«El arte debería ser un espacio para la rebeldía y la libertad»

Javier Victorero, en el Museo de Bellas Artes de Asturias, ante una de sus obras. / ALEX PIÑA
Javier Victorero, en el Museo de Bellas Artes de Asturias, ante una de sus obras. / ALEX PIÑA

El pintor Javier Victorero dirige el martes una visita guiada a su exposición en el Museo de Bellas Artes de Asturias de la mano del Aula de Cultura de EL COMERCIO

ALBERTO PIQUERO OVIEDO.

Javier Victorero muestra su obra en el Museo de Bellas Artes de Asturias. 'En el jardín', que así se titula la exposición, será objeto de una visita guiada organizada por el Aula de Cultura en colaboración con la pinacoteca asturiana. La cita es el martes, a las 18.30 horas. La participación es libre previa inscripción en la dirección de correo electrónico auladecultura@elcomercio.es

-¿Cuándo supo que los garabatos de la infancia podían elevarse a categoría artística?

-Nunca me planteé ser pintor. Somos lo que somos, no lo que pretendemos ser. Pero una conciencia de que se podía transmitir mediante la pintura algo parecido al corazón del hombre la tuve a los once o doce años, cuando me desterraron de Burela del Cabo, donde me crié, para regeresar de nuevo a Oviedo. Hice una pintura pequeñita, con un barco saliendo de puerto rodeado por un cortejo fúnebre de gaviotas. Ese cuadro era yo.

-Ha elegido Gijón para vivir y pintar...

-Quizá a la manera de un punto medio para retornar al muelle de Burela, porque el regreso absoluto, como decía Camus, es imposible. El mar es fundamental en esta elección.

-Los críticos destacan en su obra la geometría y el color. ¿La pintura es eso para usted?

-En este momento de mi evolución, sí. Hace tiempo me cuestioné si se podía transmitir la vida a partir de una geometría esencial, punto, línea y plano, y me he dedicado a esa indagación, rompiendo reglas, incluyendo las de la vanguardia, que en el presente establece postulados rígidos y totalitarios. El arte ha de ser libertad, buscar el propio camino. Incluso olvidándose de uno para ser más uno mismo a través de lo que expresa. Esas paradojas, como la de la abstracción geométrica, que siendo de apariencia fría y lejana, aspira a estar muy cerca.

-La exposición que presenta en el Museo de Bellas Artes lleva por título 'En el jardín'. ¿Un pintor, un artista, es un jardinero?

-Sí, sí, es la idea de orden aplicada a la naturaleza. La naturaleza es una pulsión caótica, que aunque tiene su ritmo brota a borbotones, crece sin pensar en nuestra idea de belleza. El pintor y el jardinero le suman su conocimiento, el mimo, la atención, el cuidado. Organizan un orden. No se ha de subestimar al jardinero. Ni tampoco sobrevalorar al artista.

-¿Cómo surgió el proyecto?

-A partir de la propia estructura arquitectónica del espacio, ese patio columnado que evoca antiguos conventos en los que se incorpora la tradición cultural religiosa del jardín y sus plurales significados. Fue la primera intuición.

-¿Nos guía por las obras que contiene?

-Son obras dimensionales, tridimensionales y un marco que también agrega sonido. Todo ello dentro de un conjunto integrado, yendo de lo general a lo particular.

-En el volumen tridimensional ha creado unas cerámicas...

-La cerámica está muy infravalorada, cuando es casi pura alquimia. Tierra, aire, agua y fuego. Son tres piezas, que hablan del interior/exterior, circulares, agujereadas, la metáfora de un mundo en miniatura.

-El sonido que envuelve la exposición es asimismo muy singular...

-Es una composición en la que he recogido distintas gotas de agua al caer y el sonido de una pequeña fuente en un patio granadino, a la manera de una purificación del espacio y de invitación al encuentro de uno consigo mismo. La musicalidad modula los 'in crescendo', decrecientes, silencios... De otro lado, está un mueble/banco escalonado, un poco escultórico, de madera exquisita de roble suavemente erosionada, trabajada con sutileza. Es un homenaje a la madera y de nuevo a la meditación.

-Abrimos las puertas de las dos salas en las que están las pinturas...

-Se articulan en tres series, 'El sueño del jardinero', 'En el jardín, que es la que proporciona el título general, y 'Florecer nocturno'. La primera alude a la generación de formas que habitan el sueño del jardinero, la segunda es una apertura a lo espiritual y a lo sensual, a una mística que no es la usual, y 'Florecer nocturno' remite a la conjunción de la noche y la soledad en su estado creativo, cuando el artista está concentrado en su trabajo y accede a su mundo interior.

-¿Qué función ocupa el arte en la sociedad actual?

-Vivimos en un mundo bastante caótico en lo personal y, sin embargo, con una libertad muy reglamentada. Y en el arte existe un exceso de clientelismo, marcado por aquellos que lo financian, que señalan lo que es arte y lo que no lo es. Lo que yo pienso es que el arte debería ser un espacio para la rebeldía y la libertad.

-¿Plantea muchas dificultades decantarse por esa vertiente rebelde del arte?

-Las lógicas por no someterse a los dictados de quienes sustentan y promueven la actividad artística o su comercio; pero lo que no puede ser es que hoy se haga pasar por vanguardia un nuevo academicismo que se impone dictatorialmente, lo que nada tiene que ver con las vanguardias del pasado. Ahora está de moda el arte conceptual de cariz político que, curiosamente, sufragan las instituciones. El arte no puede estar controlado por financieros ni por instituciones, tiene que ser lo que quiera ser.

 

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