Amor y magia en las cruzadas

Vivica Genoux, durante el ensayo de 'Rinaldo' en Oviedo. / PIÑA
Vivica Genoux, durante el ensayo de 'Rinaldo' en Oviedo. / PIÑA

Todas las sesiones estarán dedicadas a la memoria de Jaime Martínez, quien fue durante quince años presidente de la institución | El Teatro Campoamor estrena mañana 'Rinaldo', segundo título de la LXXII Temporada de la Ópera de Oviedo

RAMÓN AVELLOOVIEDO.

La fama fue generosa con Georg Friedrich Händel (1685- 1759). Sus contemporáneos le ensalzaron como genio universal y, en vida del compositor, erigieron su estatua en el Vauxhall Gardens, a orillas del Támesis. Grandes compositores como Mozart o Beethoven le consideraron el modelo musical por excelencia. Algunos de sus conciertos y oratorios se han interpretado ininterrumpidamente durante tres siglos. Paradójicamente, sus óperas cayeron en el más completo olvido desde mediados del siglo XVIII hasta bien entrado el siglo XX, salvándose algunas de las arias, por ejemplo 'Ombra mai fu', de 'Jerjes', conocida como el 'Largo' de Händel, que siempre formó parte del repertorio canoro universal, grabada por voces legendarias como la de Caruso. Sin embargo, habrá que esperar hasta el siglo XX para que las óperas de Händel, arropadas en corrientes interpretativas historicistas, vuelvan a subir, tras casi trescientos años de silencio, a los escenarios teatrales.

Händel se representó relativamente pronto en Oviedo. En 1985, con cierta polémica sobre su valor musical -«esto no es ópera, sino una zarzuelilla barata», recoge Arrones Peón en su 'Historia de la Ópera en Oviedo'-, se escenifica en el Campoamor 'Almira'. En 1999, se interpreta 'Giulio Cesare', probablemente la mejor ópera de Händel, en una versión escénica de Emilio Sagi. 'Alcina' fue otro título representado, con mucha danza, en 2005. Entre los grandes momentos líricos del Campoamor recordamos a Alice Cooton cantando 'Sherza infida', de 'Ariodante', en 2009. En 2012 asistimos a una controvertida representación de 'Agripina', ambientada en el mundo de intrigas y cuernos del Dallas de J. R., aquel «fulano petrolero y ganadero», como decía Pepe da Rosa, protagonista de una famosa serie televisiva.

A partir de este domingo, a las 19 horas, y los días 8, 10 y 12, a las 20 horas, llega este 'Rinaldo', una ópera en la que se entremezclan magia, instrumentos y voz, en una producción del Teatro Chemnitz, de Alemania. Bajo la dirección escénica de Kobie Van Rensburg, con una escenografía de Steven Koop enriquecida por proyecciones en vídeo, y la dirección musical del asturiano Aarón Zapico, al frente de Oviedo Filarmonía. La ópera estará interpretada por la mezzo Vivica Genoux, conocida en Oviedo por un papel bufo muy diferente al que cantará el domingo: 'El turco en Italia', de Rossini. La soprano holandesa Lenneke Ruite debuta en el Campoamor como Almirena. Paola Gardina, de la que recordamos en Oviedo su papel en 'Così fan tute', de Mozart, interpretará a Godofredo, general de los cruzados. Carmen Romeu, muy conocida del público asturiano tanto en ópera ('La Bohème', 'La Traviata') como en zarzuela, ('Las Golondrinas' o 'Maruxa') dará vida a la maga Armida. El contratenor Rupert Entiknap debuta en el Campoamor como Eustacio, hermano de Godofredo. También debuta en Oviedo el barítono Matthew Brook, en el rol de Argante. El barítono César San Martín (mago) y la soprano María Martín completan el elenco vocal.

Estrenada en Londres en 1711, 'Rinaldo' es una 'ópera seria', inspirada en temas épicos extraídos de la epopeya sobre los cruzados 'La Jerusalén liberada', de Torcuato Tasso. La ópera está ambientada en el siglo XI, en la época de la primera cruzada. Godofredo de Bouillón dirige la conquista de Jerusalén, en poder de los árabes. Godofredo concede a uno de sus generales, Rinaldo, la mano de su hija, Almirena. Armida, hechicera siria y amante de Argante, secuestra con artilugios mágicos a Almirena y a Rinaldo. Gracias a un mago bueno, Godofredo consigue liberarlos. Jerusalén es conquistada y, para mayor dicha, Armida y Argante se convierten al cristianismo con lo que la obra termina feliz. Todo el mundo es bueno.

La partitura, de casi tres horas de duración sin contar los descansos, se estructura en tres actos. El oficio de Händel se manifiesta tanto en las voces como en las partes sinfónicas. Oberturas, sinfonías intermedias, descripciones de batallas, reflejan esa labor del compositor alemán, a la que se une un tratamiento muy individualizado de los instrumentos -oboe, violonchelo, violín, flauta, trompeta- acompañando y concertando con la voz humana.

Todas las funciones de este 'Rinaldo', según confirmó la Ópera de Oviedo a este periódico, están dedicadas a la memoria de Jaime Martínez, quien fuera presidente de la institución durante quince años, fallecido el pasado viernes 27 de septiembre.