El Bellas Artes mostrará sus entrañas

El Bellas Artes mostrará sus entrañas

El arquitecto de la ampliación propone construir un montacargas anexo para solucionar la comunicación entre los almacenes y el exterior

PACHÉ MERAYO OVIEDO.

El Museo de Bellas Artes de Asturias todavía no tiene luz artificial en los cerca de 9.000 metros cuadrados ampliados, pero ya está terminado. Casi listo para dejarse admirar, aun sin obras de arte, y que «todo el mundo contemple», como invitaba ayer su arquitecto, Patxi Mangado, «la magnitud de su estructura». De hecho, tras el verano, justo antes de que las pinturas empiecen a tomar sus paredes -algo que ocurrirá, según su director, Alfonso Palacio, «probablemente a principios del mes de octubre»- sus puertas quedarán abiertas de par en par durante unas tres semanas. El calendario está sin cerrar, pero se estima que sus entrañas quedarán a la vista en septiembre. «Conocerlo así, vacío es una experiencia maravillosa, que permite apreciar todas las perspectivas. No debería quedar ni un rincón sin mostrar», decía un entusiasta Mangado, durante un recorrido por la nueva superficie, en el que guió a todos los miembros del patronato del museo y durante la que fue subrayando las perspectivas interiores, además de enseñar «los pulmones» y contar cómo todos los muros guardan en su grosor (de 90 centímetros) parte de un sofisticado aparataje técnico que tiene centro de mando propio en el sótano.

Pero el arquitecto navarro no estaba ayer en Oviedo solo para recorrer la inmaculada ampliación. Su visita tenía que ver con uno de los principales problemas derivados de la imposibilidad de acometer la segunda fase de las obras, pospuesta por falta de presupuesto. Es decir, la incomunicación de los almacenes con el exterior, que solo encuentran una vía de escape en unas escaleras de poco más de un metro de ancho, por la que una pintura de gran formato no entraría. Un problema que ahora parece encontrar solución. Así lo aseguraba ayer Mangado, quien propone construir un montacargas de gran tamaño, anexo a una de las paredes laterales exteriores, justo donde debía quedar unido el nuevo edificio con la construcción dedicada a las oficinas. Un montacargas que no se vería desde fuera y que podría ser aprovechado, incluso, si la esperada segunda fase algún día pudiera acometerse. El plan, calificado por el mismo arquitecto, como «fácil y económico», fue bien recibido por la mayoría del patronato del centro regional de arte, reunido ayer para tratar precisamente este punto. Sin embargo, su aprobación depende del estudio que se deberá realizar a la mayor brevedad posible para que antes de las jornadas de puertas abiertas de septiembre esa proposición sea ya una solución definitiva.

En ese estudio se determinarán todos los pormenores constructivos y también el coste real, que de entrada será, asegura Mangado, «infinitamente más barato» que la otra solución propuesta desde el museo: la construcción de una gran escalera que partiera del espacio de almacenaje. Ésta, al parecer «afectaría de manera determinante a toda la estructura del edificio comiéndose, sin duda, la mitad del presupuesto de la segunda fase».

Poner fin a esa incomunicación y conectar la luz eléctrica, un asunto que lleva acumulando trámites desde el mes de febrero, es lo único que queda antes de ejecutar el plan museológico, que se traducirá en la exposición de 210 obras de arte, la mayor parte centradas en el arte contemporáneo. Si éste, como está previsto, se puede empezar a desarrollar en octubre, el museo finalmente quedará abierto a principios de 2015.