Mariano Matarranz, artista: «Cada cuadro que empiezo es un mundo abierto»
El veterano creador expone hasta febrero su obra de los últimos años cinco años en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Y sigue creando e investigando en su estudio de Gijón
Es libertad. Es paciencia. Es experimentación. Es una suerte de alquimista del arte que investiga y encuentra nuevas formas. Mariano Matarranz, el artista madrileño ... que encontró su lugar en Asturias a finales de los ochenta y halló en la Ñora un camino matérico sobre el que ahondar y recrearse, muestra su obra en el Museo de Bellas Artes de Asturias hasta febrero, en una exposición que reúne trabajos de los últimos cinco años.
Fue hace algo más de un año cuando el entonces director del museo, Alfonso Palacio, se cruzó en su camino y le hizo la propuesta. Una visita a su taller en Gijón puso los mimbres de lo que ahora se puede ver, piezas de las dos últimas series del artista: la primera de ellas, 'Pneuma', se encuentra representada por cinco cuadros en los que advierten los pigmentos y los colores azules, rojos, verdes y óxidos, mientras que la segunda, 'Naturalezas muertas', con 24 pinturas, se recrea en los óxidos con toques de color, en rojos, violetas y verdes. Son visualmente como planchas de hierro pero están en realidad pintadas sobre telas.
«La muestra estaba muy encaminada, yo no trabajo para exposiciones, trabajo para mí, pinto porque me interesa, me gusta, investigo sobre materiales», cuenta el artista. Quiere explicar así que su obra es absolutamente libre. «Se ha hecho sin precipitación ni prisas», narra el creador, que siempre está buscando nuevas maneras de ser y estar. «Están realizadas con unas técnicas muy especiales, pigmentos, resinas, una serie de materiales que no son habituales», revela.
Crea una suerte de oxidaciones que, como se apuntaba, remiten desde el lienzo al acero corten. Esas telas, muchas de ellas de gran formato, sorprenden al público por ese juego. «Es un proceso muy particular, la obra va creciendo, yo voy trabajando sobre ella, pero no hay ninguna intención de crear un efecto determinado, sino que los propios materiales van generando una serie de texturas y de colores, es un proceso que surge de manera involuntaria y totalmente libre».
Hay alquimia en ese trabajo que se desarrolla en tiempos cronológicos enormes. Son también enormes los formatos. Entre los 29 expuestos, uno tiene dos metros y medio por tres y medio, hay otros de 2,10x2,70. «El cuadro más grande lo empecé en 2022 y lo acabé en 2021, hay algunos que los empecé en 2021 y los acabé en 2023, no son cuadros que se hacen en dos semanas, por eso digo que es una exposición muy sosegada, porque eso se transmite».
Coge un cuadro, lo deja, comienza otro, vuelve a dejarlo... Retoma, revisa. Es lento el proceso. Y ahora está esperando que la inspiración fluya. Las series se agotan: «Yo me vacío completamente en una serie, no me pongo límite ni de cuadros ni de tamaños, pinto con una libertad absoluta». Y en este momento: «Intuyo que tengo que subir un nuevo peldaño, complicarme la vida». No hay planes. No hay esbozos. «Yo cada cuadro que empiezo es un mundo completamente abierto, voy un poco palpando hasta que veo ya una situación y empiezo a trabajar sobre ellos, son cuadros completamente abiertos, no hay estudios previos, jamás he hecho un boceto, porque un boceto ya es un cuadro». Su potencia se basa en la frescura, en la espontainedad. El arte, dice Matarranz, y predica con el ejemplo, libre.
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