Historia viva de la guerra civil en Colloto

Vista general del museo bélico, con la colección de ametralladoras procedentes de la fábrica de La Vega en primer plano. /  FOTOS: I. RIMADA
Vista general del museo bélico, con la colección de ametralladoras procedentes de la fábrica de La Vega en primer plano. / FOTOS: I. RIMADA

El empresario Jorge Sandoval ha logrado convertir su colección sobre la contienda en un referente en el norte de España en menos de un lustro

MARCOS GUTIÉRREZ

Fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa». Esta frase de Albert Camus describe a la perfección el impacto físico y moral de la guerra civil en el espíritu de todo un país. Dice la sabiduría popular que aquel que no conoce la historia está condenado a repetir sus errores. Tal vez por eso, el empresario Jorge Sandoval se hizo en 2015 con el monasterio de El Cuetu, que alberga el búnker de la guerra civil. Al año siguiente comenzó a adquirir con la avidez del que descubre una nueva pasión todos los objetos de militaría y coleccionismo de la época de la contienda. Esa pasión ha alimentado el museo que hoy tiene en Colloto, testigo de una mancha en la historia que no debe repetirse jamás.

Entre las piezas que se exponen Sandoval destaca por su valor histórico la ametralladora Hotchkiss 1914, fabricada en Oviedo «de la que solo me consta otra unidad». Pudo hacerse con este 'Santo Grial' del coleccionismo bélico «antes de que saliera de España para su venta a Rusia, Francia o Alemania, donde estas piezas son muy apreciadas». Entre los artefactos que más llaman la atención a los visitantes que acuden a la muestra están las dos bombas negrillas SC500, la mayor utilizada por ambos bandos en la época, difícil de cargar por los aviones republicanos y que sí empleaban más los nacionales «al cargarlos en aviones más potentes cedidos por el ejército alemán a Franco». «De estas bombas sólo tengo constancia de que haya cuatro en España; dos las tiene el Ejército en Madrid y las otras dos nosotros», apunta.

El museo de Colloto también alberga una moto de la guardia personal de Franco, además de un maletín y una de sus gorras; un camión Ford Dodge, y dos tanquetas (ULN35 y blindado Mercier del que sólo hay una réplica en España). Sandoval destaca que el del coleccionismo «es un mundo complicado, ya que el verdadero coleccionista nunca vende, solo compra. Hay que tener paciencia, dinero y buenos amigos para un buen entendimiento que compense a las partes».

Francisco Fernández, arqueólogo, historiador y colaborador de Jorge Sandoval, no duda en calificar de «excepcionales» algunas de las piezas que alberga el museo. Entre las armas cita el hecho de que la colección de ametralladoras «abarca prácticamente todos los modelos empleados durante la guerra civil, destacando la variedad de modelos que sirvieron por el ejército de la República, y los modelos con uso acreditado en Asturias, gracias a las fuentes documentales, como la Lewis en fortificación y en blindados, el Wz.28 checo y la ametralladora austriaca Schwarzlose». De la fábrica de La Vega proceden, por ejemplo, la Hotchkiss, como ametralladora estándar del ejército español, junto con el fusil ametrallador Trapote, entre otros, empleados por los dos bandos. Entre las armas del bando sublevado destaca «la excepcional MG15 empleada en un avión de la Legión Cóndor desde León y en Asturias y entre la producción del final de la guerra el fusil ametrallador FAO, fábrica de armas de Oviedo, versión española de los Wz checos».

Explica que «la colección de maquetas de blindados es excepcional» por estar representados casi todos los que sirvieron en la guerra en los dos bandos, «tanto los producidos en Asturias y el resto de España como los de importación». También destaca el fondo documental, con litografías originales de propaganda y recortes de prensa de la época. Además se está tratando de cerrar con Defensa la cesión para restauración y muestra de piezas de gran valor. Así, «el museo tendría fondos para más de 5.000 metros cuadrados de exposición».