Vecinos mal avenidos

Los vecinos de Hermanos Soria, esta semana a las puertas del juzgado. / MARIETA
Los vecinos de Hermanos Soria, esta semana a las puertas del juzgado. / MARIETA

Aunque están a la orden del día, son pocas las disputas que se resuelven en el juzgado | El conflicto en la calle Hermanos Soria representa el extremo de unos problemas de convivencia habituales

C. DEL RÍO

Son más de los que saltan a los titulares y menos de los que llegan hasta el juzgado. Los conflictos entre vecinos están a la orden del día, aunque solo algunos alteran la convivencia general. En cualquier conversación informal entre amigos se oye hablar de ellos, lo que da la sensación de que son más habituales de lo que cabría esperar. Ruidos molestos especialmente a deshora, suciedad, el típico inquilino que siempre lleva la contraria en la reunión de la comunidad o el eterno deudor son alguno de los motivos de crispación más habituales. «Pregunta a las familias que viven en inmuebles unifamiliares o en chalets, me atrevería a decir que la mitad han elegido esta opción para huir de tener que compartir gastos y convivencia con desconocidos», aventura un promotor inmobiliario de la ciudad. Sea como fuere, pocos han concentrado a tres edificios de una misma comunidad contra ellos.

Esto lo que está ocurriendo en la calle Hermanos Soria con una madre y un hijo que están en el punto de mira de vecinos y justicia. Fuentes de la Fiscalía explican que delitos leves relacionados con la convivencia vecinal, tales como amenazas o coacciones, sí se ven con cierta asiduidad en los tribunales, no así casos como este en el que, tras unas cincuenta denuncias cruzadas, el Ministerio Público ha tomado cartas en el asunto. En estos momentos se encuentra tramitando una causa que estudia la posibilidad de que ambos hayan incurrido en un delito de acoso vecinal. Si saliera adelante, M. I. M. I. y M. A. M. podrían tener que responder ante la vía penal y no como hasta ahora ante la civil.

La Cámara

Un prostíbulo en un piso particular

Pisos 'patera' y prostíbulos son dos de las anomalías más habituales detectadas en las comunidades. Algunas tienen suerte y sus inquilinos no provocan molestias, en otros casos alteran los nervios de sus residentes con espectáculos poco edificantes y llamadas a los timbres a horarios intempestivas. Es lo que sufrieron durante años los vecinos del número 56 de la calle de La Cámara. Finalmente, la justicia les dio la razón y prohibió el uso del inmueble a su propietaria, además de condenarla al pago de una indemnización de 18.000 euros a la comunidad por las molestias causadas.

La Carriona

Vecindario atemorizado y batalla campal con la Policía

A principios de diciembre del año pasado, tuvo lugar una batalla campa entre la policía y una familia gitana de La Carriona. Aquel incidente desveló el temor y la inseguridad que sufrían unos vecinos que, por razones varias, nunca han contemplado llevar el caso ante la justicia. En declaraciones a este periódico tras lo sucedido, afirmaban que «son peligrosos, trafican con droga y nos amenazan de muerte». La Policía Local confirmó que estaba al tanto de la situación referida, al igual que los Servicios Sociales, una figura hacia la que primero miran los vecinos con problemas de convivencia, según han explicado a este periódico algunas comunidades que, al final, han optado por la resignación en lugar de solventar el problema en los tribunales. «Nadie se atreve a dar el primer paso para echar a una vecina que tiene el piso lleno de heces de su perro y de basura. Es un foco de infección y los servicios sociales, que lo saben, no hacen nada», comentan en un inmueble del entorno de Rivero.

Fernández Balsera

Arremetida contra un ciudadano británico

A. B. nunca supo los motivos, solo que una vecina del edificio en el que vivía en 2012 en la calle de Fernández Balsera lo tenía enfilado. En esta ocasión, esta mujer conflictiva llevó la acometida al exterior. En lugar de provocar un problema de convivencia en el interior del edificio, se dedicaba a rayar una y otra vez la furgoneta de la víctima. Supo que era ella porque colocó una cámara web y con esas imágenes la llevó ante la justicia.

El Pozón

Una cubana al frente de una comunidad resignada

El número 13 de la calle San Juan de Dios, en El Pozón, había vivido una sucesión de pleitos con una vecina desde 2007 hasta que en 2014 llegó una nueva inquilina que se puso al frente de la 'lucha'. Una veterinaria cubana que, decepcionada con la vía judicial, decidió airear en la prensa la incómoda situación. Entre la lista de agravios señalaba que la susodicha les arrojaba agua con orina, basura o aceite a las puertas de sus viviendas para que resbalaran, además de tirar sobras de comida al patio de luces. Representada por Raquel Sánchez Rozalén, de L. R. A. Abogados, logró varias sentencias favorables, pero era incluso peor porque el problema se recrudecía. Al final, la víctima 'solucionó' el problema con un cambió de domicilio. Sánchez Rozalén explica que «afortunadamente, este tipo de conflictos no son habituales».

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