Barjola vuelve a Gijón por partida doble

Pieza compuesta por seis grabados del extremeño, en los que hace un estudio completo del desarrollo de una corrida. / CAROLINA SANTOS
Pieza compuesta por seis grabados del extremeño, en los que hace un estudio completo del desarrollo de una corrida. / CAROLINA SANTOS

El equipamiento de la Trinidad adecúa estos días el espacio para volver a colgar la obra del pintor extremeño, que ya luce desde ayer en la joven galería gijonesa | Su museo recupera dos plantas para mostrar su obra y la sala Adriana Suárez le dedica una monográfica

PACHÉ MERAYO GIJÓN.

Juan Barjola, su drama, su compromiso, su desgarrada crónica existencial, sus toros y sus lamentos regresan a las paredes de Gijón. A las del museo que lleva su nombre, que tras prestar sus paredes a las 'Visiones Saharauis' del Premio Nacional de Fotografía Gervasio Sánchez, a las 'Miraes' de los reporteros gráficos asturianos (incluidos los de EL COMERCIO); a los talentos de Tonia Trujillo, Elisa Torreira, Isabel Cadrado y Kae Newcomb, y a la colección de Pilar Citoler, recupera dos plantas completas para el maestro extremeño. Pero también a las de la galería Adriana Suárez, en las que cuelga desde ayer una serie de tauromaquias de una singularidad extraordinaria por su tamaño, todas de trazo pequeño, y por su visión de la arena, en la que brota el dramatismo de la mirada del pintor, que describe en seis piezas unidas en una única obra el desarrollo de la corrida, a modo de estudio, «de análisis», dice la propia Adriana Suárez, que lleva más de un año preparando esta muestra, en la que ha logrado reunir «con muchísimo esfuerzo» varias colecciones privadas. Una de ellas es la de José Gómez, que ha prestado 'Tauromaquia VI', un óleo sobre tabla, que destaca en el conjunto y que deberá volver a su fondo al término de septiembre, cuando la exposición cierre sus puertas.

En total Adriana Suárez exhibe una docena de creaciones de Barjola. Cuatro dibujos a color, dos óleos y la serie de grabados. «Todos son magníficos y todos hablan de la genial mano del pintor».

En su pinacoteca, que se levanta sobre el conjunto arquitectónico de la Trinidad, la cita será mucho mayor, por ser el custodio oficial del legado del extremeño considerado el «maestro del expresionismo figurativo del pasado siglo en España». Un maestro que fue donando obra a Asturias lo largo de su vida, convirtiendo el espacio gijonés, dependiente de la Consejería de Cultura, en el más importante del país, incluso más que los que le representan en su tierra natal. Y para hacer honor a ese título se preparan estos días la segunda y tercera plantas.

Tras cada exposición los muros deben ser retocados y repintados para volver a ser el escaparate perfecto. Una vez concluido ese proceso que se prolongará durante la presente semana, Barjola recuperará su lugar bajo los focos. Y lo hará con toda su intensidad, con los suburbios, las multitudes, las maternidades, la guerra, el erotismo, los retratos apócrifos, también las tauromaquias, los sueños y las crucifixiones, porque en las pinturas que de nuevo saldrán a la luz, se hará un recorrido por todas las etapas de su obra y de su vida, en la que la generosidad fue extrema. Gracias a ella Asturias no solo se convierte en propietaria de la más importante colección pública de sus obras, sino que logra abrir las puertas de «un museo que complementa la exhibición de este espléndido fondo permanente con la de muestras temporales de arte contemporáneo y la celebración de actos culturales diversos de toda índole», incluidos algunos de los que desarrolla AlNorte, la Semana de Arte que promueve EL COMERCIO.

Ahora, tras un verano de muchísima actividad, Barjola será de nuevo el gran protagonista. Con la recuperación de sus espacios y la exposición de la galería Adriana Suárez, vuelve a la arena de Gijón.

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