Fusión de raíces y horizonte ante el 'Elogio'

Cuatro de los integrantes de Kukai Dantza, ayer, bajo el 'Elogio del Horizonte'. / PALOMA UCHA
Cuatro de los integrantes de Kukai Dantza, ayer, bajo el 'Elogio del Horizonte'. / PALOMA UCHA

El espectáculo inauguró el congreso que hoy se celebra en la renovada Escuela de Comercio en colaboración con el Aula de Cultura de EL COMERCIO Kukai Dantza realizó una 'performance' bajo la obra de Chillida que mezcló tradición y modernidad

A. VILLACORTA GIJÓN.

Aire, agua y tierra. Asturias y Euskadi. Futuro y orígenes se fusionaron ayer tarde en perfecta alquimia bajo uno de los emblemas de Gijón: el 'Elogio del Horizonte' levantado por Chilida en lo alto del Cerro de Santa Catalina. Y lo hicieron de una manera casi mágica de la mano de la compañía guipuzcoana Kukai Dantza, especializada en pasar por el tamiz de la modernidad los bailes tradicionales vascos, que escenificó una 'performance' a modo de inauguración de InnovaConcrete Workshop, las jornadas de trabajo sobre los usos del hormigón en la arquitectura moderna y la escultura que hoy se trasladarán a la renovada Escuela de Comercio gijonesa. Un congreso enmarcado en un proyecto financiado por la Unión Europea (centrado en la obtención de nuevas técnicas y elementos para la conservación y el mantenimiento de monumentos y obras públicas realizadas en este material) que cuenta con la colaboración con el Aula de Cultura de EL COMERCIO y que incluirá la presentación de los estudios de diagnóstico sobre el estado del icono de Cimadevilla.

Para dar la bienvenida a sus participantes, cinco bailarines de la compañía nacida en 2001 en Rentería liderados por Jon Maya -y arropados para la ocasión por el cantante Thierry Biscary- adaptaron a ese «espacio fantástico» un espectáculo basado en la creación 'Oskara' y coreografiado por Marcos Morau. Una elección que no fue casual, porque, como explicó el propio Maya, «Chillida y Kukai comparten algo muy importante, y es que realizan arte contemporáneo indagando en las propias raíces».

«Chillida habla de un árbol con las raíces firmemente ancladas en la tierra, pero con sus ramas a modo de brazos abiertos al mundo. Ramas que llegan tan lejos como puedan llegar», añadió el coreógrafo, un apasionado del 'Elogio' y del maestro donostiarra que ya ha llevado sus bailes con aires de aurreskus futuristas y melodías ancestrales en euskera al 'Peine del viento' y al Museo Chillida-Leku.

Una mixtura que también quiso destacar el hijo del escultor, Luis Chillida, que asistió emocionado a las evoluciones de los dantzaris frente al mar, bailes que también quisieron ser un tributo al arte de su padre, que defendía que «el horizonte era la patria de todos los hombres, que la visión del horizonte es algo que todos tenemos en común. Así que siempre quiso esculpirle un elogio y, durante muchos años, buscó el lugar donde hacerlo. Hasta que llegó a Gijón. Porque, para mi padre, cada obra tenía su lugar específico. Y, sin duda, en su mente, este proyecto estaba hecho para este lugar concreto».

Pero no basta con encontrar la ubicación exacta a la que cada escultura está llamada, porque «las obras tienen también que ganarse el sitio donde están. Y creo que esta lo ha logrado. Ha conseguido ser un símbolo de esta ciudad. Estoy seguro de que mi padre, que está allá arriba, habrá disfrutado mucho de esta tarde y de este patrimonio que tenéis en Gijón y que él hizo con toda su ilusión».

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