«No se suprimirán parroquias, pero hace falta más colaboración»

José Manuel Viña Gómez reflexiona sobre la Iglesia en Avilés. / OMAR ANTUÑA
José Manuel Viña Gómez reflexiona sobre la Iglesia en Avilés. / OMAR ANTUÑA

«Llegará un momento en el que exista una unidad pastoral en torno a San Nicolás de Bari y otra para Sabugo, además de las ya consolidadas»

FERNANDO DEL BUSTOAVILÉS.

Hace tres años, José Manuel Viña Gómez (Tineo, 1969) se incorporaba a la parroquia de San Juan de Ávila, y este año asume las responsabilidades del arciprestazgo, sucediendo así a Vicente Pañeda. Superar los retos de una sociedad envejecida y secularizada son dos de sus principales misiones.

-Después de tres años en Avilés, sus compañeros le eligen como arcipreste. ¿Le abruma tanto respaldo?

-En realidad, el proceso de elección de los arciprestes es que el obispo pide a los sacerdotes de los diferentes arciprestazgos una serie de candidatos. Y, entre ellos, el obispo elige el arcipreste. Es decir, es el obispo el que toma la decisión.

-Sí, pero fue propuesto por sus compañeros.

-Sí. Creo que también influyó que el anterior arcipreste, Vicente Pañeda, contó conmigo como vicearcipreste tras su elección en 2016 para su segundo trienio. Ahí estuvimos tres años mano a mano y eso contribuyó a que el resto de compañeros me conociesen. Ya había coincidido con él en el Arciprestazgo de El Fresno. Él estaba en la zona de Grado y yo en Proaza.

-La Iglesia en Asturias está envejecida. Tras años de cambios, la realidad de Avilés es que presenta un clero joven. ¿Es una de las fortalezas?

-La realidad de Asturias es que la población se concentra en torno a la autopista. Es el área metropolitana con Oviedo, Gijón y Avilés. Es normal que en esa zona confluyan sacerdotes en una mediana edad, con cierta experiencia pero aún jóvenes, además de sacerdotes recién ordenados. El clero no se puede sustraer a la realidad del resto de Asturias y estamos envejecidos de la misma manera que en Asturias.

-¿En qué situación se encuentra

-Estuve mirando un dato. En 2004, había 37 sacerdotes. Quince años después somos diecinueve. Somos la mitad y las parroquias siguen siendo unas 56 en el arciprestazgo. En este nuevo proyecto necesitamos contar con la experiencia de los veteranos y la disponibilidad de los más jóvenes.

-¿Qué objetivos concretos afronta en los próximos tres años?

-En primer lugar está la consolidación de las unidades de acción pastoral. Es un hecho al que no nos podemos sustraer. No solo estarán implicados los sacerdotes, también los laicos. Muchas veces sabemos lo que hay que hacer, pero quizá aún no hemos descubierto cómo llevarlo a cabo. Sobre todo con un respeto hacia la labor de nuestros predecesores. Y también teniendo en cuenta que es muy difícil cambiar la mentalidad de los mayores, en el sentido de que no habrá un cura en cada parroquia.

-O sea, que las unidades pastorales están para quedarse.

-Sí. Es una manera de trabajar distinta, que exige nuevos retos y nuevos desafíos. El primero es su consolidación. No lo haremos solo los sacerdotes, necesitamos a los laicos, a quienes servimos en el marco habitual de una comunidad parroquial.

-¿En que se diferencia la unidad pastoral de una serie de parroquias atendidas por el mismo sacerdote?

-La parroquia es el lugar donde se vive la fe. No solo se trata de que tenemos menos sacerdotes. Vivimos una sociedad cada vez más secularizada. Nuestra sociedad va perdiendo cada vez más su identidad religiosa. Y eso nos obliga a trabajar de una manera distinta, ser lo más eficaces posible porque debemos transmitir la buena noticia del Evangelio.

-Ya hay unidades consolidadas como en La Magdalena-El Polígono; Piedras Blancas, La Luz-Villalegre. ¿Cuales se deben afrontar los próximos años?

-Ya están diseñadas. Lo que no sabemos es el número de sacerdotes con los que contaremos aunque, por ley de vida, seremos menos. En la zona de Gozón y Carreño se deberán impulsar. Y en Avilés deberemos sentarnos a una nueva forma de trabajar, sobre todo en la zona de la Villa.

-¿En qué sentido?

-Llegará un momento en el que exista una unidad en torno a San Nicolás de Bari y otras sobre Sabugo, junto a las ya consolidadas.

-¿San Nicolás crecería hacia Versalles, Sabugo y El Nodo?

-No es tanto la distribución geográfica como la manera de trabajar en equipo y llevar adelante proyectos común como la catequesis o Cáritas, aunque tengamos una Cáritas arciprestal o sigan existiendo las parroquiales. Debemos ser más sinodales.

-¿En qué sentido?

-No debemos trabajar desde la atalaya de nuestra parroquia por pensar que históricamente siempre hemos tenido esta parroquia. En realidad, ninguna parroquia se va a suprimir, pero debemos trabajar en una mayor unidad.

-¿Las características físicas del centro de Avilés ayudan a ello, la facilidad de ir desde El Carbayedo a el centro?

-No sólo en Avilés. Antes estuve en Oviedo tres años de vicario parroquial en San Juan El Real y venía gente de todo Oviedo. Eso es algo puntual, vinculado sobre todo a la eucaristía. La participación en una comunidad necesita de una consolidación más fuerte.

-¿Cómo responden los laicos?

-En general, bien. A veces se quejan porque ven frenos en los sacerdotes. En la parroquia tenemos dos grandes grupos de fieles: unos que solo participan en las celebraciones religiosas y otro grupo que se involucra más en la vida parroquial. Estos son los que se quejan porque los procesos sean lentos. Reclaman pasos firmes. Una manera de 'quemar' a la gente es ofrecerles algo y luego no acompañarles.

-¿Cuántos niños se preparan para Catecismo y Confirmación?

-En Avilés nacen pocos bebés. Y, en consecuencia, decrece el número de niños que se acercan a los sacramentos. Además, hay padres que ya no bautizan a sus hijos, pero se mantiene el número en parroquias como San Nicolás y Santo Tomás que cuentan con un colegio y un mayor dinamismo.

-¿Cómo se conjuga la secularización con una Semana Santa tan pujante?

-Se conjuga bien porque la gente vive la religiosidad a través de los ritos. Y la Semana Santa es el marco ideal para visibilizar. Pero lo que se está perdiendo en general en Occidente es la visión de la fe como un encuentro con el Señor para vivirlo a lo largo de toda la vida, transmitir su esperanza porque, sin esperanza, no hay vida, como dice el Papa Francisco. En Avilés hay una religiosidad muy importante, fruto también del crecimiento de los años 50 y 60.