Dos artistas con denominador común

A la izquierda, 'Ego', 'Sphere' y 'They wacht', de Javier Ortega. 'Lluvia cromática', 'Polaridad y 'Finisterrae', obras de Pelayo, a la derecha. El hijo con su padre, arriba, juntos en Cornión con dos de las piezas de la muestra que mañana abre sus puertas en la galería gijonesa. / PALOMA UCHA
A la izquierda, 'Ego', 'Sphere' y 'They wacht', de Javier Ortega. 'Lluvia cromática', 'Polaridad y 'Finisterrae', obras de Pelayo, a la derecha. El hijo con su padre, arriba, juntos en Cornión con dos de las piezas de la muestra que mañana abre sus puertas en la galería gijonesa. / PALOMA UCHA

Pelayo Ortega y su hijo Javier exponen sus dos maneras de contar el mundo con herramientas diferentes | Mañana se inauguran en Cornión dos muestras, una con la pintura y el lienzo como pratagonistas, y otra que pone luz sobre el hoy en metacrilato y aluminio

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

Hay orgullo mutuo y hay mundos comunes, inquietudes compartidas para ser contadas con herramientas dispares. La pincelada, la materia pictórica sobre el lienzo, ha sido y es el cómo, dónde y porqué en la obra de Pelayo Ortega, que vio nacer, crecer y hacerse hombre de arte a su hijo Javier con el ordenador siempre muy a mano, con el diseño gráfico como aliado, con la música como banda sonora, pero sus geometrías y geografías remiten a lugares comunes, a un denominador que va más allá de su apellido. La galería Cornión acoge la primera exposición individual de Javier Ortega y la enésima de Pelayo Ortega, uno de sus artistas de cabecera, que se siente en casa en la calle de la Merced y por eso lo entiende el lugar perfecto para que el hijo salga a escena, tome la alternativa en el lenguaje taurino que gusta de usar el padre, con sus obras realizadas sobre metacrilato y aluminio, muchas de ellas retroiluminadas, repletas de alusiones al cosmos y que esconden horas y horas de trabajo que aúnan dos pasiones: la música y el diseño gráfico. Javier, de 32 años, que vive en Madrid donde comparte, muy cerca de plaza de Castilla, estudio con su padre, primero dibuja bocetos, da forma a la manera más artesanal a la idea que quiere plasmar, luego la traslada al ordenador y desde allí se imprime ya no en lienzos, el elemento casi absoluto en el que se mueve su padre, sino en esos modernos materiales sobre los que intervenir después con pinturas acrílicas para enlazar el arte de siempre con el de hoy.

Pelayo, en cambio, no abandona el pincel. Es más, reivindica alto y claro la pintura. Pero, quizá ahora, confiesa, se siente más libre que nunca para hacer lo que quiere, sin ningún tipo de temor, mirando cada vez con más ganas hacia el mundo de la abstracción, pero manteniendo siempre algún elemento que es sello de la casa, como esa figura humana que redimensiona óleos y acrílicos con su sola presencia en un simple trazo negro. Son 33 cuadros los que se mostrarán a partir de mañanas con su firma y todos ellos son dispares, pero mantienen una coherencia, son hijos legítimos y reconocibles de su autor, pero buscan con premeditación y alevosía que no haya una unidad: cambian los formatos, de unos cuadros pequeños a otros enormes, de pinceladas finas a trazos gruesos. Pero es él, inequívocamente él, ocupando las paredes de la sala alta, para dejar a su hijo la parte de abajo con 19 obras. «A la hora de trabajar me gusta manejar cuestiones antagónicas formalmente, cosas muy sobrias y otras muy densas, unas muy cargadas y otras no tanto, procuro trabajar con todos esos elementos que me da la pintura», resume el creador nacido en Mieres que juega con éxito al eclecticismo en una muestra formada fundamentalmente por obra reciente, de este mismo año. «En algunas obras reviso el camino andado y otras abren vías de futuro», explica, y habla de cómo los elementos figurativos y referenciales tienden a decir adiós.

Conviven todas esas formas a la perfección sobre la paredes de Cornión con las que más abajo muestra su hijo. «Yo estoy muy agradecido, satisfecho e ilusionado por exponer en una galería a la que mi padre lleva tantos años vinculado», dice el pequeño de los Ortega, que se ha tirado casi dos años montando 'Dimensional Flush', que así se llama la exposición que comenzó mirando hacia el arte gráfico y ha ido virando hacia lo más vanguardista.

-Partiendo de que su obra no tiene nada que ver, ¿qué tienen que ver su hijo y usted como artistas?

-Javier trabaja con un lenguaje del siglo XXI, digital e informático, él está pintando con otras herramientas, no con pigmentos. Salvando eso, en él veo unas constantes como los conceptos espaciales, cósmicos, el tiempo, y ahí sí rastreo, no digo influencias, pero sí preocupaciones comunes. Su obra tiene un fondo trascendente y yo también tengo muchos cuadros dedicados a cuestiones como el universo. Veo elementos comunes.