El hombre que hizo poesía de la espiral

El hombre que hizo poesía de la espiral
Martín Chirino en la inauguración de su exposición en el Barjola en 2007, un año después de participar en AlNorte, la Semana de Arte Contemporáneo de EL COMERCIO. / LUIS SEVILLA

Muere a los 94 años el escultor Martín Chirino, uno de los integrantes del grupo El Paso

MIGUEL ROJO GIJÓN.

Maestro de artistas, señor del fuego y la fragua, poeta de la espiral. El escultor grancanario Martín Chirino falleció ayer a los 94 años en Madrid, según informaron fuentes de su Fundación. Fue poco antes de las siete de la tarde, en las instalaciones del Hospital Universitario de Navarra en la capital española, donde ingresaba periódicamente aquejado de una insistente enfermedad que, finalmente, acabó por quitarle la vida. Asturiano de adopción, fue su hermana, casada con un tapiego, quien le descubrió el occidente de la región. Un lugar en el que empezó a veranear allá por los años 70, en el que acabó pasando largas temporadas y montando una casa taller, en Tapia de Casariego, de la que saldrían muchas de sus ideas y esculturas. Fue estrecho colaborador de AlNorte, la Semana de Arte Contemporaneo creada por EL COMERCIO, protagonizando en 2006 un taller con jóvenes artistas en Arcelor del que nacieron varias exposiciones.

Nació Chirino el primer día de marzo de 1925 en Las Palmas de Gran canaria, en el seno de una familia de clase media. Su padre era jefe de talleres de un astillero y también armador de buques. Su infancia la pasó chapoteando en la playa de las Canteras de su ciudad natal, punto de encuentro de un relevante grupo de intelectuales canarios de la segunda mitad del siglo XX. Allí coincidiría, entre otros, con Manolo Millares y Manuel Padorno. Esporádicamente, trabajó cuando era un jovencito con su padre en aquello de los barcos, realizando por este motivo diversos viajes a distintos países de la costa africana que dejarían una profunda huella en su posterior trabajo escultórico. Como la dejarían los golpes del martillo sobre el metal y los artes de la talla de la madera.

A los 23 años, Chirino viajó a Madrid para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y se adentra tras acabar sus estudios en su personal investigación sobre el hierro y la forja española. En Italia estudiará a los clásicos, completando su formación en la School of Fine Arts de Londres para regresar después a Canarias, donde daría vida a la serie 'Reinas Negras', una colección de obras influenciadas por el arte africano y el surrealismo. El escultor y académico de las Bellas Artes acabó convirtiéndose por méritos propios en uno de los máximos representantes de la escultura abstracta española y, tras sus inicios en solitario, formó parte del prestigioso grupo El Paso junto a Antonio Saura, Manolo Millares, Manuel Rivera, Rafael Canogar, Luis Feito, el asturiano Antonio Suárez, Pablo Serrano, Juana Francés y los críticos José Ayllón y Manuel Conde. El colectivo, que se fundó en 1957 y al que se sumaron al año siguiente Chirino y Manuel Viola, se disolvería cumplidos los postulados propuestos por sus fundadores en mayo de 1960, pero sirvió para aglutinar a su alrededor a todas las vanguardias de aquella España de posguerra. Aún hoy siguen siendo referencia para los artistas contemporáneos.

Fue precisamente también en aquel periodo cuando Chirino realizó su primera exposición individual, titulada 'Los hierros de Chirino', en el Ateneo de Madrid, y allí mostró vez primera sus 'Composiciones' y sus 'Herramientas poéticas e inútiles', obras totalmente abstractas, de hierro forjado, definidas como dibujos en el espacio. En esas mismas fechas redactó un importante texto, en el que definía las características de su propia obra, con el título de 'La reja y el arado'. Fue en un número extraordinario que la revista 'Papeles de Son Armadans' le dedicó al mencionado grupo El Paso.

Instalado en Madrid desde hace 70 años, fue director del Círculo de Bellas Artes entre 1983 y 1990, recibió entre otros reconocimientos el Premio Nacional de Artes Plásticas, la Medalla de Oro de Bellas Artes y el Premio Cristóbal Gabarrón. Con motivo de una gran exposición sobre toda tu trayectoria en la galería Marlborough, Chirino hablaba sobre el arte como motor de su existencia: «Mi vida ha sido una obra continua, es mi pasión y mi fortaleza».

El canario cuenta desde marzo de 2015 con un museo dedicado a su obra en Las Palmas de Gran Canaria que ocupa la primera fortificación erigida en las islas durante la conquista, el castillo de La Luz. Un museo que funciona desde su inicio como una fundación de arte y pensamiento en la que se promueven regularmente debates sobre la creación cultural y los grandes temas sociales. Una casa que se queda huérfana de su inspirador.

Martín Chirino parte del hierro como metal conductor de una obra que busca su máximo potencial expresivo tratando de utilizar siempre un mínimo de materia. Sus esculturas, por lo común de grandes dimensiones, responden a un doble impulso: por un lado, el diálogo con el arte primitivo, los materiales y el paisaje nativo de las Canarias, leídos con los ojos de la evocación imaginativa y la memoria de aquel artista adolescente que soñaba con mover el horizonte de su playa; por otro, un poderoso impulso sígnico que genera todo tipo de geometrías espaciales, por lo general curvas (espirales casi siempre), capaces de iluminar el espacio que las rodea y de ser a la vez, para quien las contempla, enigma y revelación.