Bajo las alas de Leonardo

Bajo las alas de Leonardo
Ángel Marcos, de Liberbank; Julio Rodríguez, de Caser seguros; Goyo Ezama, director general de EL COMERCIO; Carlos Siñeriz, director general de la Fundación Cajastur Liberbak, y Jorge González-Palacios, de Divertia, observan las alas batientes de Leonardo en el patio del Palacio. / PALOMA UCHA

El Revillagigedo inaugura mañana una exposición que subraya la genialidad del escultor, pintor, ingeniero, arquitecto y científico florentino con el patrocinio de EL COMERCIO

PACHÉ MERAYO

Para abrir boca, un tambor de guerra que si se accionara ahora vaciaría en segundos el palacio. Leonardo lo diseñó atronador para expulsar con su sonido al enemigo. Estaba convencido el genio florentino de que con él no dejaría en pie un solo adversario en mitad de la contienda. Hoy son sus formas, casi asomadas a la plaza del Marqués, las que saludarán al visitante de la exposición 'Leonardo da Vinci, el inventor', que abre este jueves sus puertas en el Revillagigedo, adelantándose al quinto centenario de la muerte del escultor, arquitecto, ingeniero, científico y pintor italiano, fallecido en 1519. El mundo celebrará por todo lo alto el año que viene la efeméride. Asturias lo hace ahora con esta muestra que cuenta con el patrocinio del diario EL COMERCIO y pretende subrayar el gran legado dejado por el hombre que define por sí solo el Renacimiento. La cita preparada con algunos de sus ingenios también lo hace. Porque en ella se da cuenta de cómo su pensamiento y sus manos recorrieron todas las disciplinas imaginables. De hecho, su comisario, Alberto Peña, ha estructurado el viaje a la Florencia del siglo XV en que nos sitúa la exposición, en esas diferentes materias. Desde la arquitectura a la ingeniería, pasando por toda la ciencia que encierran su dedicación al aire que quiso surcar y el agua que pretendió dominar. Un barco de palas, que siglos después siguen recorriendo las aguas del Mississippi, con idéntica mecánica; una escafandra de buceo ideada, cuenta Peña, «para limpiar las aguas de Venecia», que aún hoy sorprende. Y del mar al cielo. En el patio columnado del palacio, suspendido de la cubierta de cristal, una de sus piezas más conocidas y también la que más sueños le quitó o quizá la que más soñó utilizar, las alas batientes. Y no es la única que se refiere a esa obsesión por el vuelo. Un paracaidista que nunca llegó a poder poner en práctica -«pero que es, como todo, un primer paso para lo que la técnica logró después»- y un ala articulada, que imita los movimientos musculares y óseos de los pájaros, hablan en la segunda planta de cuánto tiempo y reflexión dedicó Leonardo a la posibilidad de volar.

De hecho, uno de los códices que toma esta exposición como partida es el de 'El vuelo de los pájaros', que también aparece en versión facsímil, bajo vitrina, en una de las salas del palacio. Sin embargo, el códice más interpretado es el de Madrid. Sus tomos I y II son la base de la mayor parte de las piezas reproducidas, aunque también hay alguna del Atlántico, quizá el más conocido de los tres. Y entre ingenio e ingenio destinado a hacer «la vida más fácil», un recorrido por aquello que diseñó para la guerra, (un carro blindado y una catapulta). En la sala contigua, bajo los acordes de un órgano de papel que suena de fondo recordando que Leonardo también se acercó a la música, como advierte el director general de la Fundación Cajastur Liberbank, Carlos Siñeriz, aguardan miradas los mecanismos de ingeniería y después los de construcción. Un alzacolumnas, una grúa y hasta un ascensor que se elevaba manualmente. Y entre todos, unas pantallas táctiles que permiten observar cómo sería su movimiento si el que mira pudiese, que no puede, tocar.

En la presentación de ayer participaron también Julio Rodríguez, de Caser Seguros, Jorge González-Palacios, de Divertia, y Goyo Ezama, director general del diario EL COMERCIO.

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