen todos estos problemas», asevera Castro. Los sindicatos confían que, a lo largo de los próximos meses, el gobierno central anuncie buenas noticias para la conservación de su sede.

Las última inversión importante se realizó en 2008. Fue un lavado de cara de la fachada, en la que se renovó el mortero exterior pero donde no se abordó la modernización de las ventanas que, ya en esos momentos, reclamaban los sindicatos.

Con todo, esa inversión no fue sencilla de gestionar. De hecho, el Ministerio de Trabajo llegó a estudiar la posibilidad de derribar el edificio y enajenar la parcela para viviendas. Los ingresos permitirían financiar la reubicación de los sindicatos en diferentes partes de Avilés. Incluso alguna central, como UGT, venía reclamando su sede histórica en la calle de La Ferrería.

En esos momentos, el valor catastral del edificio se situaba en tres millones de pesetas, lo que alimentaba la esperanza de que la operación fuese viable. Sin embargo, se optó por una reforma estética que, once años después, justifica las quejas de los sindicatos.

 

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