El expresionismo abstracto americano se desvela en Oviedo

Sin título, 1923, óleo sobre cartón de Esteban Vicente de la colección Sagrario de Ulierte Vicente, Madrid. /
Sin título, 1923, óleo sobre cartón de Esteban Vicente de la colección Sagrario de Ulierte Vicente, Madrid.

El Bellas Artes se abre a la luz, el color y los trazos de dos creadores con periplos paralelos, que viajaron de París a Nueva York y fueron profetas en su España

MARIFÉ ANTUÑA

Dos. Solo dos españoles formaron parte del expresionismo abstracto americano, una de las corrientes artísticas más importantes del siglo XX a la que se asocian nombres tan señeros en la historia del arte como Jackson Pollock, Franz Kline y Willem de Kooning. Esteban Vicente (Segovia, 1903-Barcelona, 1991) y José Guerrero (Granada, 1914-Long Island, 2001), ambos casados con mujeres estadounidenses, ambos vecinos del Nueva York emergente y efervescente que dio a luz al movimiento, son las dos figuras claves y son también los protagonistas de la exposición que el próximo día 20 abre sus puertas en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Coorganizada con Acción Cultural Española y coproducida por el Centro José Guerrero de Granada y el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, consta de más de sesenta piezas procedentes de una veintena de colecciones e instituciones que revelan las similitudes de esos creadores que nunca se habían mirado de forma conjunta, que hasta ahora habían sido observados en su individualidad.

Ambos tienen una férrea personalidad artística y estilística que justifica esa mirada a solas, pero existe un camino común que les lleva hacia el mismo lugar. «Existen una serie de coincidencias vitales que marcan los años de aprendizaje de los dos. Esteban Vicente nace en 1903 y José Guerrero en 1914, por lo que, hasta la fecha central en las dos trayectorias, el primero se anticipó a los movimientos del segundo. Pero compartieron los mismos escenarios», han dejado impreso Francisco Baena, director del Centro José Guerrero, y Ana Doldán, directora conservadora del Esteban Vicente, en la introducción de la muestra que acaba de cerrar sus puertas en Granada. Para empezar, ambos estudiaron en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, ambos viajaron a París siguiendo la vanguardia artística, se sintieron atraídos por Matisse, por el cubismo y por la Escuela de París y a ambos el matrimonio con norteamericanas les llevó a tomar rumbo a Estados Unidos. Vicente, en 1936; Guerrero, en 1949. De la figuración pasaron a la abstracción cuando el nuevo continente marcó el punto de inflexión. Fue en 1950. En esa fecha, Vicente es seleccionado para la exposición 'Talent 1950' y Esteban se instala en el Greenwich Village neoyorquino. «Se relacionaron, cada uno con sus filias y sus fobias, con De Kooning, Rothko, Kline, Motherwell, Guston, Newmann, Pollock, etc., y desde entonces se mantuvieron fieles a los dictados de la primera generación del expresionismo abstracto americano», apuntan Baena y Doldán. Hubo también diferencias estilísticas en ambos, pero los dos españoles tuvieron idéntica preocupación por el color.

El recorrido que traza la muestra busca encontrar ese periplo compartido, que comienza en 1923 y finaliza en 1990, que va de los inicios figurativos al descubrimiento de la abstracción, de la ruta hacia la madurez, la búsquedad de la voz propia, de la emoción, de la estructura, de la manera de atrapar y plasmar la luz.

Se ha contado con piezas que forman parte de las colecciones del Museo Reina Sofía, del Patio Herreriano, del Banco de España, así como de los espacios granadino y segoviano que coproducen la muestra y rinden tributo a ambos artistas. También las familias de los creadores y coleccionistas como Alberto Alcocer han cedido obras que se sirven de diferentes técnicas y soportes: del óleo sobre cartón a la acuarela sobre papel, el collage, el aguafuerte, el gouache y, por supuesto, el óleo sobre lienzo, la más representada.

Hay color, luz, inspiración y una vida rica, reconocida en su país donde ambos vieron cómo su obra se hacía grande y recibía el aplauso. Guerrero regresó a España con su famila en 1968 y solo cinco años después veía cómo se organizaba en Granada una antológica; nunca paró de crear, de evolucionar, de encontrar nuevos formatos e inspiraciones. Falleció en Barcelona en 1991 y tres años antes el Reina Sofía le había dedicado una retrospectiva; en 2000 abrió en Granada el centro que lleva su nombre. Vicente, cuyas cenizas reposan junto a las de su mujer en el jardín del museo segoviano que se inauguró en 1998, murió en Estados Unidos en 2001. También el Reina Sofía, en 1998, le dedicó una retrospectiva, aunque ya antes, en 1987, el Banco Exterior de Madrid organizó su primera retrospectiva en su país.

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