'El artilugio' de Manolo Calvo Abad vuelve a la acción en una exposición en Almagro

La escultura lumínica 'El artilugio' estuvo en el Barjola en 2005 / E. C.
La escultura lumínica 'El artilugio' estuvo en el Barjola en 2005 / E. C.

El grupo de artistas Q+D rinde homenaje al creador asturiano con la exposición 'Senderos de encuentro' en el Hospital de San Juan de Dios

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Manolo Calvo Abad nació en Oviedo en 1934 y murió en Madrid el pasado mes de octubre. Dejó como legado una vibrante y brillante trayectoria artística y muchísimos amigos. Pionero de la abstracción geométrica española, del expresionismo social, de la experimentación y practicante siempre de un arte comprometido y transformador, su obra forma parte de colecciones tan notables como la del Reina Sofía.

En octubre del año pasado falleció el creador y dejó huérfanos de su talento a un notable grupo de artistas que ahora le rinden homenaje con una exposición que hoy se inaugura -para quedarse hasta el 1 de junio- en el espacio de arte contemporáneo Hospital de San Juan de Dios de Almagro. 'Senderos de Encuentro' es el título de la muestra auspiciada por el grupo Q+D. Manolo Calvo Abad les comisariaba a ellos y la exposición que juntos estaban organizando en la ciudad manchega, pero le llegó la muerte, y sus compañeros, lejos de parar las máquinas, quisieron inyectarles más combustible. Se reunieron y decidieron seguir adelante con la muestra, que se habría de convertir a un homenaje a él.

Manolo ya había elegido 'El artilugio' para exponerlo junto a ellos. Y esa pieza, icónica y única, vuelve a funcionar a partir de hoy. Se trata de una obra de finales de los años sesenta con la que Manolo buscaba utilizar la luz y el movimiento como materiales artísticos, siguiendo así los criteros del arte cinético que daba sus primeros pasos en París. Creó así una obra de arte dinámica que convertía al espectador en algo más que eso, pues permitía a quien miraba accionar un mecanismo que metamorfoseaba la escultura. Cables y coloridas bombillas compusieron así uno de los precedentes de la performance y el arte participativo.

'El artilugio' se mostró en el estudio madrileño del artista en 1967 por vez primera, en una galería de arte de la capital invitando a los transeúntes a interactuar al año siguiente y en el año 2005 viajó a Gijón para mostrarse en la capilla de la Trinidad del Museo Barjola, donde se instalaron una docena de interruptores y tres peras para ser usados por el público. Más tarde, sin movimiento, formó parte de una exposición de la Fundación Juan March. No ha sido fácil volver a hacerlo funcionar. Disperso en piezas guardadas en distintos lugares, fue necesario encajarlas y darles marcha con la colaboración de los técnicos del Barjola. Son seis metros de altura por cuatro y medio de ancho y es un entramado de bombillas y elementos luminosos adheridos a cables y conectados a una mesa de control.

Ahora se desembala y vuelve a dejarse ver y querer en una muestra multidisciplinar al extremo, en la que toman parte artistas digitales y electroacústicos, fotógrafos, pintores, escultores, grabadores y ceramistas. Juan Barte, Juan Antonio Lleó, Koche, Santiaga Molina, Cacha, Budy, Raúl Díaz, Isabel Rodríguez, Raúl Notario, Reyes, Mara Marinas, Inglima-Fifi y Manuel Calvo Moura, el hijo de Manolo, comparten desde hoy espacio con 'El artilugio'.