«Para tener trabajo el músico necesita público, y aquí no se crea afición»

Marino Soria, bajo los arcos de la playa del Carbayo. / MARIETA
Marino Soria, bajo los arcos de la playa del Carbayo. / MARIETA

«La falta de relevo generacional puede llevarnos a desaparecer. Tenemos cien años, pero hay mucha gente que ni siquiera nos conoce»

J. F. GALÁN AVILÉS.

La Sociedad Filarmónica Avilesina está de aniversario. Nació en 1918 siguiendo una corriente iniciada en Centroeuropa a mediados del siglo XIX con el fin de organizar temporadas de conciertos estables. La más antigua de España es la de Las Palmas de Gran Canaria. Después surgieron las de Madrid, Tenerife, Zaragoza, Bilbao y, ya en siglo XX, las de Oviedo, Gijón y Avilés, que celebró su primer concierto hace un siglo, el 27 de enero de 1918. Marino Soria es su presidente desde 1987.

-¿Cuál es el estado de salud de la sociedad?

- Somos 317 socios, más que la de Gijón. Unos quince son juveniles, y el más pequeño tiene cinco años, pero no hay relevo generacional. Es un problema común de todas las sociedades filarmónicas de España.

-¿A qué lo atribuye?

-A la falta de un auténtica formación musical.

-¿Cuál es el principal obstáculo que encuentran a la hora de desarrollar su actividad?

-La falta de interés. Yo lo achaco al desconocimiento. Tenemos cien años, pero mucha gente ni siquiera nos conoce. Eso sí, cuando alguien va por primera vez a un concierto se suele enganchar.

-¿Cómo definiría la oferta musical de Avilés?

-Es muy amplia, y a nivel de Asturias, casi diría que excesiva.

-¿Excesiva?

-La de Oviedo es impresionante, al nivel de las grandes capitales mundiales. Al haber tanto no puedes abarcarlo todo, ni por tiempo ni económicamente. Hubo un tiempo en que podríamos hablar de competencia desleal. Tanta programación disparó los cachés y las filarmónicas quedamos un poco desamparadas. La crisis vino a salvarnos, bajó los cachés.

-Este año Avilés ha tenido concierto de Año Nuevo.

-Y tuvo un gran éxito, en gran medida gracias a que Iván Cuervo, el director, sus colaboradores y el Ayuntamiento fueron capaces de reunir a importantes músicos avilesinos y del resto de Asturias que trabajan por el mundo. Avilés y Asturias están exportando músicos de gran nivel.

-¿No encuentran trabajo aquí?

-Aunque tenemos dos grandes orquestas, la OSPA y Oviedo Filarmonía, para que el músico tenga trabajo se necesita público, y si aquí no se crea afición se tendrán que ir fuera.

-¿Cómo se financian?

-Con las cuotas de los socios y la aportación municipal, 5.000 euros. Antes eran 3.000, y agradecemos mucho esa subida. Pero las sociedades filarmónicas no pueden vivir de la subvención. Un concierto de un trío o un cuarteto ya te cuesta por ahí, uno de cámara sube por encima de 10.000 y uno sinfónico se dispara más allá de 30.000 euros.

-¿Tienen algún patrocinador?

-Es nuestra asignatura pendiente, y mientras no haya una ley de mecenazgo, como en otros países, superarla va a ser difícil.

-¿Cree que las filarmónicas pueden desaparecer?

-Si no hay relevo generacional, sí. Nosotros necesitamos un mínimo de 300 socios para ser viables, y con 317 el margen es muy escaso. La falta de fondos podría llevar a rebajar la categoría de los conciertos, y si la rebajamos morimos.

-¿Qué se puede hacer para atraer público joven?

-Es un problema de educación, un déficit de enseñanza. No hay interés.

-La música sigue siendo una 'maría'.

-Ha quedado relegada a una hora semanal en Primaria y a dos en los dos primeros años de Secundaria. Es muy poco.

-¿Cuáles son los beneficios del aprendizaje musical?

-En mis años de docencia comprobé que los alumnos que estudiaban música en los conservatorios tenían mejores resultados en el resto de materias que los demás. Está científicamente comprobado que la música azuza la inteligencia. De hecho, hay facultades de Medicina en las que se imparte terapia musical.

-Hay quién se la pone hasta a las vacas.

-Incluso a las gallinas, y funciona de maravilla.

-¿Echa de menos la docencia?

-Sí y no. Era algo vocacional que me gustaba mucho, pero viendo como está la enseñanza y la educación se me ponen los pelos de puntos. Hoy en día ser profesor es muy difícil.

-¿Qué música escucha?

-De todo. Siempre digo lo mismo, solo hay dos clases de música, la buena y la mala.

-¿Ve cercano el momento del relevo al frente de la Filarmónica?

-Llevo muchos años pidiéndolo, pero no lo toma nadie, así que no lo puedo dejar. Desaparecería, y no me gustaría que se me recordase como el último presidente de la sociedad, así que seguiré mientras que el cuerpo aguante.

-¿Cuál ha sido su mayor satisfacción?

-La del trabajo bien hecho y sobre todo, ver la cara de satisfacción que le queda al público al finalizar un concierto.

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