Arriesgada comedia de tintes claroscuros

Marc Pujol, Toni Vives, Marta Cuenca y Mireia Gubianas, en el Palacio Valdés. /  OMAR ANTUÑA
Marc Pujol, Toni Vives, Marta Cuenca y Mireia Gubianas, en el Palacio Valdés. / OMAR ANTUÑA

El público del Palacio Valdés aprueba el estreno de 'Peggy Peckit ve el rostro de Dios', con dramaturgia de Jorge Sánchez

PABLO A. MARÍN ESTRADAAVILÉS.

Como ya viene siendo una tradición de las nuevas producciones dramáticas, el Teatro Palacio Valdés volvió ayer a acoger un estreno nacional con la puesta en escena de 'Peggy Peckit ve el rostro de Dios', de Roland Schimmelpfennig, una extraña suerte de comedia dirigida por el argentino Jorge Sánchez e interpretada por Marta Cuenca, Toni Vives, Mireia Gubianas y Marc Pujol.

El autor, Schimmelpfennig, es el más representado actualmente en Alemania y en esta pieza plantea uno de los asuntos verdaderamente incómodos para quienes vivimos en el llamado mundo desarrollado: la indiferencia ante la realidad en la que viven otras partes del planeta. Aquí aparece planteado a través de la dialéctica entre dos parejas de antiguos compañeros de estudios: unos regresan de una misión humanitaria en África y los otros les reciben en su confortable hogar burgués. Sánchez, en la dirección, mueve bien los hilos del elenco para que el texto y la dramaturgia envuelvan al espectador en el remolino de sentimientos, opiniones y actitudes que encarna cada personaje y consigue que el drama funcione tras la aparente máscara de esta intrincada comedia. Dos misteriosas muñecas: Annie-Abeni y Peggy Pickit ponen el contrapunto simbólico para subrayar la clave oscura del conflicto expuesto.

Viendo el montaje resulta evidente el riesgo que asume la función, tal vez no opta para todo tipo de públicos. Un riesgo que parte del propio texto, con la elección de una clave no realista y que bebe de formas del teatro del absurdo para subrayar la incomunicación y distancia que separa a los personajes. Los apartes que los actores realizan en medio de esos diálogos o las repeticiones de frases pueden desconcertar a más de un espectador. Por ello, resultan elogiables la dirección, el elenco y la valentía de esta producción que invita a ver un teatro seguramente no destinado a cosechar grandes ovaciones, pero necesario para que no todo se quede en la superficie de las tablas.