«Uno de los grandes retos de los museos es no morir de éxito»

Miguel Falomir, en la sala de escultura clásica del Prado./E. C.
Miguel Falomir, en la sala de escultura clásica del Prado. / E. C.

«La prohibición de hacerse selfis ante los cuadros nos ha generado muchas críticas, pero también hay gente que nos lo agradece» Miguel Falomir Faus. Director del Prado

AZAHARA VILLACORTAOVIEDO.

Dos siglos de vida dan para mucho y el Museo del Prado -flamante Premio Princesa de Comunicación y Humanidades- esconde entre sus muros una existencia fascinante que incluye robos como el de varias piezas del 'Tesoro del Delfín' (hijo de Luis XIV y padre de Felipe V), que desencadenó una investigación digna de Sherlock Holmes. Incluso una evacuación de película durante la Guerra Civil, con centenares de pinturas rumbo al exilio, «un momento extraordinariamente difícil que se resolvió muy bien», cuenta Miguel Falomir Faus (Valencia, 1966), el hombre al frente de «la institución cultural más importante del país». La oveja negra de una familia en la que era norma dedicarse al Derecho y que en marzo de 2017 tomó las riendas de la pinacoteca tras vencer su reticencia inicial por tener que dejar su trabajo como jefe del Departamento de Pintura Italiana y Francesa del museo -en el que ya llevaba dos décadas- para ocuparse de su gestión.

-Enhorabuena.

-Muchísimas gracias.

-Tengo entendido que no le apetecía mucho ser el director del Prado.

-Así es. Llevaba veinte años dedicado a labores de historiador del arte en el museo en las que quería seguir, pero al final lo repensé, acepté y estoy muy contento por ello. La verdad es que es un honor y una responsabilidad. Y, además, en un momento bastante especial como el del bicentenario.

-Que llega, además, con un galardón para coronarlo. ¿Se lo esperaba?

-No, francamente. Ese día, además, yo estaba en uno de los proyectos más queridos por mí del bicentenario, 'De gira por España', que consiste en llevar una obra maestra a cada una de las comunidades y ciudades autónomas, y me pilló en Melilla. ¿Hay algún otro sitio más lejos de Asturias? (Ríe). Un proyecto que se cerrará en Gijón, en la Casa Natal de Jovellanos, precisamente con el retrato de Jovellanos de Goya.

-Veo que conoce bien el Principado. ¿Y su Museo de Bellas Artes?

-Es un museo que visito y que admiro. Un gran museo con un director que lo está haciendo particularmente bien y en el que hay donaciones y un depósito importante de obras del Prado, lo que nos alegra mucho.

-¿Habrá alguna sorpresa conjunta vinculada al Princesa?

-Algo se está pensando, pero de momento no puedo avanzar nada (Ríe).

-Sin embargo, es crítico con la política de préstamos.

-El Prado ha prestado demasiadas obras en el pasado. Estamos en un mundo en el que cada vez se presta menos y en el que el compromiso principal del museo es hacia sus visitantes. Hay que intentar que quien venga al museo atraído por una serie de obras las pueda ver. De otra manera, saldría defraudado.

-La gran pinacoteca asturiana se queja como usted de la falta de fondos gubernamentales. Ha dicho: «Queremos que el Museo del Prado esté en la final de la Champions con el presupuesto del Getafe».

-Bueno, uno a veces tiene que recurrir a los símiles futbolísticos porque son los que entiende más gente. Siempre he dicho que la financiación de la cultura en general no está a la altura en un país importante como España, pero confiemos en que todo eso cambie. Para eso son importantes premios como este: para dar visibilidad al mundo de la cultura, al mundo de los museos. Par recordar que son importantes. Y todo lo que es importante debiera estar bien dotado.

-Pero se autofinancian al 70% y la entrada cuesta quince euros.

-Me encantaría que el museo fuera gratuito, pero mi obligación es mantenerlo. Y es importante que el Gobierno contribuya al mantenimiento de instituciones como esta, pero también creo que las instituciones tienen la obligación de buscarse la vida. Siempre he abogado por una financiación 50/50.

-Especialmente en un año en el que celebran dos siglos y en el que están pendientes de la ampliación...

