Los grafitis de la Catedral superan ya los 1.600

Santa A de cantero y cruz de peregrino. /
Santa A de cantero y cruz de peregrino.

José María Hevia y Carlos de Posada, que hoy participan en las Jornadas de Arqueología de APIAA, creen que la catalogación superará las 2.000 marcas dejadas por canteros y peregrinos

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

La búsqueda se ha prolongado por espacio de más de dos años y medio. Y continúa. Ayer la cifra de marcas de cantero o de peregrinos detectadas y catalogadas en la Catedral de Oviedo alcanzaba exactamente las 1.682. Pero bien saben José María Hevia y Carlos de Posada que no se quedará ahí, que continuará creciendo a medida que prosiga su minuciosa búsqueda, que hasta la fecha se ha limitado a las zonas visibles y accesibles de la Catedral. En lo que no se ve o no advierte con facilidad, hay mucho más que oculta las firmas de los canteros.

El estudio de los grafitis de los templos no es nuevo, aunque a España ha llegado más tarde que a otros lugares, como Gran Bretaña, donde llevan años inventariadas esas muescas que en la piedra grabaron a gubia, punzón, a cuchillo o simplemente con una punta canteros y peregrinos. En la Catedral de Santiago de Compostela ya concluyó su trabajo la británica Jennifer Alexander, que ha realizado también estudios similares en su país y que se mantiene en contacto con los responsables de la Catedral de Oviedo, a quienes ha prometido pronta visita.

La experta británica podrá conocer de primera mano cuando llegue a Asturias esos grafitis que Carlos de Posada ha fotografiado mientras José María Hevia los enfocaba con una luz tangencial de 2.000 vatios. Es esa la manera de lograr imágenes de gran resolución que, ampliadas en un ordenador, permiten descubrir tesoros ocultos datados a partir del siglo X y hasta tiempos lamentablemente muy recientes, en los que se registran amorosos (Cuqui y Kiko, Isabel y Juan...) grafitis vandálicos.

De la Cámara Santa a los muros exteriores de la Catedral se advierten diferentes inscripciones que tienen su sello y su historia. Se entremezclan y se superponen las realizadas por canteros y peregrinos, por lo que no es posible para José María Hevia dar una cifra de cuántos se corresponden a cada uno, pero sí sabe que los que están más accesibles a la vista son obra de los de los visitantes del templo, que entretenían su espera realizando esas marcas. «Las puertas y las escaleras, los lugares de espera» son los espacios donde aparecen con más frecuencia las marcas, con motivos dispares como cruces y peces, y nombres, muchísimos nombres propios. En particular numerosos apelativos franceses como el de Pierre, un viajero de París que dejó su huella aún hoy visible en el Salvador.

Los grafitis de los peregrinos se sitúan mayoritariamente a la derecha de la Catedral porque es por ese lado por donde se accede al templo. En el caso de las marcas de cantero, se distribuyen de forma homogénea a ambos lados. He ahí una diferencia, también marcada por la profesionalidad, de quienes empleaban gubias y punzones y quienes se servían de un simple cuchillo o un clavo. Para los canteros su sello era la forma en la que se garantizaba el cobro de sus honorarios. Las cuadrillas debían marcar así sus hiladas de ladrillos. «Había canteros fijos y esos no necesitaban la marca, pero cuando había que avanzar la obra venían cuadrillas que trabajar a destajo y debían de firmar para cobrar», revela Hevia.

Pero volviendo a los peregrinos, en las paredes, como la de la antesala de la Cámara Santa o el lugar donde se hallaba la escalera de Palenzuela-dos de las más cargadas de grabados- se dejan ver árboles de la vida, esvásticas en sus distintas variantes, el globo del Salvador, un zapato (borceguí) y hasta una gaita escocesa. La Catedral de Oviedo sigue revelando misterios en sus paredes. Por ejemplo, José María Hevia descubrió hace poco barcos en la torre de la Catedral. Son las naves un grafiti común en otras iglesias del Camino de Santiago.

Queda, pues, trabajo pendiente, porque la catalogación aún sigue abierta a las zonas menos accesibles, y porque queda relacionar la presencia de todos esos símbolos dibujados a cuchillo sobre las paredes con los de otros templos. «Hay que ver y comparar, una vez que tengo la observación debo mirar la regularidad y luego elaborar una teoría», subraya Hevia. No hay prisa. Se hará con calma y con el «oficio de amor» que ha acompañado toda esta investigación que hoy se erige protagonista en las Jornadas de Arqueología Medieval que APIAA organiza en el Museo Arqueológico de Oviedo y que se dedican al Camino de Santiago. Comenzarán a las seis de la tarde y la charla de Hevia y De Posada está prevista para las siete.

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