'Manos de bruja', la instalación de Ana DMatos, encuentra su lugar en el Barjola

Ana DMatos posa con la mano que reproduce su propia extremidad izquierda que cuelga de la capilla. /  AURELIO FLÓREZ
Ana DMatos posa con la mano que reproduce su propia extremidad izquierda que cuelga de la capilla. / AURELIO FLÓREZ

M. F. A. GIJÓN.

Es un proyecto ya antiguo, fruto de una hibridación entre el arte y la investigación que se adentra en el análisis de la quema de brujas, que habla de feminicidio, de misoginia, de hechos terribles, de muertes absurdas e incomprensibles en la edad moderna. 'Manos de Bruja. Svmmis Desiderantes Affectibvs', que así se llama la instalación que desde ayer se muestra en el Museo Barjola, se creó expresamente para Pamplona y conceptualmente era aquel un lugar perfecto por la vinculación de la ciudad al Opus Dei. Pero ahora, recién instalada la obra en la capilla de la Trinidad, adquiere una nueva dimensión y encuentra su lugar. «Aunque la pieza original no fue creada para este espacio, está mejor aquí, el contenido de la obra va mejor, aquí es más diáfana», apunta la artista gallega Ana DMatos, la autora de esta propuesta que cuelga una mano de gran formato del espacio y sobre cuyo fondo se realizan proyecciones de llamas. No tienen color esas llamas, son en blanco y negro, una elección de la creadora en aras de buscar la transparencia, de llegar con ese mensaje que denuncia aquellos crueles asesinatos y que lo hace con una música envolvente, que sobrecoge y acompaña de manera certera. Lo que suena es una obra de Luciano Berio que conmueve y epata.

Claro que las 'Manos de bruja' de Ana DMatos son más que esa recreación corporal que va de la muñeca a lo punta de los dedos elegida a modo de exvoto pagano capaz de sanar las heridas causadas a las mujeres en el pasado. Hay otras dos extremidades de gran formato estampadas sobre tela y con bordados que complementan esa propuesta sanadora, esas imágenes con las que plantear preguntas en torno a la manera en la que entendemos el apelativo de bruja, al control de la mujer en las sociedades patriarcales, a cómo aquellos polvos siguen generando hoy lodos, siguen vigentes de alguna manera en las sociedades actuales. «Aquí la obra deja limpio el concepto para pensar en todas aquellas personas que fueron acusadas injustamente», asegura la creadora. Subraya que es una historia cruda al extremo, que nos conecta con el hoy. «En la medida que no seamos conscientes de nuestro pasado estamos abocados a repetirlo, a lo mejor no repetimos la quema, pero sí el maltrato, porque todo este concepto está en nuestro inconsciente colectivo», concluye.