Nuria Formentí, en Colombia

Tabú II. Tinta sobre pergamino, de Nuria Formentí./
Tabú II. Tinta sobre pergamino, de Nuria Formentí.

La pintora gijonesa despliega su colección 'Tabú o terapia' en el Museo Histórico de Cartagena de Indias

P. MERAYO GIJÓN.

Colombia vuelve a saludar la pintura de Nuria Formentí (Gijón, 1971). Pero esta vez no cuelga sus colores de sinuosidad caribeña en el Centro de Arte Moderno, sino en el Museo Histórico de Cartagena de Indias. Entre sus paredes inauguró el jueves su colección más reciente. Una serie de pinturas, a las que une una instalación fotográfica y un proyecto audiovisual, que además de sacar la luz de su paleta, obra como remedio sutil contra lo «socialmente prohibido». Por eso se titula 'Tabú y terapia'. Porque disuelve el primer concepto y atiende con firmeza el segundo. «Debido a una educación en la que algo tan normal como nuestro propio cuerpo desnudo resultaba malo y tabú, algo casi pecaminoso, hemos crecido con un impedimento a ser realmente libres», dice para explicar el origen de este gesto pictórico-vindicativo. Y añade «al menos ese es mi caso». Y con su propia experiencia como epicentro decide «poder transgredirme a mí misma» y para hacerlo utiliza acude al lenguaje. De hecho la parte de terapia de la exposición se tiñe de verbo.

Cuando Nuria Formetí pasa del tabú a la terapia, sus cuadros, alimentados de una organicidad floral alejada de sus rostros femeninos de otro tiempo, se llenan de palabras. «Poder decir vagina con la naturalidad con la que digo agua, ha sido todo un logro».

Confiesa que «con este trabajo he querido romper barreras personales y pasar al otro lado. Ha sido un proceso en el que partí de la orilla del pudor y de la represión para llegar a la otra, la de lo lúdico y lo natural».

Por el camino le ha salido una colección que ahora expone como un tratado sobre el mundo femenino, sobre el significado del sexo, lo erótico, lo sensual. Aun así «no es una exposición que reivindique nada femenino, ni un abrirme la blusa para conseguir que se me escuche, es simplemente mi propia terapia y aceptación». Con las pinturas, una serie fotográfica, a la que arranca todo el color de su paleta, para disponerla en blanco y negro. Lo mismo hace en vídeo, donde a lo largo y ancho de tres minutos recita un texto poético sobre el mundo de las mujeres.

En sus propias palabras, el origen de todo, lo que tomó como columna vertebral, es «el placer, la representación festiva del sexo de la mujer». Sobre ella fue construyendo «un nuevo mundo con su propio lenguaje». Tras conseguir el objetivo dice haberse «liberado de todas las cadenas, permitiendo que lo natural lo fuera sin más».

 

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