-El bicentenario está prácticamente pagado, pero estamos inmersos en culminar la ampliación. Y, para ello, se necesitaría financiación. La parte arquitectónica ya está hecha. Norman Foster y Carlos Rubio han presentado el proyecto definitivo y ahora confiamos en que los próximos Presupuestos Generales del Estado contemplen una partida que ya estaba incluida en el anteproyecto. Lo que ocurre que, al no aprobarse los Presupuestos, no pudo ser.

-¿Cuándo podría estar lista?

-Dependerá mucho de cuándo se aprueben los Presupuestos. Lo que sí que sabemos es que, en principio, serían cuatro años a partir del inicio de las obras. Yo creo que difícilmente podrán empezar antes de 2020.

-Por las salas del Prado pasan tres millones de personas al año. ¿Tiene miedo a la masificación que acosa, por ejemplo, a 'La Gioconda'?

-Que en los museos haya gente es siempre un motivo de orgullo. En nuestro caso, gracias a Dios, selfis delante de los cuadros no se hacen porque está estrictamente prohibido, una medida que nos genera muchas críticas, pero también hay gente que nos lo agradece. Los museos se han convertido en destinos turísticos de masas. Y, sin duda, ese es uno de los grandes retos que tenemos: no morir de éxito y que la visita al museo no deje de ser placentera para convertirse casi en una pesadilla.

-Usted mismo se ha ido de alguna pinacoteca porque aquello parecía el metro en hora punta.

-Sí. He estado en museos en los que era difícil incluso moverse y creo que a nadie le apetece estar como en una lata de sardinas. En ese sentido, por un lado, hay que congratularse por esa sed de cultura que hay por parte de sectores cada vez más amplios de la sociedad. Y, por otro, tenemos que ver cómo somos capaces de seguir manteniendo el atractivo. Estamos echando mano de todos los instrumentos que tenemos. Desde distintas modalidades de visitas al uso del 'big data'. Tenemos visitas en latín y para reclusos porque nuestra obligación es llegar a todos los sectores del público.

-Y, sin embargo, muchos madrileños aún no lo conocen...

-Así es. Proporcionalmente, el porcentaje de locales que visita el museo es menor que en otros similares. Véase, por ejemplo, el Metropolitan o la National Gallery.

-Tras la exposición de El Bosco, un 'boom' con 600.000 personas, dijo que nunca más algo similar.

-Ese tipo de exposiciones te hacen replantearte cosas. Son exposiciones maravillosas, que atraen al público. Lo que hay que conseguir es que el público siga disfrutando.

-Está intentando dar visibilidad a las mujeres artistas. ¿Ha sido su museo machista?

-El Prado ha sido tan machista como lo ha sido la sociedad española, europea y mundial. Y, por otro lado, el número de artistas femeninas es relativamente reducido.

-¿Tiene alguna obra favorita?

-Depende del momento.

-¿Y alguna que deteste?

-El Prado tiene miles de obras. Es un museo al que llegan cosas y no puede desprenderse de ellas por ley. En los almacenes hay cuadros maravillosos que confiamos que con la ampliación podamos colgar, pero hay otros que son de una calidad muy mala, que llegaron aquí de aluvión y por circunstancias varias, que yo, desde luego, no colgaría en casa.

-El año pasado, el Tribunal de Cuentas cuestionó la compra de la 'Virgen de la granada' de Fra Angelico a la Casa de Alba por 18 millones.

-El Tribunal de Cuentas se metió en un terreno que no era el suyo y yo creo que ignora bastante cómo funcionan los mecanismos del mercado de las obras de arte.

-¿Tiembla cuando ve tragedias como el incendio de Notre Dame?

-El Prado tiene un proyecto de seguridad extraordinario, incluyendo también un plan de evacuación de obras en el caso de que se produjera un incendio, Dios no lo quiera.

-En 1992, el 'Guernica' pasó al Reina Sofía a cambio de la ampliación de su pinacoteca. ¿Volverá?

-Está muy bien allí. Desde luego, no seré yo quien lo reclame.

-Y por último: ¿ve a más políticos de derechas o de izquierdas recreándose con sus obras maestras?

-No se perciben muchas diferencias. El Prado es un modelo de consenso.