El arte de la ciencia

Un grabado de Severo Ochoa y su microscopio. /
Un grabado de Severo Ochoa y su microscopio.

Trascorrales y el Museo Arqueológico acogen una macroexposición sobre Severo Ochoa y Ramón y Cajal que se podrá visitar hasta el día 22

ANA RANERA

Oviedo rinde homenaje a Severo Ochoa ahora que se cumplen sesenta años de la concesión del premio Nobel al investigador luarqués. Para conmemorar este aniversario, ayer se inauguró en la capital asturiana la macroexposición 'Severo Ochoa y la belleza de la ciencia', que se podrá visitar hasta el día 22 y que aprovecha también para reconocer la figura de Ramón y Cajal, el otro español ganador de un Nobel de Fisiología y Medicina. La Fundación Méjica junto con la Real Academia de Medicina de Asturias, con la colaboración de la Universidad de Oviedo, el colegio de médicos de Asturias, el Ayuntamiento de Oviedo, la Consejería de Salud y el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) han diseñado este proyecto de ciencia y arte para presentar en los diferentes sitios de referencia de Ochoa. A la inauguración acudieron, además de algunos familiares del homenajeado, el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli; la ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar social, María Luisa Carcedo; el presidente del Principado, Adrián Barbón, y el propio Méjica, el encargado en esta exposición de dotar de emoción artística la trayectoria de ambos científicos.

La exposición se divide en dos secciones. La primera, 'Retrato con perspectiva de un gran científico', que está ubicada en el Museo Arqueológico, es la que recoge la parte más artística, más pictórica del homenaje. La segunda se presenta bajo el título 'Ochoa y Cajal, inspiración para un artista: Méjica' y está situada en la sala de exposiciones de Trascorrales y se centra más en la parte documental, en el legado de Ochoa. Ambas muestras consiguen fusionarse creando un universo artístico-científico que recorre la trayectoria personal y profesional del Nobel y que hace a los observadores adentrarse en su forma de trabajo, en sus pasiones y en sus recuerdos de infancia entre Luarca y Málaga.

Juan Méjica explicó con entusiasmo a los asistentes cada una de las piezas que elaboró para este reconocimiento, que tienen como objetivo mostrar la vida y la figura del Nobel luarqués y de Cajal. Méjica consigue con sus obras que el visitante se sienta dentro del ambiente de laboratorio en el que Ochoa pasaba el tiempo y que entienda la forma de trabajar y de vivir del Nobel luarqués. Con el pincel, representa a Severo Ochoa abstraído en los ensayos o lo plasma en un grabado con sus artilugios de laboratorio, una conexión entre ciencia y arte a la que no estamos acostumbrados.

Además de las creaciones de Méjica, se han recopilado para la ocasión objetos personales que utilizó Ochoa y que su familia ha querido que formaran parte de este reconocimiento. Se muestran alrededor de 300 fotografías que hacen un recorrido desde su niñez con sus abuelos en Asturias, sus primeros años de noviazgo con la que luego sería su esposa, Carmen García Cobián, y fotos de su estancia en la Residencia de Estudiantes. Tampoco faltan imágenes de actos sociales o sus últimas fotografías ya durante la vejez. A las instantáneas se unen otros muchos recuerdos, como el telegrama en el que le comunicaron que había ganado el Nobel, cartas a su hermana, su discurso en inglés al recoger el galardón, el primer libro en el que participó, el recordatorio de su Primera Comunión o su tesis doctoral. También se han recopilado numerosas piezas de las que usaba en el laboratorio para sus investigaciones: microscopios, termómetros, botellas y frascos.

A todos estos objetos personales hay que añadir las creaciones de Méjica, que se presentan a través de diversos soportes y formatos como óleos o grabados. El artista homenajea la figura del investigador asturiano y de Ramón y Cajal fusionando el cientifismo con la expresión artística. Se trata de una propuesta evocadora que participa de la geometría neocubista, de la armonía y el vigor expresivo en el tratamiento del color, elementos que utiliza para hacer un viaje a través de la personalidad, el trabajo y los recuerdos de los dos premios Nobel de ciencia españoles y que, sin duda, harán a los asturianos recordar a estos científicos, apreciarlos y reivindicarlos.

En la inauguración no faltaron las palabras de recuerdo de quienes compartieron momentos con Ochoa y que aprovecharon para relatar algunas anécdotas. Fue el caso de César Nombela o César de Haro, ambos científicos que trabajaron con el Nobel. Nombela hizo alusión a la importancia que daba Ochoa a sus raíces. «Esa excelencia que logró le hizo sentir una pequeña obligación con España. Eso lo llevó a promover la Sociedad Española de Bioquímica y a diseñar el Centro de biología molecular». A lo que De Haro confirmó: «Era un hombre que buscaba la excelencia».