Triunfando bajo la lluvia

'Mucho ha llovido' se estrenó ayer sobre el escenario del Teatro Jovellanos. /
'Mucho ha llovido' se estrenó ayer sobre el escenario del Teatro Jovellanos.

Factoría Norte estrenó su Premio Jovellanos a la Producción Escénica 2015

ALBERTO PIQUERO GIJÓN.

Más allá -o más acá- de la célebre cuestión que dejó planteada Oscar Wilde, si es la vida quien imita al arte o si sucede de manera diferente y en orden contrario, lo cierto es que el teatro y la vida se parecen de forma notoria. Ambos poseen principio, nudo y desenlace. 'Mucho ha llovido', la obra teatral de Factoría Norte, ganadora del Premio Jovellanos a la Producción Escénica 2015, que ayer se puso de largo en el teatro gijonés que tiene en su frontispicio el mismo nombre del galardón recibido, ha seguido esas reglas.

Un principio que comenzó a germinar en la cabeza creativa del autor, Pachi Poncela; un nudo mediante el cual se enlazó de modo afortunado el texto con la compañía teatral que firma la producción, o sea, Factoría Norte, y el desenlace que en la tarde/noche sabatina levantó el telón y definitivamente mezcló el arte y la vida sobre las tablas del Teatro Jovellanos. Cabe considerar, a la vista de lo contemplado, que en este caso el desenlace no es puerto al que haya llegado la barca de Caronte, sino promesa de que hay vida después de la vida, quiere decirse, del estreno.

Que la historia de Comeriola y Saberiola, los protagonistas, los veteranos bibliotecarios de la ciudad de Noega que se convierten en guardianes de los tesoros del lugar condenado a desaparecer bajo las aguas de un diluvio sin fin, no naufragará. Que al igual que Noé, sobrevivirá, sean palomas o gaviotas las que traigan en el futuro la rama de olivo de la continuidad de la existencia. Vaya, que el indiscutible éxito obtenido en la presentación del espectáculo dirigido por Borja Roces, asimismo en cometidos actorales, junto a Ana Morán, pronostica larga trayectoria a esta obra made in Asturias que habla de los anhelos y angustias del ser humano en cualquier latitud, aliñados con la coña marinera que hace más llevadera la cuestión en este valle de lágrimas o de nubes furiosas que anegan de lluvia las esperanzas.

Había anticipado Borja Roces, que para él era un auténtico lujo estar rodeado por un equipo que le permitía «jugar a tope» con las dimensiones del arte teatral. Habría que apostillar que de ese lujo participó la magnífica dirección del propio Borja Roces, orquestando una función que se desarrolló en términos orfebres, por más que una de las guías que maneje sea la de una amplia libertad interpretativa. Tras las máscaras que rodearon a los protagonistas, trabajos sobresalientes de Félix Corcuera -prodigioso en tres papeles, como alcalde, como obispo y en un híbrido desternillante de Arturo Fernández y Jovellanos-, Jorge Domínguez y Dani López. Y una atmósfera envolvente, iluminada y oscurecida por Rafa Mojas, vestida por Patricia y Leopoldo y con la arquitectura escenográfica de Juan Hernaz.

Poesía, humor, localismo -se desvela el nombre del asesino de Rambal- y humanismo, arropados por Schubert y los viejos partes radiofónicos, junto a preguntas acerca de la falsa historia y el trasnochado mito de la unidad de destino en lo universal. El premio final, una larguísima ovación del público -unas 600 personas ocuparon localidad- y una sonrisa inteligente dibujada en los rostros.