Prerrománico, un enfermo milenario que está muy vivo

Prerrománico, un enfermo milenario que está muy vivo

Las nuevas dataciones de Santa Cristina de Lena y San Salvador de Valdediós abren la puerta a futuras investigaciones que puedan aportar más luz sobre cómo y cuándo se levantaron los edificios

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Cuentan en Lena que ya en el siglo XIX llegaban visitas foráneas para mirar y admirar con tiento, detalle y un cierto asombro a la pequeña ermita que se alza sobre un promontorio. Es una edificación única por muchas razones, pero no es la única que concita miradas de interés en el territorio asturiano que trece siglos atrás fue capaz de edificar templos y palacios que se estudian en las escuelas de arquitectura de medio mundo, que sorprenden, sobrecogen, atrapan, fascinan, maravillan y pasman a amantes de la Historia y el Arte.

Rafael Moneo, cuando recogió su Príncipe de las Artes, le declaró su amor a a ese prerrománico al que le acompañan las visitas, los elogios y las polémicas. En el plano político, su estado de conservación siempre genera batallas, muchas de ellas aún abiertas, porque no hay que olvidar que no deja de ser un milenario enfermo crónico al que hay que tratar con mimo exquisito para mantenerlo sano.

Pero, pese a las humedades, la pérdida de color y trazo de las pinturas de sus paredes, pese a las guerras y las revoluciones, a las reformas acertadas y las absolutamente erradas, sigue estando muy vivo. Tanto que esta misma semana ha sido capaz de poner a los historiadores en el brete de volver a mirar atrás para repasar y repensar la historia. Un estudio realizado sobre los morteros que durante siglos han ejercido de unión en las históricas piedras de Santa Cristina de Lena y San Salvador de Valdediós, ha adelantado prácticamente un siglo la datación de estos monumentos. Conste que los propios autores del trabajo -el arquitecto Jorge Hevia, la petróloga Araceli Rojo y el arqueológo Sergio Ríos- se han apresurado a aclarar que queda mucho por investigar, que es preciso realizar más catas y tomar nuevas muestras, aunque lo cierto es que estos resultados plantean nuevos interrogantes sobre estos hermosos edificios que son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Y esperan unos y otros poder resolverlos en el futuro. Pero, por el momento, la investigación no prosigue por falta de fondos.

De las nuevas dataciones que con tanta cautela han de ser observadas hay que extraer algo más que el siglo de rejuvenecimiento detectado por el Carbono 14 para adentrarse en los caminos que han conducido hasta allí, que están ya trazados para que sean más fáciles de transitar en un futuro próximo si, finalmente, hay dinero con el que financiar nuevas catas o tomas de muestras no solo en estas dos joyas analizadas sino también en el resto de los que conformar el legado prerrománico.

Esa metodología abre nuevas vías. Los morteros, que son el cemento que une piedras para formar muros y bóvedas, se ha revelado para este equipo de investigadores como un material de un «inmenso valor documental». La razón es sencilla: lo habitual en este tipo de edificios históricos es que los materiales empleados se reutilicen. Es decir, que para levantar Santa Cristina se recurriera a piedras procedentes de un edificio hecho con anterioridad. Eso dificulta las dataciones. Pero los morteros no son reutilizables. Esa argamasa que ejerce como pegamento arquitectónico se elaboraba in situ y en el momento. Ese es su gran valor y el hilo del que los investigadores esperan seguir tirando.