Diálogo artístico, radiografía histórica

Alfonso Palacio, director del museo, hablando sobre 'Taller 8', de Braque, perteneciente a la Colección Masaveu, una de las obras maestras de la exposición. /  HUGO ÁLVAREZ
Alfonso Palacio, director del museo, hablando sobre 'Taller 8', de Braque, perteneciente a la Colección Masaveu, una de las obras maestras de la exposición. / HUGO ÁLVAREZ

El Bellas Artes suma tres Picassos en una misma sala, abrazados por Gris, Braque, Blanchard, Dalí y MiróLa colección Masaveu muestra algunas de las obras maestras de las vanguardias en una privilegiada «exposición de gabinete»

PACHÉ MERAYO OVIEDO.

Son solo ocho piezas. Seis óleos sobre lienzo, una litografía y un dibujo, pero juntas suponen una de las mejores ocasiones de asomarse a las vanguardias, pues son sus padres los que firman el encuentro, la nueva cita del Museo de Bellas Artes de Asturias, que ofrece desde ayer una radiografía de un momento histórico, aquel en el que el rumbo del arte dio un giro de 180 grados para abandonar los cánones del Renacimiento y romper todas las normas. Una ruptura que se llevó a cabo con pinturas como las que se pueden ver ahora en Oviedo, en la sala 23 del edificio de la ampliación. Presidiendo el conjunto, el imponente 'Mosquetero con amorcillo', de Picasso, que en realidad es un autorretrato doble del malagueño. Flanqueándolo, dos de sus recreaciones de mujer (a la derecha Olga Khokhlova, su primera esposa, y a la izquierda Jacqueline Roque, la segunda). Contemplarlos juntos es todo un «privilegio», dice el director de la pinacoteca, Alfonso Palacio, que define su exposición como «de gabinete». En ella, otra «gran obra maestra», un taller de Georges Braque, que conversa directamente con una de las mejores composiciones cubistas de Juan Gris, 'Violín', ejecutada «en sus años de mayor apogeo» y a la que mira de frente.

Solo con esas telas, todas a excepción del Picasso central ('Mosquetero...') pertenecientes a la Colección Masaveu, la exposición sería ya un gran acontecimiento. Pero no se queda solo en ellas y crece más, reuniendo en la misma estancia un bodegón fragmentado de la genial María Blanchard, otra de las figuras fundamentales de esa primera vanguardia. Habla con ella una litografía de Joan Miró, que, según Palacio, «lleva en sus tintas casi todos los signos del dialecto mironiano». Y para cerrar la escena, haciendo broche perfecto, Salvador Dalí. Un dibujo en tinta sobre papel del maestro del surrealismo, 'Metamorfosis de ángeles en mariposas', gobierna otra de las paredes enfrentado a las tres piezas picassianas. Su obra, como el Blanchard, el Miró y el mosquetero de Picasso, pertenece a las colecciones del museo. Llegaron a él a la muerte del financiero Pedro Masaveu, cuyos herederos dieron en pago por dación más de 400 obras de arte, entre las que están estas que permanecerán ante la mirada pública hasta enero, invitando a un viaje a los orígenes del cubismo y del surrealismo. Un viaje que es, además, según el viceconsejero de Cultura, Vicente Domínguez, un sillar esencial de este «verano Masaveu», que describe no solo la cita del Bellas Artes, sino también la que llena con la luz de Sorolla el Centro Niemeyer, posible igualmente gracias a la colección de la corporación asturiana. Su generosidad hace posible «encerrarse en un lugar lleno de referencias y de significados».

En su entorno se articulará hasta fin de año una programación de conferencias, visitas guiadas, talleres y un ciclo de cine.

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