Andrés Lima, autor y director teatral: «Hay pendiente una obra sobre el franquismo y cómo llega hoy»
El coautor de '1936' participa mañana en el Ciclo de la Palabra del Niemeyer para acompañar una función que estará hasta el domingo en Avilés
Mañana llega al Auditorio del Centro Niemeyer una nueva cita del Ciclo Palabra con tres de los autores de '1936', Albert Boronat, Juan Cavestany y ... Andrés Lima. Es el último quien dirige el montaje teatral que se quedará hasta el domingo en Avilés con todo el papel vendido.
–Vienen el 20N. ¿Se acuerda de aquel día hace 50 años?
–Tenía 14 años y me acuerdo perfectamente. Bajábamos al colegio y la portera, Juanita, estaba llorando y pensé 'hoy no hay clase' y me volví a subir. Aquellos días de la muerte de Franco todo el mundo estaba muy politizado.
–¿Y se acuerda de cuándo se dio cuenta de que quizá no nos habían contado bien la historia?
–Si eres antifascista, desde hace mucho sabes que no nos han contado bien la historia, pero me remito otra vez a esos años, la censura era tan férrea, yo nací con ella y me parecía algo horriblemente natural, como las tardes de aburrimiento viendo toros y procesiones en blanco y negro. El que no supiéramos la verdad era algo obvio y que el relato era de los vencedores también lo era. No solo no se ha contado bien, sino que tampoco hemos querido escucharlo demasiado. A partir de los años ochenta, con una serie de historiadores que han sido mi referencia, Francisco Espinosa, Ángel Viñas, Julián Casanova, Paul Preston... empezamos a saber lo que realmente pasó. Y todavía queda mucho por saber.
–¿Hasta qué punto la ficción ayuda a conocer y entender?
–Si habla honestamente, ayuda. Si es mentirosa, no. El propio franquismo fue muy mentiroso. Para hablar de 'fake news' no hace falta pensar en Donald Trump. Franco, Queipo de Llano, Mola, eran especialistas en difundir la historia según les parecía. Todo ayuda si la discusión es pacífica y no propagandística, y además la literatura de la guerra civil es muy interesante y somos lo suficientemente adultos como para saber dónde está la verdad o por lo menos para intentar guiarnos dentro de toda la información que hay y elegir por nosotros mismos.
–Le va la marcha. Menudo lío es montar '1936'.
–Hace falta tiempo, sobre todo. Me tomo ese tiempo. Sí que es difícil, pero con antelación se va planeando y planteando y tengo la suerte de que me lo aceptan en el Centro Dramático Nacional para ser exhibido. Desde talleres activos ya con gran parte del equipo y con gente que nos aleccionaba para profundizar en el proceso fueron dos años y medio de trabajo y yo ya llevaba tiempo antes.
–¿Qué es lo que ha aprendido?
–Del relato de la guerra muchas cosas las ignoraba: cómo era España antes de la guerra, muchos sucesos bélicos y nombres propios que fueron fundamentales... He descubierto la profundidad filosófica del discurso de Azaña, el misterio de Franco, un hombre que ha sido muy caricaturizado por la izquierda pero que fue implacable, el único de los grandes dictadores que se mantiene en el poder. Y después aprendí que esto no puede volver a suceder.
–¿Y tiene fe?
–Tengo confianza, no suelo tener fe. Es posible que no vuelva a suceder y es posible que podamos aprender más y podamos hablar sobre el tema, porque además es muy divertido. La guerra civil fue un hecho horroroso y dejó una huella de miedo tremenda, pero meterse desde la ficción o hablar después de la ficción o leerse un libro de Preston o Casanova es muy entretenido, saber cómo éramos es un ejercicio maravilloso para pensar en que podemos ser de otra manera.
–¿Qué se lleva el público?
–La gente nos lo agradece mucho, en parte porque se va con mucha información que no tenía, pero sobre todo nos agradece que sea un relato lleno de emoción, que es lo que tiene que aportar el teatro, porque hay mucho periodismo, historiografía, documental, pero no es lo mismo leer un libro que ver un buen espectáculo donde te sientes dentro, lo vives, y eso nos da otra dimensión de lo que sucedió y ese es el valor artístico y emocional e incluso didáctico del teatro.
–Es una invitación al diálogo, ¿heridas ha abierto alguna?
–En general la aceptación ha sido buena. Incluso críticas de derechas, lo cual me ha sorprendido. No están de acuerdo en el relato, el punto de vista, la perspectiva, pero han sido bastante dialogantes, y la extrema derecha afortunadamente no ha hecho nada ni ha dicho nada. La obra tiene un punto de vista, el mío y el de toda la gente que ha participado, pero intenta ser veraz. Yo quería que hablaran los que estuvieron allí, cuando habla Azaña no literaturizo, esa es una de las virtudes y lo que hace que la gente acepte la función. Luego lo hago desde un punto de vista, yo considero inadmisible que se dé un golpe de Estado y eso está reflejado.
–¿De una obra como está saldrá algún camino a seguir?
–Una de las preocupaciones que se ha desprendido es que el fascismo no es algo pasajero y sus ecos están amplificándose mucho. Me asombra que se les vote y eso es lo que me hace asombrarme de qué está pasando con la ciudadanía, con nosotros, y de eso es posible que trate el siguiente espectáculo. Hay otra historia pendiente. Lo lógico sería un montaje del franquismo y cómo llega hasta hoy.
–Y sigue con otros proyectos mientras alumbra esos.
–Sí, 'Límites' o 'Fronteras', aún no sabemos el título, que tiene que ver con la primavera árabe y otra que tiene que ver con la guerra, sobre Mujeres Libres, una asociación anarquista predecesora de muchos movimientos feministas.
–¿Una comedia romántica no le llama?
–Voy a hacer una peli sobre el sentido positivo que no está mal tener en la vida, sobre la bondad. Se llama 'Federico' y se rueda este verano.
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