Descubren grabados paleolíticos en la cueva riosellana del Tenis

GLORIA POMARADA RIBADESELLA.

La cueva riosellana de La Viesca, enclavada en el macizo de Ardines, ha permanecido en el olvido durante décadas. Lo cuenta Alberto Martínez-Villa, investigador que junto a Marelia Gil ha escudriñado con ojo científico cada rincón de una cavidad que llegó a ser utilizada como cancha de tenis «por los críos de Ardines». Sus exploraciones les han llevado a descubrir grabados profundos exteriores en una pared erosionada por el agua de la zona que conecta la entrada con la sala principal. El hallazgo, abunda, es tan novedoso como fortuito. «Los grabados no se habían visto antes porque la cueva se creía arrasada, el año pasado fuimos a verla y dimos con ellos», explica el prehistoriador y arqueólogo. El conjunto de arte parietal ahora desvelado fruto de esos trabajos consiste en «seis líneas verticales profundas», con trazos en V «que van formando óvalos». «Lanzamos la hipótesis de que, por paralelismo con otros casos, pueden ser formas vulvares, algo bastante típico de los primeros momentos del arte paleolítico», indica.