El genio que «llegó a tener obsesión con la rapidez»

Consuelo Luca de Tena, directora del Museo Sorolla./
Consuelo Luca de Tena, directora del Museo Sorolla.

Una exposición de fotos del artista y otra de pequeños óleos pintados en Asturias completan la muestra principal

A. VILLACORTA AVILÉS.

Mientras Blanca Pons-Sorolla -que tiene identificadas más de 2.000 falsificaciones- ultima el primer volumen del catálogo razonado de la obra de su abuelo, que incluye 1.300 cuadros de un total de 4.500 («yo me moriré antes de ver concluido el catálogo completo, pero lo dejaré encauzado»), la directora del madrileño Museo Sorolla, Consuelo Luca de Tena, trabaja codo con codo con ella en la gran retrospectiva que albergará, en marzo, la londinense National Gallery, de la que la muestra avilesina es un aperitivo de lujo.

«Esta exposición asturiana ha surgido casi por casualidad, pero el resultado es excepcional. En primer lugar, porque es una colección de obras magnífica en número y calidad», explica. «Y, en segundo lugar, porque se acompaña de otras dos exposiciones que vienen del museo y que son muy buenos complementos».

Luca de Tena se refiere así a las dos muestras que abrazan en la Cúpula del Niemeyer a los cuadros del artista. La primera de ellas, denominada 'Notas de Asturias', presenta obras de pequeño formato que el genio utilizaba como anotaciones rápidas y que llamaba 'notas de color', pequeños óleos que solía pintar sobre tablillas o cartones. Y, para esta ocasión, se han seleccionado aquellas en las que plasmó paisajes de la región después de trabar amistad en Italia con el asturiano Tomás García Sampedro, que fomentó la formación de una colonia de pintores naturalistas en Muros de Pravia, donde tenía una finca, La Pumariega, y donde el valenciano pasó temporadas entre 1902 y 1904.

En cuanto a la segunda, 'Sorolla en su paraíso', ofrece un retrato del creador y de su universo artístico y personal a través de más de setenta fotografías que lo muestran rodeado por su familia y en su entorno de trabajo. «Hay fotos estupendas del retratador retratado que dan muchas pistas sobre cómo trabajaba, con el caballete y un gran aparataje plantado en medio de una zona de la playa que reservaba. Llegó a tener verdadera obsesión por la rapidez y a desarrollar una técnica velocísima, porque, gracias a eso, conseguía captar la luz como lo hacía», resume la responsable del museo que lleva su nombre, que está convencida de que, además, «se encontraba a sí mismo bastante interesante porque posaba muy bien. Era un hombre atractivo, con una mirada muy potente y que mantuvo la pasión por su esposa Clotilde hasta el fin de sus días y se seguían mandando cartas y flores». La 'fiebre sorollista' se extiende imparable: «Por una obra mediana se han llegado a pagar cuatro millones y medio de euros».

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