La Audiencia de Barcelona dice que la escultura de Dalí de Juan González-Quirós es auténtica

Una imagen de la escultura que motivó el juicio / E. C.
Una imagen de la escultura que motivó el juicio / E. C.

Tras quedar demostrada su inocencia en el juzgado, el coleccionista asturiano reclama daños y perjuicios a los japoneses que le acusaron de estafa

MIGUEL ROJO GIJÓN.

Juan González-Quirós y Corujo, Conde de la Carrera y propietario del palacio de Labra, en Cangas de Onís, reclamará una indemnización por daños y perjuicios al consorcio japonés que le acusó de estafa, en virtud de la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona por la que han sido absueltos los acusados y ha quedado acreditada la autenticidad de la obra 'Dios solar emergiendo en Okinawa', de Salvador Dalí. Aseguraban los nipones que la escultura del artista catalán que les había alquilado el coleccionista asturiano para una exposición y que pretendían comprar -la misma que hace años había estado expuesta en Okinawa y de la que se encaprichó la delegación nipona- no era auténtica, y le llevaron a los juzgados. Explican desde el entorno del conde que, aunque delicado de salud -en mayo de 2018 se archivaron provisionalmente las actuaciones contra él por sus problemas médicos-, sigue de cerca todo lo que sucede y que la resolución judicial ha servido para limpiar su nombre. «Nuestra escultura de Salvador Dalí es auténtica, ha quedado demostrado», celebraban fuentes cercanas a la familia.

Y es que la obra de arte, sentencia el tribunal, es propiedad de González-Quirós y es original, pero fue «cuestionada arbitrariamente por los adquirientes de la misma, el Comité de Okinawa Dalí Project, que no hicieron frente al pago acordado». Además, «ha quedado probada la falta de rigor de la pericial realizada en su día por la Fundación Gala-Salvador Dalí, plagada de errores y falsedades». En ella se basó la acusación para basar el caso, pero una vez en la sala -con la escultura presente, por cierto-, el tribunal comprobó que no había sustento en sus análisis. «Debemos poner de manifiesto la falta de rigor de la pericial», puesto que realiza afirmaciones sobre el material y los corales que la ornamentan «simplemente con la inspección ocular de la misma». Y se pudo comprobar de hecho que era de plata, y no de bronce como mantenía la acusación.

Ahora, el Conde de La Carrera -título, por cierto, cuya legitimidad asegura el Cuerpo de Nobleza del Principado de Asturias que nunca ha puesto en duda- reclamará no solo los daños y perjuicios ocasionados, sino también el regreso a Asturias de la escultura, que ha quedado en el juzgado de Barcelona con el Comité de Okinawa como depositario, «sin perjuicio del derecho de las partes a acudir a la jurisdicción competente para resolver la controversia contractual subyacente». Esto es, aún habrá que decidir si el comité japonés acaba de pagar la escultura y se la queda o si, al no haber sido pagadaen su totalidad la cantidad en la que ambas partes habían fijado el precio de la obra de arte, que eran más de 600.000 euros, la devuelve. Los japoneses dejaron de pagar desde el año 2009, cuando se inició este conflicto que acabó en los tribunales y que aún no ha visto su final definitivo. No mientras la escultura siga sin volver a manos de sus legítimo propietario.

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