Se apaga el genio creativo de un pionero

Del Rivero según Zapico. El ilustrador Alfonso Zapico dibuja así al fallecido historietista./
Del Rivero según Zapico. El ilustrador Alfonso Zapico dibuja así al fallecido historietista.

Muere Isaac del Rivero, creador del Festival de Cine de Gijón y del primer salón del cómic de España

MARIFÉ ANTUÑA GIJÓN.

Perfeccionista al extremo y amigo de meterse en mil líos, a Isaac del Rivero de la Llana la cultura asturiana le debe muchísimo. No solo sus ilustraciones, sus magníficos dibujos e historietas, son palabras mayores, es que también su amor al cine le hizo alumbrar el germen de lo que hoy es el Festival de Cine de Gijón. La noticia de su muerte corrió ayer como la pólvora por la que fue su ciudad, Gijón -con permiso de Colunga, el concejo en el que nació en 1931-, la misma que le concedió su Medalla de Plata en 2013. El prolijo creador asturiano decía adiós a una vida intensa e inmensa a última hora del lunes en la residencia de ancianos gijonesa en la que pasó sus últimos días.

Hacía ya tiempo que Isaac del Rivero no se dejaba ver por las calles de Gijón, donde su herencia es mucho más que profusa. No solo por su apuesta por el cine, sino porque también fue en parte obra suya el ya desaparecido Salón del Cómic, el primero de cuantos se puso a funcionar en una España que aún no veía la historieta como el noveno arte. Pero su amor a ese arte y por todos los demás traspasó muchas fronteras. Capaz de dibujar y contar al mismísimo Gaspar Melchor de Jovellanos y a la Regenta que escribió Clarín, capaz de pergeñar un cartel para una fiesta sindical o la publicidad y los cromos de una marca de chocolate, capaz de todo un poco, Isaac del Rivero también llegó a organizar un Certamen Europeo de Cine Rural y Pesca en Candás y Avilés. Igualmente salió de su cabeza una muestra de publicaciones infantiles que duró seis ediciones en los años setenta, un salón del videocine en Oviedo en los ochenta y hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) premió su entrega a la infancia.

El tanatorio de Cabueñes acoge hoy, a las cinco de la tarde, un acto de despedida

Fue, en muchos sentidos, un pionero, un visionario que se atrevió a pasar a la acción. Su trayectoria es amplísima y en ella el séptimo y el noveno arte tienen espacio preferente y se unen con pasión desbordada. En los años cuarenta del siglo pasado el niño que era alimentaba su hambre de cultura con tebeos e intentaba colarse en el mítico cine gijonés Campos Elíseos. Se arrimaba a cualquier espectador y le decía al portero que era su hijo para poder entrar. Así empezó todo, con Lauren Bacall, Stan Laurel y Oliver Hardy en pantalla, aunque no corrían buenos tiempos para mirar solo al arte y su peripecia vital comenzó trabajando en los Astilleros del Cantábrico. Así se ganó el sustento hasta que decidió que el cómic, aquella pasión que ocultaba a veces dibujando bajo la cama para no enfadar a su padre, podía ser su profesión. Pidió una excedencia y miró a otros mares con el ánimo de trazar a golpe de plumilla una nueva vida. Lo hizo. Los medios regionales le dieron la bienvenida, y de manera muy especial EL COMERCIO, para el que llegó a dibujar la historia de Jovellanos y desde donde dirigió el suplemento 'El gomeru'. «Publiqué mis primeras viñetas en 'El Gomeru' que él coordinaba, y puedo decir lo que dice todo el mundo: que era una buena persona y un tío súper trabajador. Tengo un recuerdo guapo de aquella revista y aquella época», rememoraba ayer Alfonso Zapico, uno de esos ilustradores herederos de las puertas que él abrió al universo de la historieta. Zapico le dibuja con un lápiz en la mano, con un tintero cerca, con sus gafas características, trabajando, poniendo trazos a una y mil historias. Siempre poco a poco, lentamente. Se definía como un gran perfeccionista y se entregaba a fondo en cada proyecto. «Suelo tardar bastante en cada página, hasta unos diez días como poco y hasta dos semananas; soy detallista, me gusta hacer un dibujo realista», apuntaba hace unos ocho años, cuando aunque la vista ya empezaba a jugarle malas pasadas, aún seguía al pie del cañón, fiel a las formas tradicionales de crear y alejado por completo de las nuevas tecnologías.

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El mismísimo Alfonso Iglesias, creador de Pinín, fue el primero que le abrió las puertas del oficio mientras él continuaba buscándose la vida en otros ámbitos. Porque Del Rivero puso en marcha la agencia Publirama, que acabó siendo a la sazón la primera oficina del Certamen Internacional de Cine de la Infancia y la Juventud de Gijón, nacido en 1963 y que dirigió hasta su cambio de rumbo hacia todos los públicos. Suyos fueron los carteles de aquellas primeras citas con el celuloide que desembocarían en el FICX actual. Fueron 18 años en los que no dejó de dibujar en mitad de batallas infinitas por acercar a Asturias el cine que se hacia al otro lado del telón de acero. «Para los niños entonces solo había cine tolerado, que no era otra cosa que las sobras de los demás, así que empecé a buscar y por entonces, en plena dictadura nuestra, el mejor cine para niños se hacía en Europa del Este», recordaba en 2013 en una entrevista con motivo de la concesión de la Medalla de Plata de Gijón. Rememoraba entonces cómo debía lidiar con las embajadas para conseguir las películas y con los curas y militares que nada sabían de cine y querían censurarlas. Un auténtico ejercicio de mano izquierda que ejecutó con maestría.

Isaac del Rivero, ante su escritorio, rodeado de dibujos, libros y pinceles.
Isaac del Rivero, ante su escritorio, rodeado de dibujos, libros y pinceles. / Jorge Peteiro

Personajes muy dispares han pasado por sus trazos. Desde Abraham Lincoln a Hitler, de Jovellanos a Leopoldo Alas Clarín formaron parte de su creación, fértil hasta el final. Porque en 2011, ya octogenario, obtuvo el Premio Alfonso Iglesias de cómic en asturiano por 'Doña Berta', en la que, de nuevo, como hizo con 'La Regenta' y 'Adiós cordera', llevó al lenguaje del cómic la obra de Clarín. Pinceles y acuarelas, como entonces, le acompañaron siempre. En 2015 vio la luz en Gijón su última exposición, 'Un laberinto de viñetas' que resumió una vida con espacio para dirigir publicaciones como 'Kikelin', 'Espolique', 'Tapón', 'El Gomeru', pero sobre todo para dibujar. Entre sus trabajos más celebrados, 'Dos historias del Oeste', dedicado al mundo de western, y la ya citada biografía de Jovellanos con guion de Juan José Plans.

A Isaac del Rivero no solo se le conocía y reconocía en Asturias. En su currículo figuran galardones como el Aro de Plata de Valencia, el galardónVenus de Barcelona, por su labor con la infancia, y el Diploma de Honor de la Nacional Cartoonists Society estadounidense, por su trabajo en el cómic.

Su muerte dejó ayer huérfana a la cultura asturiana, que se afanó en agradecerle tantísimo y transmitir a su familia el pesar por el adiós. En el tanatorio de Gijón se le recordó con cariño infinito, como sucederá hoy, a las cinco de la tarde, en un acto de despedida tras el cual será incinerado.

 

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