Homenaje a Orlando Pelayo, «modernidad pictórica de Asturias»

Luis Feás y Lluis Xabel Álvarez, ante una famosa fotografía que Cartier Bresson le hizo a Orlando Pelayo. /  MARIO ROJAS
Luis Feás y Lluis Xabel Álvarez, ante una famosa fotografía que Cartier Bresson le hizo a Orlando Pelayo. / MARIO ROJAS

Lluis Xabel Álvarez repasó la repercusión del pintor gijonés en un acto del 'Espacio Crítico' en Oviedo

DIEGO MEDRANO OVIEDO.

El recuerdo encendido del pintor asturiano Orlando Pelayo tuvo como protagonista ayer a Lluis Xabel Álvarez, catedrático de Estética y Teorías de las Artes de la Universidad de Oviedo, en los bajos del Hotel Regente de la misma ciudad, gracias al foro de debate sobre tendencias contemporáneas 'Espacio Crítico', cuyo director es el teórico y comisario Luis Feás. Se recorrió el grueso de la trayectoria de uno de los emblemáticos miembros de la Escuela de París que supo llevar siempre dentro su Asturias maternal. Criado en Argelia, amigo y compañero de Albert Camus, defenestrado en los campos de concentración de Orán junto a otros tantos derrotados republicanos su pintura es «absolutamente moderna», a la manera de Rimbaud, sita en un posimpresionismo lindante con la escuela abstracta-minimalista.

Lluís Xabel Álvarez se mostró contundente: «La modernidad pictórica asturiana son Aurelio Suárez, Antonio Suárez y Orlando Pelayo. Mi preferido es el segundo, por su minimalismo». Vista al detalle su producción desde los años cuarenta, Feás negó la mayor: «Nunca es un pintor abstracto, siempre hay un trasfondo figurativo en lo suyo, una disolución de formas donde se observan paisajes encubiertos por formas abstractas pero no al revés». Muelles de París, faisanes, pintor de lo español icónico. El pintor Carlos Sierra, entre el público, el único que lo trató en Francia destacó su interés por el pop art -que entonces era la moda-, Hamilton y compañía, «después de haber descubierto todas las profundidades de la pincelada francesa». Se pasaron dispositivas de sus carnavaladas, su tratamiento como artesano grabador del Siglo de Oro... Capítulo aparte mereció la introducción del objeto vulgar (zapatos, manillas... en el lienzo, como entonces «París obligaba», según Sierra. Su cambio del óleo al acrílico en los 70 se muestra decisivo: aguafuertes más graves, oscuros y rotundos.

Lluís Álvarez reconoció la deuda de Pelayo con el entonces director de EL COMERCIO, Francisco Carantoña, quien se ocupó en la región de su primera monografía y del ordenamiento genérico de sus temas. Luis Feás ve en él una problemática muy similar a la de Manolo Calvo, otro gran olvidado, «a quien los galeristas franceses prohibían ser al mismo tiempo abstracto y figurativo». Sus gafas gruesas de concha, camisas de flores y jerséis de cuello alto quedan en la sensibilidad popular como las luces vivas del mito.

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