La Orden de Malta tuvo hasta el XIX dos señoríos en Asturias

Dongil, ayer en el Ateneo Jovellanos. /
Dongil, ayer en el Ateneo Jovellanos.

Miguel Dongil reveló en el Ateneo Jovellanos los entresijos de la institución, que este siglo abrió delegación en el Principado tras una prolongada ausencia

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

En el siglo XI nació con el ánimo de atender a los peregrinos que acudían a Tierra Santa. La Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, más conocida como orden de Malta, ha ido dejando su impronta en la historia de medio mundo desde entonces, tanto en el plano estrictamente militar como en el hospitalario y otros muchos. Su sombra también llegó a Asturias y sobre ella habló ayer largo y tendido el historiador Miguel Dongil Sánchez en el Ateneo Jovellanos.

La orden, que a día de hoy por una rareza diplomática está reconocida por Naciones Unidas como estado soberano y su gran maestre es jefe de estado, tuvo una notable presencia en Asturias entre los siglos XIII y XIX. Después, desapareció del mapa y a principios de este siglo XXI abrió una delegación en el Principado que cuenta con unos pocos - «tres o cuatro»- caballeros y un buen número de voluntarios. «Se suele decir que hoy en día funciona como una oenegé», explica Dongil, sabedor de que aquel fin asistencial a los peregrinos se ha transformado en diferentes programas de ámbito social y sanitario, de apoyo a la infancia o de ayuda a países desfavorecidos. Sin ir más lejos, en Gijón sus voluntarios colaboran con el Sanatorio Marítimo.

Pero más que en el presente, el historiador ahondó en el pasado, en esos siglos en los que la Orden de Malta fue titular en Asturias de dos señoríos: San Juan de Leñapañada, ubicado en lo que hoy es el concejo de Grado, y San Juan de Arenas, en Siero. En la Edad Media era común que el rey, en agradecimiento a la ayuda prestada, cediera un pequeño territorio a una persona, casa noble u orden. Eso sucedió con esos dos señoríos, que dependían de la orden para todos los asuntos y que solo debían contribuir con la Corona en el reclutamiento de soldados. El gran maestre de la orden, hoy con sede en Roma y antes en Chipre, Rodas y Malta, era el señor de ese territorio. Pese a la existencia de esos dos señoríos, dice el historiador que en Asturias nunca hubo una presencia notable. «Era una zona deprimida e incomunicada por la orografía y nunca fue un lugar apetecible», subraya.

La orden mantenía en Asturias su misión de atender a los peregrinos, aunque en lugar de hacerlo en Jerusalén lo hacía en el Camino de Santiago. De hecho, se sabe que en San Juan de Leñapañada existían un albergue y un hospital.

En el siglo XIX la Corona quiere recuperar todas esas jurisdicciones y es así como la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén pierde sus señoríos. Primero, en 1827, se quedó sin la jurisdicción territorial pero se mantuvo la eclesiástica; en 1874 ya no hay ninguna presencia.

Durante el siglo XX existieron en Asturias algunos caballeros miembros de la orden, pero no una delegación o similar, como la que ahora funciona, de la misma manera que sucede en todos los países del mundo. «Los caballeros y damas en todo el mundo pueden andar en torno a los 30.000», revela el historiador.