Viaje al Medievo en femenino

Viaje al Medievo en femenino

«El fuero de Oviedo prohibía a las mujeres casadas participar en fiestas y cantar en bodas. Para eso estaban las mancebas de los clérigos» | María Álvarez traslada al público del Aula de Cultura a la Asturias del siglo XIV

J. F. GALÁN AVILÉS.

¿Cómo vivía una mujer en el Oviedo de Isabel La Católica? Profesora de Historia Medieval en la Universidad de Oviedo y directora de Extensión Universitaria, María Álvarez Fernández desentrañó parte del misterio en la amena, didáctica y hasta divertida conferencia que ofreció ayer al numeroso público que asistió al Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS. El título era 'Vivir en la ciudad medieval: retratos de mujer'.

Esbozó los de «tres mujeres excepcionales que han pasado a la memoria colectiva. Eran María González, más conocida por 'La Pimienta', «con lo que ya pueden imaginarse a que se dedicaba», Velasquita Giráldez, «una burguesa adinerada», y doña Loba, «una viuda ilustre, mujer terca y recalcitrante». Antes de profundizar en sus vidas la ponente puso al público en situación, trasladándolo a la Asturias de la tenebrosa Alta Edad Media, época de la que apenas han llegado hasta nuestros días testimonios escritos. Claro que hay excepciones, los fueros, principalmente los de Oviedo y Avilés, los más antiguos, y también los de otras polas asturianas, como Castropol o Llanes. De ahí se nutre su investigación, aún en ciernes.

«La mujer era un objeto pasivo. No comparece en la historia, narrada en clave masculina. La historia de la mujer es la historia de la desigualdad, concepto que hay que entender en el contexto de la Edad Media, no en el actual. Además el historiador no es un juez, es un científico. No está para dar opiniones, sino datos», advirtió antes de entrar en materia.

La mujer del Medievo «no accedía a la jerarquía eclesiástica. Los hombres podían tener concubinas, pero las mancebas no estaban bien vistas. Tampoco podían ser alcaldesas ni juezas, y necesitaban el consentimiento de un hombre para cualquier acto civil». Desde el punto de vista laboral «no podían ser maestras de taller, y las actividades fraudulentas, como la reventa, que acarreaba penas importantes, siempre eran femeninas. El fraude solo tenía nombre de mujer». Desde una perspectiva civil sus opciones se limitaban a casarse, siempre con el consentimiento de los futuros suegros y en muchos casos también del concejo, es decir, del órgano rector de la ciudad, o irse a un convento. Y las obligaciones conyugales eran estrictas. «El adulterio femenino tenía un tratamiento penal muy riguroso, y se extendía al cómplice y al encubridor. En cambio el masculino no estaba mal visto, porque no era causa de deshonra».

Autoridad abusiva

El hombre podía ejercer su autoridad de forma abusiva, dado que «la violencia formativa hacia la mujer y los hijos no era delito». En caso de abandono del hogar el tratamiento era distinto. «Si la que se iba era la mujer el hombre podía pedir al concejo la detención y la devolución al hogar, no así al contrario».

Tampoco todo era completamente negro. Los fueros también contemplaban medidas de protección de viudas y menores. «Abusar de ellas era delito, y en Castropol las viudas estaban exentas de pagar impuestos siempre y cuando no viviesen con un hermano o un hijo».

Las normas de entonces no se pueden comprender con la mentalidad del siglo XXI. El fuero de Oviedo «prohibía a la mujer casada participar en fiestas y cantar en bodas. Para eso estaban las mancebas de los clérigos», dijo la ponente para regocijo del público. Había tres oficios exclusivamente femeninos, panaderas, recaderas, y regatonas, aunque también se dedicaban a la industria textil e incluso a la venta de otros productos siempre que el abastecimiento urbano quedase asegurado.

María González, 'La Pimienta' fue un avispada mercadera. «Vendía aceite al menos desde 1501. La denunciaron por saltarse los precios de venta máximos, y llegó a hacerse con numerosas propiedades inmobiliarias en las calles más caras de Oviedo».

Velasquita Giráldez «donó al morir su fortuna a una cofradía, con la creencia, propia de la época, de que si el recuerdo de una persona perduraba era garantía de salvación. Ochocientos años después seguimos hablando de ella, así que supongo que estará bien salvada». También pervive su cofradía, la de La Balesquida, la que da nombre a la fiesta más popular de Oviedo, el Martes de Campo.

¿Y quien era La Loba? «Una deudora. No pagó un préstamo de ochenta maravedíes, que tampoco era mucho. El proceso judicial duró once años. Llegó hasta el Adelantado Mayor de León, y al final perdió todas sus propiedades. Y hasta la vecindad».

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