«Mirar de lejos te permite ver mucho más»

Juan Genovés, en su estudio, con uno de sus ya famosísimos cuadros con volúmenes. /
Juan Genovés, en su estudio, con uno de sus ya famosísimos cuadros con volúmenes.

El creador de 'El abrazo', símbolo de la Transición, presenta en Aurora Vigil-Escalera su primera exposición asturiana en paredes no institucionales

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En el 92, hace ya 24 años, llenó (en el sentido más amplio del término) el Palacio Revillagigedo con sus pinturas a vista de pájaro. Hoy, Juan Genovés, pieza fundamental en la historia del arte, vuelve a Gijón mirando la vida y las telas otra vez desde el aire. Lo hace «para ver más», pero también para «ver diferente». Autor de 'El abrazo', todo un símbolo de la Transición que luce en el Congreso, este valenciano infinito, que ya peina 86 veranos, se levanta de noche para ponerse cada día frente al lienzo. Durante unas cuantas de esas madrugadas trabajó para dar forma a lo que a partir del sábado se podrá contemplar en la galería Aurora Vigil-Escalera, de Gijón, en la que es su primera exposición asturiana en paredes privadas . Bajo el título 'Ir y volver', colgará una serie gráfica en la que no queda duda de por qué su obra está presente en algunos de los más importantes museos del mundo.

Dice Muñoz Molina en el catálogo de esta exposición gijonesa que ve amanecer con los pinceles en la mano.

Una de las sabidurías del hombre es encontrar su momento y el mío es ese. Bueno eso y que como soy mayor cada día me despierto más pronto (se ríe abiertamente). El caso es que cuando me doy cuenta estoy pintando con la cabeza y no quiero, por eso me levanto a pintar de verdad.

¿No le gusta pintar con la imaginación? ¿Por qué?

Porque con la imaginación todo es verde y gris y la realidad es otra. Yo quiero pensar, claro, pero trabajar al mismo tiempo. Pintar con el pensamiento y con los pinceles.

¿Qué siente cuando pinta?

Que estoy encontrando la manera de contar mi tiempo. Pintar es sacar lo que tienes dentro y lo que ves fuera, como una fuente por la que emana lo que piensas, Sería genial que pudiéramos encontrar una llave por la que saliera todo y dejar correr el manantial.

Usted ya la ha encontrado.

Bueno, me defiendo y creo que he abierto mi propia fuente, sí.

Sus pinturas están plagadas de hombres de espaldas, multitudes que se mueven y que observa de lejos y desde arriba ¿Por qué esa perspectiva tan singular?

Mirar y pintar de lejos te permite ver más cosas, abrir el territorio. Hay muchas causas para que yo tenga esa mirada. Desde siempre se ha pintado lo que se tiene delante, pero no hay que olvidar que con un solo dedo puedes tapar el sol. Cambiar de punto de vista es esencial no solo para tener otra mirada, sino, y ya desde un punto de vista más filosófico, para abrir la mente. Creo que nos gusta empecinarnos en un mismo lugar y en una misma razón y en una misma perspectiva.

¿Qué está viendo ahora?

Estoy viendo el mar y todo lo que pasa en la calle. Como observo desde un noveno piso no me pierdo nada. Lo tengo todo ahí y el mar es enorme.

Ha dicho que cree que todos deberíamos pintar. ¿Por qué?

No hablaríamos tanto de arte y haríamos arte. Yo se lo digo a mis alumnos de los talleres: 'No me lo cuentes, hazlo'. Si cuando somos pequeños nos dejan pintar lo que sentimos, en lugar de darnos directrices concretas sobre lo que está bien y lo que está mal, tendríamos educada la mirada para poder disfrutar de todo tipo de arte.

La colección que trae a Gijón es gráfica, pero cada ejemplar ha sido intervenido ¿son obras únicas?

Para mi la pintura es como un juego y necesito jugar hasta con las estampaciones. Una vez impresa la obra le añado elementos. No puedo parar. Me sale, por ejemplo, un personaje que tiene su propia sombra real, frente a las sombras estampadas del resto.

¿Es cierto que pone a cada uno de sus personajes ropa diferente?

Totalmente. Me encanta jugar a eso. Trabajar individualmente a cada persona entre las multitudes.

Toda su obra es una búsqueda formal, pero también un altavoz social. ¿Qué pesa más?

Ambas cosas por igual, para mí la ética y la estética son la misma cosa.

Hace años que trabaja solo y ha confesado sentirse enjaulado en su estudio ¿Sigue esa sensación?

Si, la verdad. Si fuera más joven crearía un taller, como El Greco o como Goya. Como todos, que pintaban juntos el mismo cuadro. Por cierto sus obras deberían atribuirse a sus talleres, no solo a ellos. La cuestión es que esa es la manera de crear. Si fuera más joven estaría enrollado en algo de eso. Me haría muchísima ilusión.

¿Hablando de ilusión, qué sintió al ver 'El abrazo' en el Congreso?

Mucha ilusión al principio, sí, pero luego estoy un poco enfadado.

¿Porque cada partido arrima el cuadro a su sardina?

Por eso, pero más si cabe porque el cuadro fue puesto ahí para que la gente pudiera compartirlo, verlo, sentirlo como parte de su patrimonio. Y resulta que está en un lugar que no tiene acceso público. Para verlo hay que mandar una instancia al presidente del congreso. Nada que ver con lo que yo pensé.

¿Es cierto que se le ocurrió viendo el festejo de unos niños en el patio de un colegio?

Hombre la idea del cuadro venía de lejos, pero no sabía cómo ponerla en práctica. Quería hacer un cuadro sobre la unión, sobre el fin de las dos Españas. Esa era la ilusión que teníamos todos los que estábamos en la resistencia. Pero no sabía cómo. Un día, viendo a los niños del patio que había al lado de mi casa, que no se por qué estaban celebrando algo con abrazos, me dije: claro, el abrazo. Eso es lo que tengo que pintar.

Y eso fue lo que pintó.

Solo encontré un problema. Cómo hago que mujeres y hombres se abracen sin desvirtuar el verdadero tema. Al final lo que hice fue meter a una sola mujer a la derecha del cuadro, como mirando al futuro. Creo que quedó bien resuelto.

¿Me permite que le pregunte por su hijo, Pablo? Le salió artista.

Y me encanta. No deja de sorprenderme. Hablo como un padre, claro, pero no puedo remediarlo. Si no lo fuera también me sorprendería.

 

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