En memoria de Gijón fabril

Taller de rotulado, sobre 1956./FOTO LENA
Taller de rotulado, sobre 1956. / FOTO LENA

El Museo del Pueblo de Asturias inaugura el martes una muestra con los archivos de la fábrica | Medio centenar de fotografías seleccionadas sobre un fondo de 600 se muestran junto a documentos, botellas y moldes de la vidriera

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Llegó a producir en sus mejores tiempos más de doscientas mil botellas diaras. Las había de sidra natural, achampanada, de agua mineral, de gaseosa, de cerveza, de refrescos; había también envases para salsas y conservas, y había y hubo tras el vidrio la vida de miles de obreros. Gijón Fabril comenzó a funcionar en 1915 y fue en 2016 cuando entró en concurso de acreedores y puso fin a una actividad que ya es parte importante de la historia de la industria del vidrio en la región. A ella dedica el Museo del Pueblo de Asturias la exposición 'Gijón Fabril. 1915-2016. Industria, patrimonio y museo', que se inaugura el martes.

Más que hacer historia de Gijón Fabril, la muestra pretende exhibir ordenadamente una selección de los materiales que ingresaron por donación en 2016 en el museo, en especial la colección de fotografías. Y en este punto es importante destacar el papel de guardianes que ejercen los museos y que se pone de manifiesto en el rescate y conservación de todos los documentos de la empresa gracias a la acción de la institución cultural gijonesa. Porque, en 2016, cuando cesa la producción, el museo entra en contacto con el administrador concursal y solicita la donación de documentos de la empresa, el citado archivo gráfico y algunas de sus producciones. Y el juzgado lo autorizó en octubre de 2016. Acto seguido, comenzó el trabajo de estudio y catalogación de los materiales y llega ahora la exposición.

Estibas y empaque de botellas, hacia 1915, anónima.
Estibas y empaque de botellas, hacia 1915, anónima. / MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

«Lo primero que hice fue revisar todos los documentos, libros de actas, los estatutos, libros de venta, y a continuación pude hablar con Diego Barrientos, un señor de 94 años que trabajó en la fábrica más de cuarenta años y cuya colaboración fue fundamental», relata Manuel Avello Rodríguez, licenciado en Geografía por la Universidad de Oviedo que durante sus prácticas en el museo se encargó de la tarea de documentación, de recomponer el periplo de la compañía, de mirar con calma el fondo formado por más de 600 imágenes e ir, con la ayuda de Diego, poniéndoles pies, explicando sus porqués. Así, desde noviembre y hasta hoy, se fue trazando la historia que se hace exposición.

La muestra, formada por medio centenar de imágenes, exhibe también en sus vitrinas el libro de actas de la fundación, el reglamento interno, los estatutos, ficheros de trabajadores, botellas allí fabricadas, moldes... Y paneles explicativos que van transitando del siglo XX al XXI.

Estado de los almacenes tras la explosión de 1937.
Estado de los almacenes tras la explosión de 1937. / FOTO LENA

En 1900 se constituyó la Sociedad Gjión Industrial, dedicada a la fabricación de botellas y vidrio de plano hueco. Quince años después, el 13 de febrero de 1915, su cierre da paso a Gijón Fabril. Hereda sus bienes e instalaciones en La Calzada y comienza su primera etapa, que habría de concluir con la guerra civil. Contaba entonces con instalaciones autosuficientes: central térmica, molinos para preparar los materiales para fabricar vidrio, taller y horno para hacer los ladrillos refractarios necesarios para los dos hornos de botellas, taller mecánico para fabricación y fundición de moldes... La plantilla la componían 500 trabajadores. Pero llegó la guerra y el vidrio dio paso a la producción de proyectiles y espoletas. Y en 1937 una explosión destruyó parte de los almacenes y el edificio de oficinas.

En la postguerra, en 1940, comenzó una nueva etapa que no fue fácil de lidiar. La escasez de carbón y la falta de mano de obra provocaron problemas de producción, aunque ya en los cincuenta se inició un proceso de modernización que hizo que la factoría llegará a producir 34 millones de botellas al año. Fue entonces cuando el viejo horno de ladrillos refractarios echó el cierre y se abrió un taller de rotulado de botellas.

Almacenes de botellas, 1960.
Almacenes de botellas, 1960.

Pero la modernización con mayúsculas se produjo en el periodo de 1958 a 1965. Mejoran las instalaciones y las condiciones de los trabajadores, los hornos comienzan a emplear fueloil y se derriba la viaje térmica y su chimenea de ladrillo. Fueron buenos tiempos: becas escolares para los hijos de los obreros, economato, club deportivo. Incluso se construye un nuevo barrio para los trabajadores con cien viviendas. Eran entonces 507 empleados.

Entre 1966 y 1993 se desarrolla una etapa de cambios. Se construye otro horno y nuevos espacios para almacenaje y en 1968, la empresa es absorbida por la Compañía General de Vidrieras Españolas. En 1981 pasa a denominarse Vicasa. Y no solo fue un cambio de nombre: abandona la fabricación de vidrio y comienza a dedicarse en exclusiva a producir moldes de hierro para hacer botellas. La fábrica se hace pequeña, se demuele parte de la misma y se reduce la plantilla.

Vista exterior de la fábrica restaurada antes de la modernización industrial, hacia 1950.
Vista exterior de la fábrica restaurada antes de la modernización industrial, hacia 1950.

La última etapa se produce ya fuera del barrio de La Calzada. En 1994 se traslada al polígono industrial de Porceyo y prosigue allí con la fabricación de moldes para otras factorías de vidrio de Vicasa de todo el país. Son entonces un centenar de trabajadores los que viven el cambio de propietarios y la reducción del negocio. Solo quedaban ya 47 personas en plantilla cuando en enero de 2016 entró en concurso de acreedores. De nada sirvió la lucha de los trabajadores: la historia de Gijón Fabril llegaba entonces a su fin.

 

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