«Mi cámara ve lo que ve mi corazón»

El fotógrafo italiano Franco Fontana, ante una de sus obras./EFE
El fotógrafo italiano Franco Fontana, ante una de sus obras. / EFE

Invitado hasta junio en el Niemeyer, el fotógrafo italiano Franco Fontana habla desde su casa en Turín de cómo se enfrenta a la «verdad» para interpretar el mundo

PACHÉ MERAYO

Fue un maestro de la fotografía a color cuando el mundo se captaba en blanco y negro», dice admirado José Ferrero al hablar de Franco Fontana. El fotógrafo asturiano comisaría la primera incursión del italiano (Módena, Italia, 1933) en este Norte. Una parada que tiene como escenario el vestíbulo del Auditorio del Centro Niemeyer y que trata de mostrar una parte esencial de la trayectoria de este veterano creador considerado uno de los pilares de la fotografía europea de la posguerra. Museos de Tokio, Colonia, San Francisco, Boston y hasta de Melbourne le tienen en sus colecciones. Aquí, en Avilés, su obra se puede contemplar a través de cuatro de sus mejores series: 'Paisaje', 'Paisaje urbano', 'Serie asfalto' y 'Fragmentos'. Será hasta el 17 de junio, una fecha que Fontana tiene señalada en su calendario porque no quiere que llegue antes de haber viajado a Asturias para visitarla.

-No pudo venir a la inauguración.

-No. Me hubiera gustado, pero la muerte repentina de mi hermano... Mi apretada agenda de trabajo... Pero lo que es seguro es que intentaré ir por todos los medios antes de que termine. Quiero mucho a España. Es un país donde se me ha tratado muy bien. Una de mis primeras exposiciones fue en Barcelona y una de las últimas en el IVAM, de Valencia, donde, además hice una importante donación.

-La exposición asturiana abarca varias décadas. ¿Las 60 imágenes elegidas representan su camino?

-La exposición es una muestra muy sintetizada de mi labor. De la labor de mi vida. Creo que habla más de mi pasado que de mi presente.

-Hay épocas en las que su objetivo es el paisaje natural, otros el urbano. ¿Qué le lleva a retratar uno u otro?

-Todo me gusta. No hay nada hacia lo que no mire, en lo que no ponga mi atención. Lo mío es una creatividad continua y en ese proceso trato de interpretar cualquier cosa. Si algo capta mi atención, me inspira, me paro y fotografío. Da igual que sea un paisaje, una ciudad o una persona. Solo sé que algo que existe en un momento determinado; en el siguiente instante ya no está.

-El color de sus fotografías es impresionante. ¿Es real o está tratado?

-Todo es verdad. No hay nada inventado. La única intervención de mi parte es la interpretación que hago de la realidad. Pero lo que está en la foto es lo que había ante mis ojos. También ante mi corazón. Mi cámara ve lo que ve mi corazón. El de otra persona, a lo mejor, ve otra cosa diferente.

-He leído que busca mostrar la parte de la realidad que no vemos. Su realidad ideal. ¿Es así?

-Lo que fotografío es mi realidad. No sé si es una verdad ideal, porque creo que la fotografía no registra el ideal, sino la verdad. Lo que ve. Bueno, al menos, mi realidad. Cuanto aparece delante de uno lo puede ver cualquiera, hasta un perro. Yo voy más allá, intento interpretar lo que siento, lo que mi corazón desea.

-¿Cuál es el secreto?

-Arriesgarse, siempre arriesgarse y desde luego tener voluntad y corazón.

-¿Ya ha dejado la cámara analógica que tanto le gustaba?

-Sí, claro. Hace tiempo que vi las ventajas, las enormes ventajas de todo tipo de la fotografía digital. Velocidad y economía, por encima de todo. Tiene muchas posibilidades. La principal es que puedo hacer veinte mil fotografías en poco tiempo, sin ningúna preocupación.

-Se dice que sus fotos son pura poesía. ¿Usted se siente poeta?

-La fotografía es siempre un pretexto. Un pretexto para interpretar el mundo. Lo que veo, lo que pasa. Es la superficie y bajo ella está, sí, la poesía. Mi obra es una versión poética de lo me gustaría intentar recrear. En ningún caso es una ilustración del mundo, sino una interpretación.

-También se ha comparado su obra con la pintura.

-La pintura es una interpretación abstracta de la realidad, desde el folio o el lienzo en blanco. La fotografía, sin embargo, es una verdad total. En ella no puedes añadir. El tiempo se detiene en ella, mientras que el pintor puede seguir añadiendo verdad e interpretación. Es mucho más complicada la fotografía.

 

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