Adiós a Alejandro Mieres, constructor de luz

Amigos y familiares despidieron a Alejandro Mieres con música, haikus y una ovación en el Tanatorio de Cabueñes. / PALOMA UCHA

El mundo del arte y la cultura despide al pintor con una ceremonia civil llena de música y poesía y abierta a la improvisación que llenó la capilla del Tanatorio de Cabueñes

A. VILLACORTA GIJÓN.

«Donde otros usan sus manos, sus ingenios, sus afanes, el tiempo entero de sus vidas en conquistar países, Alejandro los usó para fundar países, para levantar y abrir países. Alejandro construyó países para entregárselos a la luz». El crítico de arte Juan Carlos Gea alzó ayer la voz en un empeño tan inmenso como condensar la esencia de Alejandro Mieres, artista total y hombre íntegro, en un emocionante acto civil que llenó la capilla del Tanatorio de Cabueñes.

Allí estaban autoridades como el consejero de Cultura, Genaro Alonso, la alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, y la concejala Montserrat López Moro, que no disimularon su «tristeza por la desaparición de alguien entrañable» y que confirmaron que la Casa Natal de Jovellanos albergará «a partir del miércoles o el jueves» una exposición con obra de un pintor que «deja huérfana a la ciudad porque forma parte de su historia, pero su recuerdo perdurará».

Allí, socialistas como Mercedes Álvarez, Justo Vilabrille, Dulce Gallego, Carmen Veiga, Manuel Fernández de la Cera, Daniel Gutiérrez Granda, Manuel Muruais, Lara Álvarez o Enrique Rodríguez Nuño, pero también populares como Mariano Marín, discípulos y coleccionistas como Soledad Suárez. Y allí, y sobre todo, gentes de la cultura y de las artes como Miguel Barrero, Conchita Quirós, Consuelo Vallina, Ánxel Nava, Melquíades Álvarez, Reyes Díaz, Francisco Fresno, Adolfo Manzano, Josefina Junco, José Paredes, Pepa García Pardo, Fernando Redruello, Manolo Linares, Mabel Álvarez, Bernardo Sanjurjo, Carlos Coronas o Víctor Picallo, organizador de su última gran retrospectiva.

Todos quisieron estar en un cálido adiós en el que hubo tiempo para la música y los poemas como el que su amigo Joseba Ayensa escribió para él: «Eres joven, Alejandro Mieres. Eres joven porque tu obra permanecerá siempre». «Ha dejado de llover y un cielo azul te recuerda», le despidió Armando Vega. «Será que hoy el mundo, pese a esta sentida orfandad, desea trasmutar en luz el llanto».

La tercera elegía del 'Llanto por Ignacio Sánchez Mejías' de García Lorca fue la escogida por Emilio Amor -miembro primigenio del último grupo artístico creado por Mieres, los extremófilos-, que brindó palabras emocionadas a quien -recordó- «buscaba espacios alternativos» y hacía piña como pocos: de la Sociedad Cultural Gesto a la Asociación de Artistas Plásticos de Asturias. Otro de los que compartió con él «muchas noches de vinos y alguna rosa, además de ilusión, amistad y militancia» fue el cantor Xulio Ramos, que aseguró que «deja un legado inclasificable», personal y artístico.

«Era una persona integral. Estaba en la sociedad, se comprometía con ella. En el mundo del arte, de la docencia, de la curiosidad, de los problemas, de la política... En todas las dimensiones del ser humano. Un espíritu que emanaba de su inmenso talento artístico y de su propia persona. Deja una enorme obra de arte que se llama Alejandro Mieres», abundaba el expresidente Pedro de Silva. «Una manera única de pasar la antorcha» que también destacó el presidente de Tribuna Ciudadana, Alfonso Toribio.

Los versos que le dedicó su hijo Juan en 'Eterno' leídos por su hija Rosa y una pieza musical que compuso junto a un grupo de amigos encabezados por Miguel Fernández a modo de juego «con todo el humor y la socarronería que tenía y que contagiaba a todo el mundo de una forma maravillosa» sonarían después en una tarde también para los haikus y la improvisación a micrófono abierto que concluyó con las notas de 'Un velero llamado libertad' en la voz de Kiti de la Concha. Sin solemnidad, pero con verdad. Porque, como resumió Francisco Álvarez Velasco, «cuando alguien muere, siempre se dice que es genial, pero, en el caso de Alejandro Mieres, no hay ninguna falsedad. Por fin has encontrado la flor de Sangri-La».

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