Día de júbilo en la gran casa de la pintura

Colas para acceder ayer al Museo del Prado. /  F. C.
Colas para acceder ayer al Museo del Prado. / F. C.

El Prado celebra su premio Princesa de Asturias con una jornada de puertas abiertas que atrajo a miles de personas

MIGUEL LORENCI MADRID.

A mediodía, la sala de las 'pinturas negras' de Goya del Prado parece un vagón del metro en hora punta. Los estudiantes franceses se disputan el espacio con abigarradas piñas de japoneses y demás turistas, foráneos y nacionales, que eligieron visitar ayer la pinacoteca. La mayoría se llevó una grata sorpresa al saber que no debían pagar la entrada. Y es que era día de júbilo y puertas abiertas en el bicentenario museo, que celebraba el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades concedido el pasado martes.

Goya Velázquez y El Bosco. Esta es la infalible 'Trinidad del Prado', la que deseaban ver la mayoría de los visitantes en una jornada que volvía a poner a prueba a un museo, que como el Louvre o la Tate, afronta el reto de gestionar la avalancha y no morir de éxito. Unas 10.000 personas pasaron ayer por sus salas. Con tres millones de visitas al año, la media del pasado año rozó las 8.000 diarias, con un pico de casi 14.000 el 30 de abril. Un flujo que dejó casi 20 millones de euros en taquilla en 2018.

«Además del soldado, ¿van a matar al caballo?». Martín, de siete años, se lo pregunta con cierta angustia a su abuelo ante 'La carga de los mamelucos'. No es la primera vez que el chaval ve el imponente lienzo de Goya. Estuvo antes con el colegio y hoy, de la mano de su «yayo» no pierde detalle de la violenta escena goyesca sobre el 2 de mayo de 1808. «Mira abu, la sangre del suelo todavía no se ha secado», hace notar el crío. Su abuelo le aclara que el brillo proviene del barniz y la función del barnizado. «Él me pidió que le trajera a ver el cuadro que había visto con el cole», explica Hernán, el abuelo. Martín también se acuerda de «ese cuadro con tanta gente pequeñita y tantos bichitos», dice pensando en 'El jardín de la delicias' del Bosco, su próxima etapa en la visita.Goya también es el imán más poderoso para de Mathilde, estudiante francesa de 18 años que ha viajado desde París con 61 compañeros de su instituto. Ninguno sabía que la entrada era gratuita, pero Laurent, su profesor, les explica que se debe al galardón concedido por la Fundación Princesa de Asturias al museo.

Directamente a la sala de 'Las meninas' se dirigen Begoña, Vicenta, Camino, Naiara y Janire. Son cinco amigas llegadas desde de Guipúzcoa y que no sabían que la entrada era gratis ni que el museo hubiera sido premiado. Se lo toman «como un regalo» y dedicarán «a otras cosas los 75 eurazos que vamos a ahorrarnos». «No entendemos mucho de arte y estaremos poco más de una hora» confiesan. Llegan a la puerta de Goya tras una media hora de cola. «Es lo que se tarda cualquier otro fin de semana», aclaran las bedelas Paz y Alejandra.

Desde Burgos han viajado Antonio y María Teresa. Son «habituales» que han recorrido ya «cuatro o cinco, veces» el museo. Pero creen que su oferta «nunca se agota». «Goya y Velázquez nunca están vistos del todo», dicen aclarando sus intereses, aunque también quieren ver la exposición de Giacometti.

Las esculturas del suizo se despliegan por la primera planta del edificio Villanueva, pero en la sala de 'Las meninas', con media docena de bronces entre bustos, figuras filiformes y estilizados caminantes en el centro, el escultor pierde el pulso ante el pintor sevillano. Casi todo el mundo da la espalda a las esculturas para mirar el universal lienzo velazqueño.

Ante 'El jardín de las delicias' las aglomeraciones son como las de cualquier otro día. Diego, de 15 años y estudiante de cuarto de la ESO, explica con desparpajo a Alberto y Julia, sus «compis», detalles de las escenas pintadas por el Bosco hace 500 años. Antes han pasado un buen rato ante 'Saturno devorando a sus hijos'. Los tres preparan un trabajo de plástica sobre el lienzo de Goya. También han visto la llamada 'Gioconda del Prado', atribuida al taller de Leonardo y que para Diego «es mejor que la del Louvre».